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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 11 de octubre de 2016

El sitio de Zaragoza / por Paco Mora



"...Tarde accidentada, con una corrida que no se ha caracterizado por su peligrosidad sino por su bravura, con toros de los que salirse del guión que ellos imponen suele tener el precio del hule. Domingo Ortega lo conseguía casi siempre y también le dieron lo suyo..."

El sitio de Zaragoza

Pese a lo accidentado de la corrida de Fuente Ymbro, los toros de Ricardo Gallardo no acusaron la peligrosidad que parece reflejar el intenso trabajo del doctor Val-Carreres y su equipo, en la enfermería de la Plaza de Toros Pignatelli de Zaragoza. Tres toros de orejas, de los cuales el hidrocálido Joselito Adame se ha llevado una de su primero en el esportón y que con más suerte con la tizona hubiera cosechado al menos otra de su segundo. El joven Jiménez tenía en el bolsillo del chaleco otra, que perdió al tirarse a matar a toma y daca, lo que le acarreó una voltereta y la cornada.

Tres toros de éxito, de seis lidiados por el ganadero de Los Romerales en la capital aragonesa, no se puede decir que sea un mal resultado para una divisa. Pero las tardes vienen como vienen y a Iván Fandiño le tocó bailar con la más fea -los dos toros suyos y el que mató por la cogida de Jiménez- en su reaparición, y a una cornada, que todavía está fresca, le ha tenido que sumar un extenso “navajazo” en la ingle. Un descuido le ocasionó al banderillero Limón acompañar a su matador en la enfermería, y todo junto seguramente habrá obligado al gran Val-Carreres a anular sus compromisos de esta noche de feria en su Zaragoza del alma. Tarde accidentada, con una corrida que no se ha caracterizado por su peligrosidad sino por su bravura, con toros de los que salirse del guión que ellos imponen suele tener el precio del hule. Domingo Ortega lo conseguía casi siempre y también le dieron lo suyo. En fin; un encierro con el interés que despiertan en los públicos los toros bravos y encastados.

Nota bene.- 
Lo diré una vez más; todos los toros, pero más los bravos y encastados, tienen sus tiempos, sus distancias, sus alturas… y, por tanto, su lidia; y salirse de lo que ellos mismos exigen, siendo poseedores de dos pitones buidos como estiletes, es una temeridad.