la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 12 de abril de 2018

El derrumbe de las naciones: España como Utopía frente al globalismo europeo


Los temibles Tercios españoles.

El derrumbe de las naciones: 
España como Utopía frente al globalismo europeo

AD.-Como tantos españoles, he sentido sorpresa, indignación y pasmo ante el impresionante fenómeno de ver cómo un hatajo de golpistas se pasean impunemente por Europa, hecho que formará parte para siempre de nuestra ya abultada leyenda negra. Y la pregunta surge inevitablemente: ¿Por qué nos ha tocado a nosotros sufrir la lepra corrosiva de los separatismos? ¿Por qué somos ―una vez más― el «patito feo» de Europa? ¿Se debe todo a una cuestión de tiquismiquis judiciales, de garantismos democráticos, o bajo esta lamentable impunidad se esconden objetivos inconfesables, siniestras conspiraciones contra nuestra Patria?


La respuesta a este interrogante se puede resumir con una frase: estamos ante «fuego amigo», según demuestra una exhaustiva investigación de Andrei Kononov, que seguimos en sus líneas fundamentales.

En el transcurso de un viaje a Israel en noviembre de 2013, Artur Mas, que en ese momento ostentaba la presidencia de la Generalitat, afirmó la ineluctable necesidad de llegar a una Europa Federal «que supere los Estados-Nación», subrayando que «hay que ser generosos con esto de ceder soberanía a Europa». Como informaba el ABC de Cataluña, «Así se lo transmitió al presidente del Estado israelí, Simón Peres, con quien se reunió hoy en su residencia oficial en Jerusalén, y puso al tanto de su iniciativa soberanista: “He tenido ocasión de explicarle que en este momento en Cataluña estamos intentando y defendiendo, por una parte, un proyecto por el que necesitamos que Europa sea más fuerte y por tanto que haya una Europa federal que supere los Estados tradicionales”, manifestó Mas».


La idea de ceder soberanía para la construcción de un federalismo europeo también figura sospechosamente en el programa del PNV. Según se recoge en el diario «La Vanguardia» del 24 de marzo de 2017, aniversario del Tratado de Roma, «La ejecutiva del PNV ha abogado, en una declaración realizada con motivo del 60 aniversario del Tratado de Roma, por una mayor integración europea que culmine en una Europa federal que supere la fórmula “ya caduca” de los Estados-Nación», insistiendo en que ya «no sirve para crear la soberanía compartida que necesitamos en el XXI».

Para el PNV, «la superación de las fronteras físicas y mentales que aún subsisten y también de los esquemas estatalistas es la clave para el renacimiento del proyecto europeo. Las naciones, como Euskadi, que ven en Europa su ámbito de reconocimiento y libertad deben ser avanzadilla en la construcción de una nueva forma de entender la identidad y la soberanía de quiénes somos y una vez más sentimos naciones».

István P. Székely
Sorprendente y pasmoso nacionalismo el de vascos y catalanes, que, más que querer construir una nación plenamente independiente, lo que pretenden es diluir sus pretendidas nacionalidades en el magma de una Europa Federal, cediendo su soberanía a este efecto, pues la tecnodictadura globalista de la UE devoraría implacablemente esa independencia a la que aspiran, sumergiéndola en el imperio burocratizado de unos organismos que le impondrían severísimos recortes a sus autonomías como «naciones».

Tremenda paradoja la de estos supuestos independentistas, que maridan en su seno la beligerancia contra Madrid y la sumisión servilista a los dictados de la todopoderosa Bruselas. Ciñéndonos a la cuestión catalana, lo que busca realmente es el sometimiento directo al monstruoso Orden Mundial que encarna la UE, sin que Madrid medie en esta sumisión. Para decirlo con otras palabras, se trata de una secesión a favor de la Comisión Europea, por eso el procés ha enfatizado desde un principio que su principal objetivo es, por encima incluso de la recesión de España, es su integración en Europa.

 El globalista Borrell 
Al hilo de esta reflexión, no resisto la tentación de recordar, durante la multitudinaria manifestación de los catalanes españolistas el día 8 octubre 2017, a los globalistas Borrell y Mario Vargas Llosa empuñando vociferantes y sinvergonzonamente la bandera de la Unión Europea, mientras lo que el gentío proclamaba a voz en grito era: «¡Puigdemont a prisión!».

Este planteamiento aparentemente absurdo se puede explicar perfectamente si prestamos la debida atención al doble juego que ha desarrollado la Unión Europea en el tema de las nacionalidades. Así, mientras su postura «oficial» es la de demonizar los nacionalismos regionalistas y los movimientos cantonales que pretenden dinamitar las constituciones nacionales ―porque atomizarían Europa y la harían ingobernable―, por otro lado la realidad nos indica que hace ya muchos años que promueve de manera subterránea muchos organismos que potencian y justifican las reivindicaciones separatistas, a través de los cuales se pretende la creación de una Federación Europea, compuesta por una multitud de regiones sometidas servilmente a la autoridad despótica de unos «Estados Unidos de Europa» ―obsesión, por cierto, de Riverita, que ha llegado a afirmar que espera que sus nietos puedan vivir en esa Europa Federal―. Para ello, la estrategia lógica consiste en debilitar al máximo los Estados.

El gran titiritero mundialista: George Soros.
Por poner un ejemplo, aunque los adocenados medios de comunicación pretenden hacernos comulgar con la rueda de molino de que Rusia está alentando la sedición catalana, un hecho sumamente revelador es que la Guardia Civil ha intervenido entre los correos del procés pruebas que demuestran que el húngaro István P. Székely ―director de la Dirección General de Asuntos Económicos de la Comisión Europea― ejerció labores de asesoría con los independentistas sobre la consecución de sus objetivos, aconsejándoles que cambiaran de estrategia para que los países de la Unión Europea reconocieran su independencia, en el sentido de que dejaran a un lado la matraquilla del «España nos roba», y se centraran más en el acoso judicial del Estado español a sus reivindicaciones.

El horizonte final de esta conjura vendría a ser algo así como un conjunto de «ciudades-Estado» semejante al de las «polis» que existía en la Grecia clásica, pero autoritariamente tecnocrático, con aureola orwelliana, que está siendo desarrollado y alentado ―como no podía ser de otro modo― por la plutocracia globalista encarnada en entidades financieras y multinacionales.

Este proyecto de eliminar los «Estados-Nación» ―como si la UE fuera una fuerza hercúlea cercenando las naciones semejantes a cabezas de una Hydra―, tiene su principal inspirador, su «gurú» ―siempre hay un iluminado para cada proyecto― en la figura del austríaco Leopold Kohr (1909-1994), quien mantenía el principio de que el método más eficaz para evitar las guerras era la estructuración de los continentes dentro de un marco federal constituido por mini-bloques regionales, incluida Europa. Su mantra programático era la frasecita «Lo pequeño es hermoso». Este es el principio que anima su obra The Breakdown of Nations ―El Derrumbe de las Naciones―, publicado en 1957, donde proclama proféticamente el proyecto de un retorno a una especie de Sacro Imperio Romano Germánico estructurado feudalmente.


Con este planteamiento de fondo, no es extraño que en el seno de la UE ―apadrinadas por Alemania― aniden una miríada de organismos e instituciones apoyados por el Consejo de Europa y la OSCE, encargados de promover los regionalismos federalistas: la Unión Federalista de Comunidades Étnicas (UFCE-FUEV), el Centro Europeo de Promoción de las Minorías (ECMI), la Oficina Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias (EBLUL), las Cartas de la Autonomía Local y Regional, o el Convenio-marco sobre la Cooperación Transfronteriza, conocido como la «Carta de Madrid».

Desde esta perspectiva «transfronteriza», no debe que, durante un viaje a México, el 3 de noviembre de 2014, el lendakari Iñigo Urkullu proclamara la necesidad der crear una «eurorregión» con Navarra y el País Vasco francés ―territorios englobados en el concepto de EuskalHerría― «si así lo quieren» los ciudadanos de estas regiones. Como se ve, un claro ejemplo de «cooperación transfronteriza», estrategia para la cual la Unión Europea no descarta el uso de criterios étnicos, amén de los geográficos.

En esta misma línea, e independentismo catalán tiene su horizonte más nítido en la creación de una eurorregión «Pirineos-Mediterráneo» ―Occitania, Cataluña y Baleares―. Estos dos proyectos de vascos y catalanes se fundamentan jurídicamente en la Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT), un organismo que, por supuesto, recibe toda su financiación de la UE.

Guy Verhofstadt
La integración de los separatismos españoles en el proyecto globalista de Bruselas también se puede rastrear si observamos cuáles son los grupos europeos en los que están integrados los partidos separatistas: por un lado, el PDeCAT y el PNV se incluyen en la Alianza de Demócratas y Liberales (ALDE) cuyo máximo líder, el ex-ministro belga Guy Verhofstadt, propuso como solución al conflicto en Cataluña «una España federal en una Europa federal» ―toma ya―; por otra parte, ERC está en el EFA (Los Verdes-ALE), grupo claramente inductor de una Europa federal.

En el manifiesto «¡Por Europa!», redactado por los líderes de estas dos formaciones europeas, se afirma explícitamente que «Europa tiene que liberarse para siempre de sus demonios nacionales. Europa tiene que despojarse para siempre del ombliguismo de sus Estados nación. Realmente, en Europa es necesario un cambio radical, una auténtica revolución. Hay que construir una Unión Federal Europea». Blanco y en botella.

Raúl Romeva
Naturalmente, esta conspiración que busca destruir los estados nacionales mediante el movimiento centrífugo protagonizado por regiones secesionistas cuenta con el apoyo de fundaciones y personajes estrechamente jubilados al globalismo, tras los cuales se ve la mano inevitable ―¡cómo no!― del gran titiritero mundialista: George Soros.

Por ejemplo, el que fuera conseller de Exteriores de la Generalitat, Raúl Romeva, pertenece al grupo Spinelly, una fundación dedicada a promocionar la Europa federal sin estados nacionales. Si seguimos desenredando la madeja, es curioso comprobar que los fundadores del grupo son Guy Verhofstadt y Joschka Fischer. Del primero ya hemos hablado, y, en cuanto al segundo, es el líder de Los Verdes ―Romeva también pertenece, ¡oh, casualidad!, al grupo Iniciativa-Els Verdes (ICV)―, cofundador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, financiado por… sí: George Soros.

Otro personaje importante del Consejo es ECFR es Ulrike Guérot, entusiasta promotora de una «República Europea» constituida por 50 regiones federales, apoyada por medios afines a la UE y a Soros.

Heather Grabbe
Por si todo esto fuera poco, un hecho espectacularmente revelador es que otro de los personajes más relevantes del grupo Spinelly es Heather Grabbe, que resulta ser nada más y nada menos que la directora del directora del Open Society Institute-Bruselas, y directora de asuntos de la UE para la red Soros. Impresionante.

El Open Society Foundation también financia a las Juventudes Europeas Federalistas, y asimismo al Movimiento Federalista Mundial, el cual también reside financiación de la Fundación Ford, incluso de la Unión Europea.
En último término toda esta maraña remite a una conspiración dirigida desde Washington desde el mismo momento de la fundación de la Unión Europea, la cual tomó forma a través del Centro Americano por una Europa unida, creado en 1948 con el fin de encaminar a Europa hacia una Federación controlada por USA, organismo que financió el Movimiento Europeo, la mayor organización federalista de la posguerra.

Concluyendo, todas las pruebas remiten a que la Europa federal que tanto defienden los independentistas de Cataluña y Vascongadas es un proyecto que responde a una conspiración gestada por Washington y los organismos al servicio de la agenda global.


Eric Hobsbawn, en su obra «Naciones y nacionalismos desde 1780», escribía que «cuando los movimientos separatistas de las pequeñas naciones consideran que su mejor esperanza radica en erigirse en subunidades de una entidad político-económica más grande (en este caso la Comunidad Europea), en la práctica lo que hacen es abandonar el objetivo clásico de este tipo de movimientos, es decir, la fundación de estados-nación independientes y soberanos».

Con todo lo dicho, resulta claro y demoledor el hecho de que España sea actualmente la punta de lanza de esta conspiración globalista que se sirve de la promoción de los nacionalismos cantonalistas para destruir las estructuras estatales.

En la línea del ya mencionado Leopold Kohr, la demencial distopía de una Europa federal fue recogida por Freddy Heinecken (1923-2002) ―sí, el magnate de la cerveza―, autor de un libro donde acuñó la expresión Eurotopía, en el cual dividía Europa en 75 bloques geográfica y demográficamente equilibrados.

Manifestantes en Sevilla a favor de la unidad de España.

Eurotopía… ya tenemos aquí otra cornucopia, otra Jauja, otra Arcadia, otro mundo feliz «no-gracias», distopía a la que el pueblo español debe oponer una utopía: 

la de un país unido, fuerte, sin autonomías, con los partidos secesionistas ilegalizados, con una bandera y un himno que inflaman los corazones, con el castellano imperando en todos los territorios… un país fuera de la UE, o integrado en el grupo de Visegrado: Españatopía.