
'..No todo es malo. El hijo de Soros ha declarado a España «líder del mundo libre», tal cual, y Sánchez, con su talento para la coalición basura, ha logrado halagar el antiamericanismo primario de la izquierda, bilduizquierda hasta que pueda ser islamoizquierda..'
Sánchez y la coalición tercermundista
HUGHES
Con gran irresponsabilidad y no menos desfachatez, Pedro Sánchez se ha convertido en enemigo de Estados Unidos. Al menos en unfriendly. Le niega las bases, Trump amenaza con el embargo y lo impresionante es que a Merz, nuestro hermano europeo, le parece bien.
No todo es malo. El hijo de Soros ha declarado a España «líder del mundo libre», tal cual, y Sánchez, con su talento para la coalición basura, ha logrado halagar el antiamericanismo primario de la izquierda, bilduizquierda hasta que pueda ser islamoizquierda (¿se han fijado en el respeto con el que dicen «clérigos iraníes»?), con las derechas lúseres y superlúseres, que podrían también muy bien ser islamoderechas. Como dijo ayer un francés, Francia es el único país árabe que no ha aplaudido a Trump. Son los derechistas de guardarropía, útiles, que a la izquierda le gusta llevar a las tertulias y sacar en sus programas.
Aparecen unos friquis que llamarían cipayo a Franco y que van a acabar con Estados Unidos desde sus cuentas de Twitter, Youtube o Twitch, según sea la propensión a la boue. Es la tecnología del «anglo» y de Satán, pero es esa o cascársela con dos piedras.
La gallofa geopolítica suministrada en las redes ha podido perder alguna cabeza. Es una materia en la que era fácil fiarse ciegamente del experto. Mearsheimer es uno, aunque yo me decepcioné cuando empezó una frase diciendo que Israel culminaba un genocidio y la acabó asegurando que era incapaz de eliminar «guerreros» de Hamás. También Todd, que nos había convencido de la decadencia de Estados Unidos, aunque luego vemos el nivel de precisión tecnológica con el que descabezan regímenes desde Mar-a-Lago y los BRICS nos suenan ya un poco a grupo de pop de versiones.
Son incoherencias que hacen dudar. Por ejemplo, estos expertos, después de 48 horas, ya hablan de un fallo de cálculo de Trump, pero ¿cuántos años lleva Rusia para conquistar el Dombás? ¿Lo tienen ya del todo? ¿A cuántos muertos les sale el kilómetro cuadrado?
Sin poder, las opiniones geopolíticas no valen mucho. Es jugar al póker con garbanzos. Uno en su cuarto ante un ordenador puede decir lo que quiera, reinstaurar el Imperio Sasánida… Te los imaginas con unas gafas de realidad virtual (anglas también) arengando a las masas o en susstreamings, Yaltas un poco esmegmáticas. «¿Y si nos unimos a los ortodoxos y los chiitas?». Pero si rozaran el poder, aunque fuera una pelusilla del poder, o vieran un euro, qué digo ver, escucharan el tintineo lejano de un euro, se autodespellejarían el prepucio a bocaos.
El Covid cayó como una mutación en el cerebro conspiranoico y el antiamericanismo se complementa, tras Gaza y las masacres, con una vieja pasión rejuvenecida. El actual antijudaísmo funciona como una especie de terraplanismo geopolítico. Para unos el Sol es una conspiración, para ellos es Sión. El mundo se explica por una sola cosa, una sola cosa es la razón suficiente. En esto han ido cayendo, sobre todo, los que tenían tendencia a desprenderse de la obligación de ajustarse a los hechos, a las evidencias. Esa gente de premisas voladoras. Hablan mal de los judíos, es verdad, pero tratan aun peor la realidad. El antisionismo online es sobre todo un problema cognitivo. El Quevedo de esta gente es Prada, que ha escrito que a Trump le han grabado «estuprando niñas». Con dos cojones.
El genio de Sánchez nos revela una coalición natural muy española y por supuesto tercermundista. Si llega el embargo de Trump, y parece que harán lo necesario, podemos ver cosas que ni los ayatolas.
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