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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 6 de agosto de 2016

Colombinas en Huelva. Una apoteosis preconcebida / por A. R. del Moral.



La ensalada de orejas en el capítulo central de las Colombinas no retrató el argumento de un festejo de tono medio y entusiasmos desbordados



Colombinas en Huelva. 
Una apoteosis preconcebida

Huelva, 06/08/2016
PUBLICADO EN EL CORREO DE ANDALUCÍA
La expectación había vuelto a desbordarse en este tercer pase de la particular y brevísima campaña de José Tomás, reaparecido en carne mortal en una de las plazas que más y mejor le han visto en su última y singular etapa en los ruedos. Se trataba de dar la alternativa al nuevo valor local, un novillero de Trigueros que ha ganado cierto predicamento por valiente y personal.


El toro del doctorado, un bonito ejemplar de Victoriano del Río, se quedó sin picar después de un aparatoso derribo. Miranda calentó la olla después de un ceñido y largo quite por saltilleras y la ceremonia de alternativa se resolvió con sobriedad, un apretón de manos y a montera calada. Hubo brindis a su señora madre y hasta un fandango interminable que arropó el vibrante inicio de faena, resuelto en pases de péndulo y abrochado con una arrucina. El toro echó el freno en el toreo fundamental a pesar de la sincera entrega del nuevo matador, que se jugó el tipo metido entre los pitones y alentado por el calor de los suyos. Al entrar a matar se llevó un tremendo golpe en la nuez que quedó en un susto. Ya llevaba dos orejas en la talega a la salida del sexto, al que formó un lío quitando por tafalleras. El toro fue más fu que fa en la muleta y su labor, animosa y templada, esperando mucho a su enemigo, tuvo más mérito que brillo.


Había llegado el turno del padrino, que sorteó un precioso salpicado al que paró por ajustados delantales. El tono mejoró por chicuelinas y el toro anunció cosas buenísimas en la brega. Con unos estatuarios se puso la cosa a hervir pero el pitón del bicho era el izquierdo: a una primera serie, resuelta en trincherilla, le siguió otra cerrada con un molinete. Pero el toro estaba loco por rajarse y la historia no terminó de encontrar el argumento definitivo a pesar de las ansias del público por vivir algo histórico e irrepetible que no se escapó de la normalidad. Las orejas fueron de regalo.

Recuperado el orden de lidia en el cuarto, Tomás dejó algún apunte con el capote pero arrancó los oles más roncos con la muleta en la izquierda en series de intensidad creciente en las que arrastró el engaño por el suelo con trazo hondo, muy para dentro. Fue, con mucho, lo mejor del madrileño, que no alcanzó el mismo nivel con la otra mano aunque supo consentir a su enemigo, que tampoco resultó fácil. Tomás remató su faena de una excelente y fulminante estocada que validó el doble trofeo. Le pidieron el rabo.


El testigo del evento era López Simón, que se encontró con un tercero violento y bravucón que se rajó a las primeras de cambio. La cosa no trascendió y aunque estuvo a punto de levantarle los pies tuvo que esperar al quinto, un toro de espantosas hechuras y fondo rajado con el que acertó a desmayarse en la fase más feliz de un trasteo con muchas cimas y alguna sima que quedó incompleto por la mansedumbre del animal.