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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 1 de julio de 2016

El Vito y amén / por Ricardo Díaz-Manresa


El Vito, en la Puerta del Príncipe de Sevilla

"...Lo recordaremos siempre por hacer el toreo grande, hermoso y sevillano. Con Luis González, y a las órdenes de Litri y Jaime Ostos, brilló con luz propia. Y con una enorme torería y enorme gracia. Un ejemplo..."

El Vito y amén

No he visto otro ir al toro con las banderillas con más gracia ni salir andando con más salero. Inolvidable. Y con Luis González –máximo nivel- haciendo la pareja más torera de subalternos de mi vida. Después he visto muchos y muy buenos, pero esa gracia, esa torería de la pareja, esos andares de Julio fueron insuperables. Y hasta ahora. Ninguno lo alcanzó.

No sé por qué Julio Pérez “Vito”, que de novillero y matador de alternativa alternó con los mejores y rozó el gran nivel, tuvo que agarrarse a los palos. Ni lo vi ni me lo han contado. Sería por falta de suerte, que entonces aquello era muy duro. O de valor, que no sé porque lo derrochó con los de plata.

Lo único claro es que cada vez toreaba menos y tuvo que dejar espada y muleta y, para brillar del todo, manejar capote y, sobre todo banderillas, como nadie.

Lo disfrutaron muchísimo Miguel Báez “Litri”, el del litrazo, el monstruo que entraba y salía del toreo como el que coge el metro –suburbano para los finos- y Jaime Ostos, león de leones.
Ponía a tal temperatura el segundo tercio, que luego el matador –con el público encantado y entusiasmado- lo tenía fácil para que todo fuera sobre ruedas. Sin celos. Sin decir esa barbaridad de rapidito y trasero, y de no dejarte ver, ni de nada de lucimiento, cuando tantos siguen esa nefasta idea, que se ha convertido en doctrina.

Miguel y Jaime le daban toda la libertad y la alentaban encantados porque era positivo para el espectáculo y bueno para los espectadores. Se podía pagar la entrada por ver a Julio y a Luis. Nada de envidiar entre los de luces.

Lo contrario. Julio Pérez “Vito” y Luis González–compañeros inigualables y pareja eterna (no se puede hablar del uno sin recordar al otro)- se lucían al máximo y a conciencia y ponían las plazas a revientacalderas. Muchos años, muchas temporadas, muchos éxitos, muchos pares.

Julio Pérez “Vito” era fundamentalmente elegante, como lo fue vestido de calle toda su vida y todos alababan admirados su forma de vestir. Dentro y fuera de la plaza. De joven y de mayor. Un ejemplo.

Y fiel como persona a sus amigos y a su jefe el onubense Miguel, el padre de Miky, el que con el litrazo –nunca imitado por nadie- estuvo siempre en primera línea. Torero popular donde los haya.

Y siempre en la vida la amistad inquebrantable de Julio, el gran subalterno, con Miguel, el figura del toreo, en Huelva, en Valencia, sus dos tierras, y en todos los confines del mundo taurino.

Recordaremos a Julio Pérez “Vito” aunque haya alguno que lo supere y que todavía no ha llegado. No es sólo las banderillas ni las formas de ponerla, que a algunos les gustarán más otras ejecutorias. Era el conjunto, andando el torero con una sonrisa, despacito poniendo el par, arriba, haciendo la suerte como los buenos, más despacito yéndose, saludando con categoría, montera en mano un día sí y otro también. Conjunto torero de Julio Pérez “Vito”, al que podrían poner en las escuelas como gran modelo. Todo con mucha gracia, con enorme torería y con supremo oficio.

Y llevando a Sevilla en el cuerpo y notándosele.

Un sevillano con la esencia de su tierra a flor de pie.

Julio Pérez “Vito” y amén. Así sea y por los siglos de los siglos.

Gracias por todo lo que nos hiciste disfrutar.