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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 20 de mayo de 2016

Enrique Ponce, Magisterio en estado de gracia / por Paco Mora



Ponce ha sentado cátedra en sus dos toros. El de Chiva ha demostrado de modo fehaciente que decir que es “el sueño de Gallito” no es una exageración. Su conocimiento de los toros, de las distancias y de los terrenos, su gran cabeza torera, su saber estar en la arena, su prestancia y su estética han rendido incondicionalmente a Madrid.

Magisterio en estado de gracia

El titular de este billete es la definición de la actuación de Enrique Ponce esta tarde en Las Ventas. En sus dos toros ha sentado cátedra. El de Chiva ha demostrado de modo fehaciente que decir que es “el sueño de Gallito” no es una exageración. Su conocimiento de los toros, de las distancias y de los terrenos, su gran cabeza torera, su saber estar en la arena, su prestancia y su estética impecables, han adquirido un nivel tal que el exigente público madrileño se ha rendido incondicionalmente ante su gran lección de Tauromaquia. Ponce ha abandonado esta anochecida la plaza de la calle de Alcalá entre el aplauso y la admiración. Y con más fuerza si cabe la del Tendido 7, otrora tan crítico con su magisterio.

Y hablando de las injusticias del toreo, el también valenciano Román ha puesto los tendidos a su favor con su entrega y su toreo arrebatado y de manos bajas. Lástima del fallo con la espada que le ha privado al menos de un trofeo del segundo toro de su lote. En su primero, poco o casi nada pudo hacer ante un animal inválido de Puerto de San Lorenzo, corrida que ha hecho recordar los lejanos tiempos de la “glosopeda”. Merece torear mucho más el joven y sincero Román -de aquí lo de la injusticia-, porque cae muy bien a los públicos y porque es valiente a carta cabal y quiere de verdad ser torero.

Luque no ha tenido mucha suerte con su lote, pero ha estado por encima de sus dos adversarios. Lleva dentro un buen torero, que un día u otro acabará rompiendo en figura de las que torean en todas las ferias. Cuando se percate definitivamente de que todo lo que nos ocurre no es culpa exclusiva de los demás, y que lo que está fuera del traje de luces cuenta poco para definir a un torero, puede encontrar su camino de rosas en la profesión para la que está sobradamente dotado.