la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 24 de mayo de 2011

SAN ISIDRO: La semana fantástica de las Ventas / Por Pedro Javier Cáceres

-Amador de Cuvillo, símbolo de la feria lidiado por El Juli-

 La semana fantástica de las Ventas

Por Pedro Javier Cáceres

23 de Mayo de 2011.-
Todo comenzó el domingo 15, San Isidro, día del Patrón. Iba la feria con buen aire y son: corridas completas, ni un solo sobrero y un ambiente razonablemente agradable.
No se sabe bien por qué, por quién, o quiénes, el domingo sonaron tambores de guerra en la solanera.
Núñez del Cuvillo se había anunciado dos tardes, la primera esta. Y mandó un “descalzaperros” de toros sin trapío y feos, al menos tres. Tres toros de pueblo en el contexto de una intrahistoria de poco crédito: “se habían quitado dos toros reseñados para cubrir la intendencia de Sevilla”. Se rechazaron algunos en el reconocimiento y vinieron más, lógico, si estaba dos tardes en los carteles.
Por otro lado, se supo que de los de refresco uno era toro y entre todos lo dejaron pacer hasta el miércoles colando un becerro que hizo segundo. En definitiva, que si el ganadero, que si los hermanos Vázquez (mentor y veedor de Morante), que si la autoridad, los veterinarios y la empresa, aquello provocó una, la primera, rebelión de la plaza, con razón.
Morante y Talavante anduvieron por allí y la tarde la salvó la frescura de un mexicano confirmante que gozó de los dos animales de mejor juego: Arturo Saldívar.
Pudo abrir la PG con una oreja en cada enemigo (desparpajo, valor y buenas maneras) si no tarda en caer el primero y anda mejor con la espada en el último.
El miércoles era el día D
Para Cuvillo, para la terna “galáctica” (Juli, Castella, Manzanares) y para empresa, facultativos y demás que se echaron un pulso múltiple.
De Cuvillo tan sólo cuatro y dos de Ortigao, uno de ellos devuelto sustituido por otro de C. Segovia. Con este y con el anterior “cuvillo”, amorfo y muy protestado, Castella pasó inédito su seriedad de planteamiento.
Pero fue tarde de contrastes. El Juli, con todo a la contra, nunca lo entendí, anduvo fácil con el primero, soso, y pletórico de mando y poder en el cuarto. Toro remiso, el madrileño le consintió, le enseñó a tomar la muleta, le obligó a seguirla, y con su aguante hizo que el viaje fuera más largo, palmo a palmo. Lo mató algo pasado y cortó una oreja, importante, pero discutida, como siempre le ocurre a Juli en Madrid.
Manzanares había avisado en un tercero “sinsorgo”. El sexto tuvo transmisión y Manzanares hizo plaza, llenó el escenario. Faena de cabeza, bien estructurada, transmitiendo emoción, no completa porque el pitón derecho no era franco, pero se puso, se jugó una voltereta y lo despachó en los medios de una bella estocada ¿a recibir? Dos orejas, PG y la polémica; estéril. La faena rozaba, por sí sola, las dos, por muchas cosas, no todas, cierto; la estocada hacía de la discusión un capricho.
Talavante ¡al poder!
Se abría la PG por segunda vez en 24 horas.
Lo había hecho, antes, el martes, Alejandro Talavante por decisión, entrega y buen hacer, con un toreo al natural, muy natural. Todo a un extraordinario toro de Ventorrillo que enmascaraba una corrida irreprochablemente presentada pero que manseó en exceso.
El toro debió ser premiado con la vuelta al ruedo, pero los complejos que atenazan a “Madrid” lo impidieron. Ya se sabe, que si no se le picó suficiente, que si esto, que si lo otro, ¡pamplinas!
Fue corrida en que El Cid ni tuvo suerte con el lote, ni la buscó. Perera anduvo firme, poco más se podía estar.
Ambos volvieron el jueves para dar cuenta de un encierro de Puerto de San Lorenzo, por debajo en presentación de lo esperado, y (secuelas del domingo y miércoles —la víspera- de “cuvillos”) la “borroka venteña” sacó el hacha de guerra. El Cid anduvo malamente, sin saberse tapar y enseñar los defectos del primero y fue pitado. Se devolvieron segundo y tercero.
El que hubiera hecho 5º (corrió turno) tenía retranca y Perera enseñó credenciales de responsabilidad jugándosela ante la indiferencia cuando no el desprecio de la “peña” que andaba a su bola; la voltereta fue tremenda. Menos mal que el resto de la plaza lo apreció y salió a saludar. En el de Carmen Segovia, con hechuras de “zambombo” volvió a entregarse sin límites, pero obsesionado con el arrimón se obcecó en achicarle el sitio y el animal que parecía que sí, no llegó a desarrollar su bondad proyectada viniéndose de largo o media distancia.
Luque con el de Salvador Domecq no tuvo opción, como en el sexto (hierro titular), más que, como sus compañeros, estar responsable; algo pesado, contumaz intentando conseguir algo, pero responsable.
A esas alturas el desarrollo del largo festejo era otra cosa.
En ello consistió el mayor merito de El Cid que terminó volviendo las lanzas por cañas en los tendidos y ambiente general por una labor basada en la mano izquierda, como en sus mejores tiempos, a un buen toro. Tal fue el cambio radical de la plaza que tras un espadazo defectuoso y descabello cortaba oreja.
Esa oreja de Cid, con los precedentes habidos de Juli y Manzanares, según los oráculos, y todo lo demás (la feria iba, a pesar de trancas y barrancas, buena, demasiado para muchos) encendía las alarmas y preparaba barricas para el viernes que se convertía en la corrida de la feria por confrontar las PG de Manzanares y Talavante con Castella como compañero de terna.
¿Qué pasó el viernes?
Viernes de dolores…de cabeza, puesto que la víspera, con el caldo de cultivo apuntado, se sabía que la corrida anunciada, de Garcigrande, había sido toda rechazada. Más, de 14 toros, sólo se aprobó 1.
La corrida de Garcigrande anunciada nunca existió, tan solo en la mente de los mentores de la terna con el trágala de la empresa.
Pero el ganar tiempo de los “taurinos” dio sus frutos. Se colaron tres toros de Parladé que eran tres novillos. Impresentables. Tal hizo que la plaza fuera una protesta continua.
Con tal material la primera parte fue un fiasco : tanto Castella como Manzanares y Talavante en el pecado llevaron la penitencia.
Sí eran toros de Madrid, justos de presencia, si se quiere, el 4º y 5º de Juan Pedro y el 6º de Parladé. Y la tarde fue otra historia. Tanta protesta, justa, pero a destiempo, de los sectores radicales produjo una contra de benevolencia en el público.
No se entiende de otra forma que una faena que nunca rompió tras tres o cuatro intentos de buena disposición y pasajes de ajuste y temple, ante un toro bueno, Castella cortara una oreja que se pidió por mayoría; eso también es cierto.
La oreja, bajo mínimos muy mínimos, sin peso, del torero francés significó sin embargo “abrir la lata” de la generosidad.
Manzanares pudo cortar la suya por una faena compuesta y con ritmo y son, pero de más a menos, a otro buen toro de Juan Pedro, si bien la obra del alicantino tuvo más prestancia y solvencia. La remató de un “sopapo” espectacular pero se le fue la mano a un ladito.
Lo mejor llegó en el sexto con toro de Parladé, manso pero encastado, que transmitía mucho.
Talavante lo vio claro. Le consintió la querencia, y allí fue reduciendo la brusquedad del animal hasta hacerse el amo de la situación por valor, técnica, mando, temple y sentido de distancias y terrenos. La faena, por sí misma, y por como iba la tarde, olía a Puerta Grande, pero la suerte de matar le fue esquiva (por su culpa) y el descabello también. No obstante dio una vuelta al ruedo.
Rejones para la reflexión
Se prometía apasionante el encuentro entre Hermoso y Ventura. Pero sortearon desigual.
El navarro con dos toros, uno soso y el otro manso y aquerenciado, tiró de plantilla con “Chenel” e “Icaro” haciendo el gasto y “Pirata”, alardes finales y rejón de muerte, como montura polivalente para los dos. Pudo cortar oreja en su primero tras una labor de torero a caballo impecable pero se le fue el rejón. En el otro, consumada maestría ante toro deslucido.
Ventura desplegó toda su fuerza con “Nazarí” y “Distinto” ante un toro bueno que se vino algo abajo. El sexto no era gran cosa, pero Ventura le dio su sitio y puso la chispa que al animal le faltaba, “Morante” y la decisión de “Califa” a la hora de la muerte fueron capitales para cobrar otra oreja y salir por la PG.
Bohórquez anduvo muy impreciso toda la tarde, voluntarioso sí, y no cuajó un excelente cuarto ejemplar con el hierro de San Pelayo que completaba la corrida de los “primeros colores”, Carmen Lorenzo; o sea Niño de la Capea.
Novillos y novilleros de otros tiempos
Tras la “cuvillada”, “vazcada”, “choperada”; “vetarinarios” y “un hombre llamado Trinidad” que presidió el domingo, llegaba la novillada de Flor de Jara. Dura, dura. En santa Coloma, pero más altos de cruz y sin humillar, salvo el sexto, un noble ejemplar en el que se pudo redimir Manuel Larios, corto de oficio y ánimo que había hecho aguas en su primero y en el que mató por cogida de Jiménez Fortes.
Tanto Jiménez Fortes como Víctor Barrio nos transportaron al pasado cuando los novilleros querían ser por encima de todo. Ambos con valor, sin excentricidades, variados en interpretar suertes, excelentes con el capote, y una desmedida ambición con maneras y conceptos exquisitos dieron una tarde de emociones y grandeza de Fiesta.
Lástima la cogida de Fortes y la espada de Barrio que pudo depararle trofeos o algo más.
¡Que se repita! Y ¡que los repitan!
La “semana fantástica de Las Ventas”, con sus descuentos, promociones y rebajas, naturalmente.