la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 25 de mayo de 2011

Las Ventas.La tarde del Arte. Astracanada cultural / Por José Ramón Márquez

Florón

 La tarde del Arte. Astracanada cultural

José Ramón Márquez

“Palessa il nome...”Il Trovatore,
Acto I. Escena 2ª
Hoy estaba claro que la cosa iba por el tema de la Cultura. Previamente el sanedrín veterinario, con la opacidad tradicional y la falta de transparencia que hay en esto de los toros, había mandado al infierno (lasciate ogni speranza oh voi che entrate) al encierro anunciado y tras diversas gestiones de esos dos caballeros, de esos intelectuales que son Antonio Matilla y Curro Vázquez, se consiguió hacer entrar a la sumisa Empresa por las horcas caudinas, diríamos en símil cultural, y que se aviniese a anunciar una corrida del esmerado hierro de El Torreón, que me parece que es de las que Antonio Matilla tenía en su Tauro-leasing. En realidad la elección de esta ganadería no obedeció a su procedencia juampedrera, como algún malintencionado pueda pensar, sino un deliberado acto de pura Cultura, homenaje al ‘Torreón del Renegado’ del chileno Gonzalo Rojas:

“A esto vine, al Torreón
del Renegado, al cuchillo
ronco de agua que no escribe
en lo libérrimo agua ni
pétalos pero cumbre
escribe y descumbre, nieve aullante, límpidas
allá abajo las piedras...”

Dentro de este tono eminentemente cultural de la tarde de hoy, los toros ofrecieron una paleta cromática bastante variada. Era evidente, para el espectador avisado y culturalmente competente, que los pelajes negros, colorados y castaños del ganado habían sido elegidos primorosamente para traer, de manera inequívoca, la evocación del “Brown and black in reds”, obra de 1957 de Mark Rothko, artista fuertemente influido por la muerte y por la espiritualidad. El artista, en un texto de 1947 declaraba: ”Considero mis cuadros como dramas; las formas son los actores”. Y hoy los actores del drama eran Juan Mora, Manzanares y Cayetano.

Como en el romance de Diego Laínez y Rodrigo ante el Rey, “todos visten oro y seda/Rodrigo va bien armado/todos espadas ceñidas/Rodrigo estoque dorado”. En este caso el papel de Rodrigo le toca a Juan Mora, Viejo Maestro que porta siempre su estoque.

Para ver las diferencias culturales de la querida Plaza de Las Ventas y a propósito de Juan Mora es justo remarcar la exquisita finura de la selecta afición cuando rompe al unísono en un clamor de palmas hasta hacer salir del burladero a Juan Mora, en homenaje a la tarde de otoño, que no tuve el gusto de disfrutar, en la que dio la vuelta al ruedo acompañado de un menor que portaba unas orejas. Siempre Madrid ha tenido esas cosas. Por eso me sorprendió desagradablemente que en la segunda comparecencia de Manzanares, días después del estoconazo y de la faena orejera, nadie se molestase en darle unos aplausos al laureado matador, como siempre se ha hecho al romper el paseo después de un grandioso triunfo y me dio por pensar que acaso aquella faena no fuese tan grandiosa como la han cantado por ahí y que de los que sacaron pañuelico en la plaza en la primera tarde, repitieron pocos en la segunda.

Juan Mora estuvo, tal y como le compete, en plan Viejo Maestro e hizo lo que de él se esperaba: nada. Acaso el inicio de faena a su segundo, andando, acompañando la embestida, fue bonito. No hubo sorpresa porque Juan Mora es torero más visto que el TBO y los milagros suceden normalmente en Lourdes. Pese a todo, no molesta.

Tercera venida de Manzanares, de Dolls Samper, como la tercera venida de los Cartagineses a España al mando de Amílcar Barca. El general hizo jurar a su hijo Aníbal, de siete años de edad, sobre las aras que sería siempre enemigo de los romanos y Dolls parece haber jurado a su padre ser enemigo del toreo cruzado y de poder, para quedarse en los pases hermosos, en ese decadente “arte por el arte”, en que el arte se cultiva sin ningún designio trascendental, en frontal oposición al “arte por la idea”. A este efecto reseñaremos que D. Ramón de Campoamor, en su prólogo a los “Pequeños Poemas”, dado a la imprenta en Madrid, 1879, en plena época de Frascuelo, anota con vigencia contemporánea que “hoy sólo en los ejércitos de la muchedumbre se puede sentar plaza de héroe o de genio. Cuando S.M. el vulgo, y no hablo del vulgo de clase, sino del vulgo de entendimiento, es el supremo imperante, no reconoce más talento que a los ingenios que lo adulan”. Don Ramón explica con claridad al Manzanares triunfante y adulador. Hubo otro hoy además, que es el Manzanares que frente a los dos hermosos y afilados pitones, esos “pensamientos de muerte edificados” de su segundo toro de hoy, Fiestero, número 696, se viene abajo. Quizás sean los únicos pitones como esos que verá en toda la temporada, pero el efecto sobre él y su cuadrilla fue fulminante. “¡Ah, el horror!. ¡El horror!”

Cayetano tiene que pagar su salario del miedo para luego poder frecuentar las fiestas de la alta sociedad, anunciar perfumes caros y rebozarse con su novia en un yate. Hoy pagó su peaje y demostró su absoluta ausencia de oficio. Es torero porque él dice que lo es, pero hemos visto a novilleros sin caballos con más recursos que este jurista metido a torero. Bueno, como le dice el Dr. Maligno a MiniYo: “¡Ya pasó, ya pasó!"

Hoy, con tanta Cultura la plaza recordaba más a una reunión de la Real Academia de la Historia o de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País que a una vulgar plaza de toros, en la que las gentes están gritando, dando palmas estruendosas o silbidos agudos que lastiman los oídos de las damas. En un determinado momento, un paladín de la Cultura llamado Arniches increpa a otro espectador, cuya opinión no le resulta grata:

-Usted, bombero, váyase.

El aludido, impertérrito replica:

-Existir es pensar y pensar es comprometerse.

Y luego, con Séneca:

-Valora a los hombres por los esfuerzos que hacen para intentar cosas grandes, aunque desfallezcan en su empeño.

Javier Palomeque tomó el olivo con ímpetu olímpico y Curro Javier literalmente se tiró de cabeza al callejón para salvar la vida, acosado por el toro Fiestero, lo que le valió una estruendosa ovación.
*******