la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 18 de abril de 2018

8ª de feria en Sevilla. Veinte minutos en la Corte Celestial con Manzanares / por J.A. del Moral.



Hace muchos años, en la plaza francesa de Dax, José María Manzanares padre cuajó una faena grandiosa y, tras serle entregadas las dos orejas del toro, paseó el anillo del ruedo llevando de la mano a su hijo Josemari. Y escribí una crónica titulada “Cinco minutos en la Corte Celestial” Ayer fueron veinte, lo que duró la lidia del segundo toros de Nuñez del Cuvillo llamado “Encendido”. Manzanares hijo también dio ayer solo la triunfal vuelta al ruedo aunque estoy seguro que su padre observó la escena desde el Cielo embargado por una emoción incontenible. La misma que yo sentí, inmensamente feliz y enormemente satisfecho por lo que acabábamos de ver y de gozar. El gran toreo, el toreo total, el toreo eterno, el toreo neoclásico, naturalmente empacado, simple y a la vez inaccesible para cuantos no tienen el don. Ese don de dones que les sobró a Antonio Ordóñez, fundador de este estilo, José María Manzanares padre, Enrique Ponce y este Manzanares que ayer volvió a enloquecer la plaza de la Maestranza… La feria se ha ido arriba como hacía mucho tiempo que no pasaba. Y Josemari Manzanares también, contradiciendo una vez más a cuantos le envidian y han pasado años tratando de desacreditarle y hundirle. Yo nunca había visto a un torero más envidiado por todos los tontos que abundan en la crítica. Actualmente, más que nunca.


 Veinte minutos en la Corte Celestial con Manzanares

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Martes, 17 de abril de 2018. Octava de feria. Tarde por fin de radiante primavera con lleno de «No hay billetes».
Seis toros de Núñez del Cuvillo, de muy buen juego los lidiados en segundo y tercer lugares. Más que manejables los demás aunque a los demás les faltaron la fuerza. 
Sebastián Castella (azul marino y oro): Dos pinchazos y estocada desprendida aviso y silencio. Dos pinchazos y estocada, aviso y saludos.
José María Manzanares (grana y oro): Gran estocada en la suerte de recibir, dos orejas). Media estocada y descabello, ovación con saludos.
Alejandro Talavante (carmelita y oro): Estocada, oreja. Dos pinchazos, media estocada y siete descabellos, aviso y pitos.
En banderillas destacaron José Chacón, Rafael Rosa, Luis Blázquez, Juan José Trujillo y Rafel Vioti.


Pasemos por delante un tupido velo sobre Sebastián Castella que continúa aburriendo hasta las vacas. Da pena verle torear como una máquina de coser. No me explico por qué tenemos que seguir padeciéndole cuan castigo o peaje. Una pena…
Y sobre todo ayer haciendo de obligado prologuista de otra tarde para el recuerdo gracias a la clamorosa y maravillosa actuación de José María Manzanares frente al segundo toro de Núñez del Cuvillo que echó una corrida en su mayor parte para cantarla en latín.

Esta es otra de las ganaderías mejores de la actualidad y, además, ya durante mucho tiempo. Hay aficionados que prefieren los toros malos, los toros con genio, los toros que no se dejan torear… Allá ellos. Si la tauromaquia y el toreo se han perfeccionado hasta grados que no hace tantos años no podíamos ni imaginar, es gracias a los ganaderos – alquimistas de superlujo – que han logrado el prodigio genético de crear y de criar a estos animales pluscuamperfectos que solamente lucen en toda su dimensión cada vez que quienes los torean, además de saber torear, tienen el “don”. Esa bendita condición que tuvieron y tienen muy pocos toreros. Uno de ellos es José María Manzanares, digno heredero de su señor padre que en Gloria esté.

Se nos hinchó el corazón una vez más con Jose Mari Manzanares y van… Un torero de excepción artísticamente hablando que, además de tener valor aunque escondido por su gran arte, es el mejor matador de toros de cuantos hallamos visto. La frecuencia de sus estocadas, tanto en la suerte del volapié como en la de recibir, es la más grande de la historia. Bueno pues, a este prodigioso torero le odian muchísimos por pura envidia. No pueden soportar que haya quien, además de guapo, es un gran artista, rico podrido, felizmente casado y con tres preciosos hijos. Oigan, es que les produce hasta urticaria que este Manzanares siga y siga encumbrado a pesar de la gran cantidad de percances, inoportunas enfermedades, lesiones molestísimas y no pocos accidentes… todos superados con infinita paciencia, también propia de los elegidos por Dios.


Las verónicas del recibo y la gran faena de ayer al toro llamado “Encendido” fue una más y van… de las más grandes actuaciones que Manzanares ha cuajado en su vida y, más concretamente, en esta plaza de la Real Maestranza de Sevilla que es suya desde que empezó a torear. Es suya porque su sabio público quiere que lo sea, porque su marco es realmente incomparable, porque los pasodobles de su banda de música se acoplan al toreo de Manzanares cual marchas procesionales en los pasos se palio de las Vírgenes de Sevilla. El toreo de este Manzanares es embriagador, pura delicia, une la emoción del riesgo que siempre el toreo tiene como principal acompañante a la emoción del arte que en las manos de Manzanares es arte mayor. Como las sinfonías de los más grandes compositores, como las pinturas de los grandes maestros del óleo y del pincel, como el sentir de los más importantes cantantes, como las letras de los escritores más geniales…

Uno se rompe con este Manzanares de sus grandes tardes como la de ayer. Y no me importa reconocerlo. Sino que, al contrario, me encanta manifestarlo abiertamente. Me encanta cantar mis gozos y siento que nuestros enemigos rabien cada vez que así sucede porque también disfruto con sus disgustos. Que son frecuentes para su mayor sufrir.

Además, en este portal de mis entretelas escribo lo que me da la gana y tal circunstancia me hace feliz. Sobre todo cada vez que escribo sobre el toreo que siempre admiré desde mi niñez que empezó con Antonio Ordóñez hasta llegar a este Manzanares quien junto al maestro de maestros Enrique Ponce son el principal motivo que mantiene viva mi indeclinante afición que, se perpetúa gracias a ellos.

Bajando ya a la tierra, a las situaciones toreras normales, ayer también pudimos gozar con otra de las muchas resurrecciones de Alejandro Talavante frente al tercer toro de la tarde, otro de los que dieron admirable juego. Alejandro siempre fue así, cual Guadiana que desaparece y aparece repentinamente. Ayer, sin ir más lejos, sucedieron ambas cosas en una misma tarde. Del Cielo de su labor con el tercer toro a Infierno con el sexto.


Y que no me vengan los toristas irredentos con su eterna canción que contraría el ser del toro actual como si no tuviera peligro. Ayer, ese estupendo tercer toro llamado “Asturiano” por muy poco no metió en la cama a Talavante cuando quiso amarrar el triunfo con la espada y le entró a matar cual kamikace. Está Alejandro vivo de milagro y a Dios Gracias.