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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 24 de mayo de 2016

Décimosexta de mi Feria. ¿Novillejos de quién? ¡Eso es, de los Fraile! Y muermo novillerín a raudales / por José Ramón Márquez


Paseo


"...Cuando nos quisimos aclarar un poco sobre lo que íbamos a ver, ya estaba saliendo a corretear por la arena el primero de la tarde, una bella persona en forma de novillo a quien su amo había puesto el nombre, a todas luces exagerado, de Huracán..."


¿Novillejos de quién? ¡Eso es, de los Fraile! Y muermo novillerín a raudales


Maldita sea, que con los lisarnasios siempre andamos de lío. Al principio uno creía que venía a ver una de la Ventana del Puerto, frailunada que te crió, y cuando me dan el programa en la puerta de la Plaza ahí resulta que está pintado el árbol genealógico de los Puerto de San Lorenzo, suma de las castas navarra y Vistahermosa para el genealogista, que se acaba sustanciando en la cosa lisarnasia; pero en la ficha del festejo pone La Ventana del Puerto y luego, para mayor confusión, apunta el documentado aficionado don José Vergara que en 2008 el fraile de turno eliminó lo anterior, lo lisarnasio aquello que se remontaba a lo de Vistahermosa y a Guenduláin y se compró en el mercadillo de La Fuente de San Esteban setenta animales de El Pilar. Hay que tener poca conciencia para llamarse Fraile y huir de lo lisarnasio, aunque la verdad es que para nosotros, que no somos AREVA, siempre que pone Fraile es lisarnasio -y siempre excluimos aquí a doña Carolina Fraile Cascón y a sus gracilianos de Cojos de Robliza-, y si no lo es lo será, porque la mente frailuna tiende a lo lisarnasio, que eso no es un encaste sino una forma de ser, un “mental state” como aquel Evrugo de Zush de los años 70.

Cuando nos quisimos aclarar un poco sobre lo que íbamos a ver, ya estaba saliendo a corretear por la arena el primero de la tarde, una bella persona en forma de novillo a quien su amo había puesto el nombre, a todas luces exagerado, de Huracán, número 35. A este siguieron Lituanillo, número 80;Resistemucho, número 44; Parasolillo, número 167;Lavandero, número 20 y el que mejor nombre y número portaba, Bonoloto, con el capicúa 141. Y esos seis dijes que el Fraile de turno envió a Madrid, que ya no deben quedarles en el campo más que las vacas viejas, porque hemos visto la camada entera pasar por Madrid, fueron de una nobleza estúpida y bondadosa, sin un ápice de mal rollo, novillos sin memoria ni inteligencia, máquinas de embestir criadas para ir correteando donde vieran un trapo flamear, no importa dónde esté puesto, e incluso para quedarse colocaditos después del mantazo, como si un torero de quilates les hubiese dejado en ese sitio.

Lo malo es que los toros tan carretones como estos de hoy son muy engañosos, porque dejan a los novilleros con las vergüenzas al aire. Pongamos que sale un barrabás, un toro que corta los viajes, que se entera, que mete el susto en el cuerpo; pues con ese toro las simpatías del público vuelan inmediatamente hacia el torero. La prueba evidente de esto nos la da uno de los actuantes de hoy, Juan de Castilla, que en su comparecencia del lunes pasado se ganó la sustitución de Adame a base de tragar con los regalitos de Paco Medina. Esto ocurre porque casi todos los toreros tienen muy poco que decir en los registros del toreo “bonito”, para el que la mayoría no están dotados, y en ese registro lo normal es que aburran a los públicos, a los toros y hasta a sus ponedores, pero en el del toma y daca, en el de la pelea, lo que se consigue es que de manera natural nazca una corriente de simpatía del público hacia ellos, pues al considerar los del tendido la desproporción que existe entre las intenciones aviesas de la fiera y la fragilidad del hombre, lo normal es ponerse de la parte de este último. Esta es la gran verdad relativa al espectáculo de los toros que formuló hace cerca de cien años don Ramón María del Valle-Inclán, que sigue siendo tan válida en nuestros días como entonces y de la que nadie se quiere enterar.

Muchas veces pensamos, viéndolos en la Plaza, que una buena porción de los toreros que vemos no son capaces de dar lances de capa o pases de muleta de un poco de enjundia ni siquiera sin toro, y hay que ver cuánto más aumenta la dificultad cuando se les vienen hacia ellos las 45 ó 46 arrobas lanzadas a toda pastilla. Eso es lo que vemos a diario.

Hoy trajeron a Las Ventas a Alejandro Marcos,Joaquín Galdós y Juan de Castilla, que, como se dijo más arriba, venía a sustituir a Luis David Adame.

De la actuación de Alejandro Marcos lo más señalado fue una notable volteretona que le pegó su primero, afortunadamente sin consecuencias. A raíz de ese trompazo y de una serie de idas y venidas hacia la garita de Padrós las gentes se fijaron un poco en el torero salmantino, aunque su poco interesante trasteo se basase de manera plena en las cansinas trazas de las ventajas, del toreo por afuera, del no dar el paso adelante... de lo de casi todos los días. A raíz de la voltereta estábamos pensando en lo profesionalmente que hacían los areneros el trabajo de portar a los heridos a la enfermería, recordando la vieja foto del pobre Domingo del Campo, Dominguín. Hoy, por la cosa de la Prevención de Riesgos Laborales (!!!), pueden saltar al ruedo un señor con un traje dos tallas por debajo de las que le corresponden, un joven en mangas de camisa o un mozo de espadas con la toalla del hotel al hombro, pero no los que mejor hacían ese trabajo y a quienes algunos toreros casi les deben la vida. Y si no, que lo diga Curro Vázquez. En este toro hubo una pequeña petición de oreja acrecentada por la descarada actitud de los mulilleros calderonianos, con sus pérdidas de tiempo y las dilaciones de todo tipo orientadas a que aumente el griterío y caiga la oreja y lo que ella traiga. La Autoridad no pone freno a eso y los mulilleros día a día son más descarados en la ruin búsqueda de sus propinas.

En su segundo Alejandro Marcos estaba totalmente fuera de la corrida, lo mismo que la mayoría del público, por lo que nadie prestó una especial atención a su trasteo basado en las mismas premisas que en su primero, sólo que sin trompazo.

Joaquín Galdós venía de que le “robasen” una Puerta del príncipe en Sevilla ayer domingo, al decir de los revistosos del puchero. A saber lo que haría en Sevilla, viendo las trazas que ha presentado en Madrid, porque o lo de Sevilla es un timo o Galdós tiene una personalidad esquizofrénica. Hoy en Las Ventas Galdós ha echado un saco de vulgaridad a granel, de descolocamiento, de cite piquero o picotero, de dar pases y más pases sin concepto alguno, sin que su orden obedezca a ningún fin salvo al de dejar pasar el tiempo. Un tostón, vamos. En el cuarto, lo mismo, pero con la Plaza desentendida del torero tanto como él mismo de su tarea. Lo mata de lo que antes se denominaba bajonazo, ahora estocada dentro de lo de negro (el toro). A éste le lleva la FIT, o sea que aún nos queda por verle un poco más.

Y Juan de Castilla, que el otro día estuvo hecho un tío, muy en novillero, incluso a veces queriendo ponerse en el registro del toreo serio, hoy ha devuelto con creces el crédito que obtuvo en la lidia y muerte de los cuatro Ventorrillo que se merendó por lesión de sus dos compañeros de terna. En su primero no dijo nada, y en su segundo, menos. El segundo era un novillo que en Granada hubiese pasado por toro cuyas buenas condiciones cantó desde el primer tercio y con el que Juan de Castilla se puso plúmbeo y espeso como una crema pastelera.

Ayer, en este mismo circo, un hombre toreó y se llevó la Plaza de calle. Ayer mismo hubo en Las Ventas un espejo en el que podrían mirarse todos estos novilleros para salirse de la senda trillada y anodina que les han vendido y dar un golpe de mando poniéndose del lado del toreo y llamar un poco la atención. ¿Por qué nadie lo hace?

Óscar Bernal

Felipe López

Teo Caballero

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Luis Miguel Leiro

Antonio Jesús Apresa

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