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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 3 de marzo de 2026

Prohibido reír / por Carlos Bueno

 
'..Detrás de todo ello subyace una estrategia ideológica que no oculta su rechazo a la tauromaquia y su deseo de erradicarla. Y como no pueden suprimirla de golpe, avanzan paso a paso limitando la entrada de menores en las plazas y prohibiendo determinados espectáculos taurinos, aunque con ello se cercene el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones..'

Prohibido reír

Por Carlos Bueno
El poni es un “caballito bonito” que despierta simpatía inmediata por su menor alzada y su cuerpo compacto. Es un animal resistente y trabajador, pero, sobre todo, destaca por su imagen graciosa. Así que, siguiendo cierta lógica reciente, quizá habría que aniquilarlos. También habría que prohibir el trabajo de los payasos del circo y las imitaciones de Carlos Latre. Y, por supuesto, borrar de los archivos las películas de Charlot, el Gordo y el Flaco, Jerry Lewis, Jim Carrey, Ozores o Paco Martínez Soria. Lo mismo cabría hacer con los monólogos y actuaciones de Gila, Chiquito, José Mota o Lina Morgan, no vaya a ser que alguien se ría con sus “tonterías”, del mismo modo que se han prohibido los espectáculos cómico-taurinos.

Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ha aprobado un real decreto que impide este tipo de eventos para, según sostiene, proteger los derechos y la imagen social de las personas con discapacidad, al considerar estos espectáculos “denigrantes”.

Frente a esa postura, los propios artistas defienden que nadie mejor que ellos puede decidir qué es digno o indigno en su profesión. Sin embargo, nadie les ha preguntado. El ministro se ha arrogado una autoridad moral incontestable que le otorga, a su juicio, la potestad de dictar y prohibir. Y con esa decisión ha acabado con el trabajo de muchas personas que se sentían artistas y toreros, y que lo eran.

Habrá quien afirme que Charlot y el Bombero Torero no son lo mismo. Y es cierto, no lo son a pesar de que con Charly Chaplin también se reían. Pero la experiencia demuestra que existe una inclinación creciente a señalar desde el poder qué está bien y qué está mal, preceptos asumidos como únicos y acertados que no respetan el gusto, la tradición o la cultura de los demás y no consideran puntos de vista distintos a los propios.

Detrás de todo ello subyace una estrategia ideológica que no oculta su rechazo a la tauromaquia y su deseo de erradicarla. Y como no pueden suprimirla de golpe, avanzan paso a paso limitando la entrada de menores en las plazas y prohibiendo determinados espectáculos taurinos, aunque con ello se cercene el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones.

Nadie se mofa de los artistas cómicos; nadie se burla de las personas con enanismo en una plaza. El público se ríe con ellos, no de ellos, que es muy distinto. No hay nada denigrante ni humillante en hacer reír desde un personaje, una caricatura o una tradición escénica. Quienes tienden al intervencionismo lo saben, pero prefieren revestir sus decisiones de una superioridad moral incuestionable. Es más sencillo presentar la prohibición como defensa de la dignidad que admitir el trasfondo ideológico. Pero, en realidad, prohibir que alguien elija su profesión es el primer paso hacia la discriminación.

Que nadie acabe con los ponis ni con Charly Rivel, Pedro Reyes, Faemino y Cansado, Martes y Trece, los Hermanos Marx, Benny Hill, Tamariz, Ozores o Mr. Bean. Que nadie decida de forma unilateral qué es digno o denigrante. Que nadie imponga su doctrina. Que nadie coarte libertades ni derechos. Que nadie desestime la cultura. Que nadie nos prohíba reír con diferentes sentidos del humor.

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