la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 2 de mayo de 2017

Guapos novillos de Dolores Aguirre y novilleros con más antigüedad que Pepe Hillo / por José Ramón Márquez


Lo de todos los días
El cartucho del pescao que la Cifu,
hija de un general de Artillería, hace con la Bandera para brindar a Pepe Luis,
que está en el Cielo



Desde la última vez que vimos en Las Ventas una de Dolores Aguirre (qDg) han pasado siete años menos ocho días. Aquel día, uno de los días grandes de Rafaelillo frente al terrorífico primero de su lote, la inescrutable ciencia veterinaria venteña sólo aprobó cinco de la media docena. Hoy aprobaron todos. Hay que decir que hoy, siete años después, lo que echaron en Madrid fue una novillada, segunda del Ciclo Mochu, de la miniferia de la Comunidad. Y hay que decir también que apetecía, como aperitivo de la corrida de toros que despacharán a primeros de junio Rafaelillo, Alberto Lamelas y Gómez del Pilar, ver lo de Dolores Aguirre en novillo, que no es cosa que se haya prodigado en Madrid ni poco ni mucho, y que me corrijan los memoriosos porque yo no tengo recuerdo de haber visto novillada alguna de la ene dentro del cero en Madrid antes de hoy.

En la Sierra de Sevilla embarcaron con destino a Las Ventas seis galanes en los que prevalecía su condición de… novillos. Es que, lo repetiremos, lo que hoy se anunció en Madrid era una novillada. Y lo que salió por chiqueros fue exactamente una novillada, guapa y pareja en tipos y en pesos, con un promedio de 482 kilos. Cinco negros y un melocotón en lo que es la parte externa y con alma y corazón y su necesario punto de mansedumbre en lo que es la parte interna, al menos cuatro de los seis. Es que era una gloria ver salir de chiqueros a los novillos con el rabo -cola en Sevilla- enhiesto, como la catenaria de los autos de choque de las ferias y acometer de esa guisa a los capotes y a las guateadas fundas de kevlar que salvaguardan los bandullos de los jamelgos. Es que ya sólo ver eso te da ánimos y te predispone de parte de los animales. Bien es verdad que Faustino protestó furibundamente al tercero, pero ya hemos dado varias veces la pista, para quien la quiera para sí, que la protesta de Faustino sirve para descubrir toros interesantes, y es que no falla: al que protesta de salida suele salir óptimo. Ese inmutable principio hoy se volvió a comprobar empíricamente pues el que resultó el mejor novillo del encierro, Tosquetito, número 14, fue el que más encendida crítica obtuvo desde que su pezuña holló la arenisca del ruedo de Las Ventas. Y lo mismo pasó con el melocotón, Clavetuerto I, aunque con menor intensidad. Se ve que el asunto estaba en ver si conseguían sacar al Couto de Fornilhos que lleva dos días haciendo guardia en el corredor de la muerte.

En realidad la corrida, en cuanto al ganado, tuvo dos partes muy bien diferenciadas: los cuatro primeros y los dos del final. Los primeros se movieron, dieron espectáculo ofrecieron sus vivas embestidas y sus incertidumbres y, a su manera, justificaron el celo de sus criadores. Los dos últimos adolecieron de blandenguería y de esa sosería tan de nuestros días, tan aburrida. Al primero, Clavetuerto II, número 33, le dieron en varas lo que habían guardado durante los siete años de ausencia. A los otros les pegaron menos, la verdad. Decían que el quinto se lastimó la mano en el segundo encuentro con el penco, pero la verdad es que si fue así yo no lo vi. Lo que se vio fue a Clavetuerto II perseguir con ahínco hasta los burladeros a Julián Maestro, aquél novillero de cuando Yiyo y Sandín, en el segundo tercio.

La terna que se hizo cargo de la lidia y muerte a estoque de la novillada estaba compuesta por Miguel Maestro, Javier Marín y Fernando Flores, de Salvatierra de los Barros, nuevo en esta Plaza.
Muchas veces hemos clamado aquí por que no traigan a Las Ventas a novilleros bisoños de escaso bagaje previo y menos oficio, pero tampoco hay que pasarse, que Miguel Maestro lleva de novillero con caballos desde el primer año de este siglo XXI, cerca de dieciséis años de novillero, y no es que le vayamos a comparar con el impar Conrado, pero algo querrá decir el hecho de que lleve el hombre, que tiene 33 años, dieciséis años sin tomar la alternativa. Bueno, pelillos a la mar, que la edad no puede ni debe ser la que acredite la frialdad de un documento administrativo. 
Ahí tenemos a Miguel Maestro con el primero de la tarde, Clavetuerto II, toro complicado de incierta embestida que la muleta de Maestro no fue capaz de ahormar o dirigir con firmeza y mando. En su segundo, Clavetuerto I, número 43, un novillo menos agresivo que el primero, hizo lo más bonito de la tarde al recibirlo con el cartucho del pescao, sin que tan hermoso saludo encontrase después continuidad en los muletazos que le sucedieron.

Javier Martín sorteó a Guindoso II, número 22, y a Guindoso I, número 60. El II le regaló sus sinceras embestidas ante las que Martín no demostró nada de interés, salvo su falta de interés por torear con la zurda. Se le fue el novillo sin que el novillero se enterase de sus bondades o fuera capaz de organizar un sistema de aprovecharlas. Luego en el I las cañas se tornaron lanzas, porque la dificultad motriz del novillo hizo que lo que intentó resultase deslucido y desde el graderío se le animó a que diese fin de él cuanto antes.

Y el nuevo, otro nuevo torero extremeño, tuvo frente a él el toro que en Madrid pone en circulación a un tío. El tal Tosquetito habría hecho que todo el mundo hablase de Fernando Flores a cambio de que él hubiese presentado una mínima claridad de ideas y unos modos ajustados a las condiciones del animal. El novillo tenía una embestida vibrante desde la media distancia siempre que se le citase en rectitud, cruzándose, aunque en seguida se notó que no es ese el sitio donde Flores estaba más a gusto. Y luego, ganar la posición, quedarse, rematar el muletazo con sentido en la serie con el fin de ir ligando… lo de siempre. Por un momento se quedó cruzado y ligó dos muletazos, pero eso fue sólo un espejismo porque no era ése el tema que él había venido a recitar. Así se fue yendo la faena, para la que la bondad de las gentes habría demandado seguramente su orejilla, pero como la espada se cruzó en su camino al triunfo, no hubo ocasión. En su segundo se ve que el hombre había rumiado en el callejón el despilfarro que había cometido y salió a ver de remendar el roto, pero siendo el torero el mismo el toro era de distinta condición, parado y deslucido, por lo que no hubo otra que arrearle un metisaca que tuvo el efecto de un infarto fulminante.

Nazca

Paseo

Polite coversation

Reloj de sol

Las guirnaldas de la Cifu


Capotillo

La espuerta


Signos

Tiene el tamaño de la muleta de Julián, el Pasmo de San Blas,
pero es la alfombra roja de la Cifu