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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 30 de mayo de 2016

Madrid: Vigesimoprimera de mi Feria. Salve "Camarín", el toro de la Feria, y orejilla de los mulilleros de Justo Polo al torero que no lo toreó


Después del Toro de la Vega, Las Ventas


Salve "Camarín", el toro de la Feria, y orejilla de los mulilleros de Justo Polo al torero que no lo toreó

Para que se comprenda la esencial diferencia que existe entre los toros y el balompié, ésta reside en que en el balompìé lo esencial es el resultado, especialmente si éste es el que conviene a los colores que cada cual apoya, mientras que en los toros el resultado es lo de menos; de hecho, la obsesión orejera como medida del triunfo -las orejas son los goles del toreo- constituye un galardón absurdo alentado desde los púlpitos periodísticos y audiovisuales, que al aficionado apenas le dice nada, pero que sirve a los públicos como explicación del triunfo al que creen haber asistido. Esto es algo que se nota bien cuando echas cuentas y, pongo por caso, nadie recuerda apenas nada de las tres puertas grandes de López Simón del año pasado -¿seis orejas?-, y cómo, sin embargo, permanece vivísimo e imborrable el recuerdo de un simple cambio de manos de Pepe Luis Vázquez en la Feria de 1989. Eso en cuanto al resultado, y por lo que toca a la emoción, en el fútbol ésta estriba necesariamente en ir con uno de los equipos que contienden, mientras que en los toros la única posición decente es la de ser de aquél que lo hace, cuando lo hace.

Hoy, Domingo de Resaca futbolera, con la peor entrada de lo que llevamos de Feria en Las Ventas, se anunciaron los toros de Baltasar Ibán, divisa rosa y verde, como inicio del “ghetto torista”, que se ve que las ponen todas juntas para que la gente no pueda hacer comparaciones. Para dar cuenta de los ibanes contrataron a Iván Vicente, Alberto Aguilar y Víctor Barrio.

Los ibanes, según la Unión de Criadores, ya son encaste propio. Antes, también según la Unión, eran Contreras y algo de juampedro. Ahora también llevan algo de Pedraza al parecer, y algunos echan las culpas de lo que sale colorado precisamente a lo de Pedraza, cuando todo el mundo sabe que lo de Contreras da capas coloradas, castañas y tostadas. El lío. La cosa es que desde que le empezaron a dar cera al pobre de don Baltasar Ibán con que su ganado era pequeño, el hombre se empeñó, y luego sus herederos, en aumentar su volumen y así hemos llegado a esto de hoy, donde han salido a la arena uno de 606 kilogramos en la báscula de Las Ventas (a saber cuál sería su peso real en una báscula bien equilibrada de ésas en las que 1 kilo pesa 1 kilo) junto a otro de 484 kilogramos. Da igual, porque la cosa no estaba hoy en los números de la tablilla, sino en lo que decían esos animales desde que salían por la puerta de chiqueros, en su alta expresión que diría un cursi de esos que olisquean vinos. La cosa es que, más grandes o menos, los toros, desde que ponían la pezuña en la Plaza, infundían respeto, y eso es algo tan inusual que debe ser reseñado. No es que anduviesen a gañafones ni tirando cornadas al viento, pero tenían ese no-sé-qué de que estos no son como los de todos los días.

Luego hay además otros indicios, como por ejemplo que a estos seis de hoy les han atizado en varas lo que no está en los escritos, que les han destrozado las espaldas como si no hubiese un mañana y como si todo lo que se fuese a picar en la vida fuese lo que hoy salió por la puerta de toriles; y luego, además, si el toro se emplea, y vive Dios que se han empleado, pues no hay nada como la inmunda carioca y taparles la salida para poder seguir mechando carne a placer y, sin embargo, los toros en pie y con la boca cerrada, y luego que vengan con que si son chicos o son grandes. Y después, a salir persiguiendo a los peones a la salida de los pares haciendo necesarios los quites y la adecuada colocación de los actuantes, y también las pasadas en falso, las tomas del olivo, los pares que son nones, los capotes por el suelo, la lidia inexistente:las cosas que trae la casta, que los toreros en eso son iguales que ese político demagogo y cargado de espaldas, que odian la casta.

La corrida de Baltasar Ibán fue un festín para el aficionado, el festín que se da en un espectáculo que se llama “los toros” cuando salen toros con sus cosas y su personalidad, cuando salen animales que son una incógnita ante la que el matador debe presentar sus conocimientos como aval para llevar a buen puerto su tarea. Recordando la inmundicia del otro día del Vellosino pensamos en lo que nos habría gustado ver al supuesto “poderoso” Juliáncon los ibanes, a ver cómo entre él y su cohorte de revistosos del puchero les explicaban a los pupilos del Cortijo Wellington dónde queda eso del poder.

Iván Vicente lleva en su cuadrilla de picadores a sus hermanos, Héctor y Jesús. Su primero llevaba el nombre mítico, Bastonito, y el número 35. Se arrancó con alegría y distancia al caballo que montaba Héctor y puso sus embestidas a disposición de su matador, que o no las vio claras o no supo qué hacer con ellas. Se pasa el rato yendo y viniendo y al final del trasteo deja más huella el toro que el torero. Su segundo, Tesugo, número 21, el más grande del encierro, era un toro de gran presencia, cornidelantero, ofensivo. A éste lo picó Jesús de aquella manera. El toro se echa atrás al sentir el filo de la puya, pero eso no le quita de cobrar de lo lindo, más hacia la parte trasera que hacia el morrillo, donde nuestros abuelos decían que se picaban los toros. La faena no cobra vuelo, acaso porque Vicente no está por la labor de pelear con el animal, que él ha venido a otra cosa. Puesto por afuera, con mucho enganchón, se va pasando el tiempo y cuando le deja una estocada contraria y perpendicular y el toro no se echa decide, en vez de entrar a matar de nuevo, ponerse a descabellar no sé cuántas veces.

Alberto Aguilar tuvo enfrente al toro de la corrida y posiblemente al toro de la Feria, pues este Camarín, número 37, ha desbancado por méritos propios al Malagueño de Alcurrucén como mejor toro de lo que llevamos de san Isidro. Fue Camarín un toro que cantó desde el principio sus condiciones, cuando en unas verónicas emborronadas mostró su embestida alegre, viva y vibrante. Fue por dos veces al caballo con alegría, recargando en las dos varas que tomó, metiendo los riñones frente a la muralla de kevlar del penco y con alegría también acudió al cite de los banderilleros por ambos pitones. El toro era de cante. El toro va siempre a su aire porque Aguilar ni le obliga ni le somete ni le manda, desde unos especie de doblones por bajo, puro trapazo, en el principio, hasta la faena toda, Aguilar está siempre por debajo de las condiciones del Camarín,que se va al otro mundo sin conocer qué es el toreo. Cuando le entra a matar, estocada baja perdiendo el engaño, el toro comienza a perseguirle y ahí tienes al torero corriendo su particular sanfermín. Luego la picaresca: Lucas Benítez, que en vez de descabellar parecía que estaba haciendo una intervención de córnea, y los mulilleros a paso de tortuga, con parada incluida para arreglar ciertas partes de la cabezada de las mulas que se había descompuesto, propiciaron la incomprensible petición que fue atendida de manera vergonzosa por don Justo Polo, concediendo la oreja de la ineptitud a Alberto Aguilar, que ya sabemos que es pobre, pero que eso no le exime de no haber dado un solo muletazo como Dios manda. El toro fue desprendido con la fuerte ovación que se merecía. En su segundo pasó algo poco visto en los tiempos modernos: el toro va con fijeza y alegría a la muleta; en la segunda de sus tandas, el animal se echa encima a Alberto Aguilar y le zarandea lo suyo y, a partir de ahí, el toro, que se ha percatado del truco del toreo, ya no tiene un pase, vuelve grupas y se niega a ir al cite.

Víctor Barrio, me parece que siempre lo decimos, es muy alto. La faena a su primero un castaño de cuerna descarada, fue una exasperante sucesión de enganchones, sin que en momento alguno dijese algo de interés. En su segundo, el toro era el garbanzo negro de la corrida, aunque se empleó en el caballo y anduvo presto a las banderillas, y el torero era el mismo, con lo que todo queda dicho.

Paseo

Gitanas de capotes

Bastonito revisitado

Maneras de picar

Capotes y bufanda

La herramienta

Las alturas

Otra herramienta

Más herramientas

Las nueve del día después

Infanta de España bajo la lluvia