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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 17 de abril de 2018

Simón "El Despechado" / por Juan Miguel Núñez Batlles



Es cuando Simón Casas ataca y contraataca, y lo hace como el marido despechado y maltratador. "Esta plaza de la que me enamoré, y tanto nos hemos dado mutuamente, si no es para mí, ¡para nadie!".

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Simón "El Despechado"

El descontrol en el toreo es más que evidente. Y todo por el egoísmo de algunos de los que lo manejan. Atentos si no a la frase: "Si los toros desaparecen, será por los taurinos". Una copla que ya sabemos de sobra por repetitiva.

Lo sorprendente es que la frasecita en cuestión -"si los toros desaparecen, será por los taurinos"- tiene la autoría del nombre quizás (y lamentablemente sin el quizás) con el mayor peso en el negocio y panorama taurino actual. No haría falta decir que me estoy refiriendo al francés Simón Casas, protagonista muchas veces por su acentuado sentido de la inoportunidad.

¡Esa irrefrenable incontinencia verbal que le domina, ay, si alguna vez consiguiera valorar y poner en práctica la importancia del silencio!

La frase, como digo, es del empresario que está actualmente al frente de Las Ventas, y que a su vez tiene influencia directa o indirecta en plazas como Valencia, Nimes, Alicante, Málaga y algunas más cuyos nombres ahora se me escapan en la memoria.

Casas -no acierto a saber con qué intención lo ha dicho, pero están escritas sus palabras en una entrevista al diario económico "Cinco Días"- ve pasar los acontecimientos en un contexto muy directo y personal, y no sé si con aparente pasividad. Digo esto en base a una de sus últimas y desafortunadas actuaciones.

Veamos: lamentable noticia de la semana pasada. "Zaragoza se queda sin toros en su feria de San Jorge", tradicional ciclo de finales de abril.

Allí, en Zaragoza, fue empresario el francés hasta final de 2017. Y lo cierto es que lo hizo bien, muy bien, aunque sin el reconocimiento de la propietaria del coso, la Diputación, que en una decisión ingrata e injusta no le renovó el contrato, algo que no se explica después de su esfuerzo y brillantes resultados. Y cuando la Diputación -los políticos, para entendernos (que ya se sabe cómo son y se las gasta más de uno)- convoca un nuevo concurso, viene la artillería de Casas a invalidar el proceso de una nueva adjudicación a la que él ya no quiso optar.

Hay que reconocer a todo esto que, en ciertos aspectos, la redacción y exigencias del nuevo pliego pecan de insensatez y falta de equilibrio. Pero la Diputación advierte que esto es lo que hay.

Es cuando Simón Casas ataca y contraataca, y lo hace como el marido despechado y maltratador. "Esta plaza de la que me enamoré, y tanto nos hemos dado mutuamente, si no es para mí, ¡para nadie!".

Lo sorprendente es que Casas diseña y lleva a cabo su guerra aprovechando su puesto de presidente de ANOET (la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos), entidad de la que es el máximo mandatario, porque tradicionalmente el cargo de presidente de la misma corresponde al empresario de Las Ventas.

Y con su pegas y advertencias en el juzgado consigue frenar e invalidar convocatorias, hasta agotar tiempos que hacen imposible diseñar y llegar a cabo la Feria de San Jorge.

Así, Zaragoza se queda sin toros este abril; y no sabemos si tan triste circunstancia influirá negativamente en el futuro.

Las peñas zaragozanas, que son ejemplo de afición, se han rebelado. Y hay comunicados, algunos muy fuertes, que critican y descalifican a Casas como taurino por actuar con el respaldo de su junta directiva y sin contar con la Asamblea en la que estarían los mismos empresarios perjudicados por estas decisiones.

La solución, a instancias del ruego que han hecho las peñas taurinas a la Diputación, se adivina un tanto salomónica: el ciclo suspendido de abril pasará a las vísperas de la feria del Pilar. Pero ya veremos con qué ambiente, puesto que aquí cabe preguntarse si para entonces, a final de temporada, no van a ser demasiados toros.

Lo dicho -como Simón Casas advierte-, si "esto" desaparece, será por los taurinos. Ver para creer.