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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 18 de mayo de 2016

Madrid. 12ª de San Isidro en Madrid. Excelente faena de Juan del Álamo y dignísima confirmación de Juan Leal / por J.A. del Moral




Excelente faena de Juan del Álamo y dignísima confirmación de Juan Leal

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes 17 de mayo de 2016. Decimosegunda de feria y Corrida de la Prensa. Tarde muy agradable con cielo algo enmarañado y más de media entrada muy repartida.

Seis toros de Pedraza de Yeltes. Desigualmente presentados con predominio de los enormes y muy armados. Presentaron dificultades para el lucimiento por su falta de fuerza y de raza a excepción del más bonito y mejor hecho tercero que, muy bien lidiado, terminó nobilísimo en la muleta. El primero fue el peor, casi imposible. Y el sexto el más grato o el menos malos de los grandullones aunque nunca terminó de romper a bueno en la muleta.

Manuel Escribano (añil y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Pinchazo, estocada ladeada tendida trasera y dos descabellos, silencio.
Juan del Álamo (marino y oro): Buena estocada, oreja. Estocada tendida, ovación con saludos.
Confirmó su alternativa Juan Leal (grana y oro): Pinchazo, metisaca a toro arrancado y estocada, silencio. Estocada tendida, ovación.
Destacaron en banderillas Marco Leal y Jarocho.

Muchos, muchísimos de los que acudimos cada tarde a la plaza, empezamos a estar hartos del tafallerismo. La última moda imperante en el toreo de capa. Muy especialmente, en los quites imperan las tafalleras y las gaoneras altas dejando que los toros se estrellen al pasar por debajo del percal. La tafallera es una suerte menor. Que nadie se engañe. Como también las inas en todas sus versiones. Manoletinas y giraldillas, naturales o cambiadas, aunque éstas segundas se salven algo. Pero la generalidad de las tafalleras, atragantan.

Basta que los diestros más atractivos lo practiquen habitualmente para que los demás las copien. El tafallerismo y el manoletismo proceden del tomasismo. Porque antes de que llegara el santísimo advenimiento del divino ínclito de Galapagar, casi nadie se atrevía a terminar las faenas con las dichosas inas, desterradas tras una larga campaña en contra de esta suerte meramente de adorno – pues el toro pasa sin ser toreado – por parte de los críticos de entonces que se hartaron como ahora nos estamos hartando muchos de lo mismo.

Otra moda que impera desde hace muchos años, es la de alargar las faenas convirtiéndolas en inacabables y en insoportables aunque los toros lleven varios minutos ya agotados y, por ello, resulten inevitablemente deslucidos. Pues nada, no hay manera de convencer a la mayoría de los matadores de la actualidad de que lo mejor y lo menos pesado para los aficionados es abreviar las faenas de muleta cuando las reses empiezan a no responder.

La palabra “agotado” está prácticamente desaparecida del ritual taurino. Esta moda se instaló crecientemente desde que Enrique Ponce tomó la alternativa por lo que el maestro valenciano solía y suele alargar sus faenas de muleta hasta más allá de lo razonable aunque en su caso, ciertamente exclusivo, lejos de incomodar a los espectadores les gratifica por la sencilla razón de que Ponce continúa toreando hasta que le da la gana y sus imitadores no. Sus imitadores se eternizan dando trapazos que es lo peor del toreo de muleta y, no digamos, si resultan enganchados. Bien dice el refrán:Bienaventurados sean mis imitadores porque de ellos son y serán mis defectos. Pues eso.

Pero vayamos a lo ocurrido en la corrida decimosegunda de esta feria que todavía no ha pasado el ecuador aunque en cantidad de festejos ya sume el doble que en la mayoría de los ciclos provinciales.
Los eternamente insoportables del tendido 7 volvieron a tomar la perra que les distingue. Esta vez la tomaron en contra radical del toro mejor hecho de seis del envío. Fue el tercero. Se habían mostrado pacíficos con los dos primeros.

El que abrió plaza fue el primer galafate del envío, precisamente el de la confirmación de alternativa del espada francés Juan Leal quien, por cierto, se pasó de metraje intentando agradar al respetable cuando lo que hubiera procedido era lo de “abreviar” que acabamos de aludir. El segundo toro, bastante menos voluminoso, se tapó por su abundante leña cornamental.
Pero durante la lidia del tercero, como digo, los sietemesinos no cesaron de chillar durante los dos primeros tercios. ¡Fuera, fuera fuera..!, mas las palmas de tango que también utilizan para protestar durante la lidia… La matraca de a diario en Las Ventas, vamos. Muchos y, claro estuvo que el primero en darse cuenta de que este precioso animal tenía hechuras de embestir, pensamos que lo que procedía era ayudar para que el animal no se agotara. Por eso le pegaron tan poco en el caballo. Y es que, muy posiblemente, si le hubieran arreado un puyazo fuerte y, no digamos, si además, los dos de rigor, el animal habría llegado a la muleta para el arrastre. Pero, afortunadamente, no fue así sino todo lo contrario. Y como lo que querían los sietemesinos fue que el toro volviera a los corrales, su encrespamiento tomó tintes de guerra abierta contra el esta vez acertado palco presidencial. Ni cado les hicieron el usía y sus asesores.

Y en definitiva, que el salmantino Juan del Álamo y su cuadrilla dieron a este toro la lidia más adecuada y por eso pudo llegar a la faena de muleta para que aconteciera el único gran y realmente admirable trasteo de la tarde.
Magnifica la faena. Por fondo y por formas. Una faena de más a muy más. No como esas, la mayoría de las actuales, que empiezan muy bien y terminan fatal. Una faena, pues, como Dios manda cuando un toro embiste como lo hizo este tercero en el ecuador de la tarde.

Juan del Álamo llevaba tiempo anunciando que es uno de los que mejor torean del actual escalafón. Toreo pleno de natural apostura, de galanura, de ritmo y de compas. Toreo templadísimo, sedoso, para nada forzado sino todo por lo que el toreo parece cosa fácil siendo tan difícil de practicar como ayer lo hizo el salmantino. Basado en el mejor lado del animal, el derecho, aunque en la estupenda faena también brotaron preciosos y largos naturales. Sensacionales los de pecho. Fenomenal la ligazón de las tandas. Precisos y oportunos los adornos del final. Y una estocada bien ejecutada aunque un poco caída que tuvo rápidos efectos.
Bueno, pues esta fue la faena que los sietemesinos quisieron arruinar. Si por ellos hubiera sido, el toro que la propició hubiera sido devuelto a los corrales. Y es que los energúmenos del 7 no dan una… Ni a derechas ni a izquierdas.

Del resto de la corrida, comentar que los demás toros apenas valieron para que los matadores mostraran sus muchas ganas de agradar. Por voluntad, ninguno de los tres faltó a su deber profesional.
Empezando por el primer espada, Manuel Escribano, que ayer volvió a jugársela en los recibos a porta gayola aunque el que pretendió dar al cuarto toro se frustró porque el tremendo animal se paró al salir de chiqueros y no hizo caso alguno del desairado espada que se había arrodillado para dar el siempre arriesgadísimo lance. Escribano pareó en solitario a sus dos toros como suele. Con desigual fortuna aunque con notable bien hacer en algunos pares. Sobre todo los últimos en cada toro. En el segundo fue de poder a poder y en el cuarto quebrando al violín por los adentros, junto a las tablas. Luego, como ambas reses apenas les quedó fuelle, el comportamiento que tuvieron fue de poco mayor a mucho menor. Y las faenas, lo mismo. Manuel mató mucho mejor al segundo que al quinto como queda reflejado en la ficha que antecede a estos comentarios. Y no hubo más cera que la que arde en su caso.

En cambio, Juan del Álamo volvió a estar francamente bien en el imponentísimo quinto. Buen recibo por verónicas y media para que este lance fundamental del toreo de capa resucitara por una vez en lo que llevábamos de feria. A este “autobús” también se le lidio adecuadamente y pareció que iba a valer para la muleta. Parecer que duró un suspiro. Del Álamo inició la faena otra vez bastante bien hasta que el animal se negó a seguir colaborando. Un par de inoportunos enganchones fueron la causa del repentino cambio del animal que, de ahí en adelante, se puso imposible. Pareció otro toro. Y la faena, otra faena. Menos mal que la estocada volvió a ser certera y efectiva.

Ya hemos dicho que con el primer toro fue prácticamente imposible cualquier lucimiento. Fue el de la confirmación de la alternativa de Juan Leal. Un torero francés que parece español. En la vida civil, Juan se llama Steeven Jean Groux Leal. Pero en la torera se ha puesto el nombre y el apellido netamente españoles. Y esta decisión también se refleja en su manera de torear.
Tras quedar absolutamente inédito con el imposible animal que abrió plaza, su muy positiva reacción con el último galafate fue la prueba de que este torero puede llegar a mayores empresas. Y puede llegar porque tiene un valor natural. No el de arrojo que, ya sabemos lo que es el arrojo: la manifestación heroica del pánico. Valor expresado por Leal con total tranquilidad. No era fácil mantenerla a lo largo de la lidia y, sobre todo, de su faena. Un trasteo que arrancó de rodillas en los medios con un sensacional aguante. Y después, mostrando muy buen estilo pese a que el torazo no terminó nunca de pasar del todo por quedarse corto ni, por tanto, de romper a bueno salvo en contadísimos muletazos en lo que al menos en los emboques pudimos apreciar la excelente factura de su hacer muletero. El único reproche que puedo poner a esta faena fue que la alargó en exceso. Por eso el toro tardó en cuadrar para la estocada que, por fin, llegó.

Así pues y aunque no triunfó, Juan Leal dejó muy claras dos cosas: que estuvo tan valiente como digno en una tarde sin ninguna suerte que le ayudara en esta tarde tan señalada en su incipiente carrera.