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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 9 de mayo de 2016

3ª de San Isidro en Madrid. Juan Bautista Jalabert ha cuajado en gran torero / por J.A. del Moral


Un imponente corridón que, claro, José Tomás no verá ni en pintura. Pero de esto no hay la más mínima noticia en los telediarios. Como tampoco de la completa actuación que cuajó ayer el espada francés Juan Bautista Jalabert. Salvo sus fallos al matar en el cuarto toro, me encantó. Lo mismo que al público que soportó una tarde realmente invernal tras una jornada muy lluviosa que dejó hecho un barrizal el ruedo de Las Ventas


 Juan Bautista Jalabert ha cuajado en gran torero

J.A. del Moral· 09/05/2016
Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo 8 de abril de 2016. Tercera de feria. Tarde muy fresca, nublada y amenazante tras mañana muy lluviosa con media entrada muy repartida.

Seis toros de Montealto con gran presencia en distintos tipos y pelaje. Dieron juego desigual. El primero fue noble y con clase. Escaso de fuerza y manseando salió el segundo que también fue noble aunque tardeó yendo a menos. Mermado de fuerza y noble aunque muy a menos hasta pararse el tercero. Bravucón y manejable sin clase y con guasa intermitente el cuarto. Cumplió en el caballo manseando el quinto que fue muy corto de viajes hasta pararse. Y muy huidizo sin parar de ir de un lado a otro el bravucón sexto que resultó muy difícil en la muleta.

Juan Bautista Jalabert (avellana y oro con remetes negros): Estocada recibiendo, oreja. Dos pinchazos y estocada caída, ovación.
Morenito de Aranda (avellana y oro): Estocada, petición insuficiente, dos avisos y gran ovación. Estocada corta caída tendida y descabello, ovación.
José Manuel Mas (lila y oro): Estocada y tres descabellos, palmas. Siete pinchazos y tres descabellos, tres avisos y silencio.



Inevitable referirme para empezar a la enésima mini- reaparición de José Tomás de antier mismo en Jerez de la Frontera. Escenario elegido esta vez por el de Galapagar para satisfacción de sus miles de incondicionales, contagiados irremediablemente por la enfermedad más singular de la historia del toreo, la Tomatosis.

Anteanoche me despertaron varios amigos mientras intentaba conciliar el sueño. Me preguntaban curiosones por lo de Tomás en Jerez. Ni idea… Solo sé que cortó tres orejas y un rabo.
No quise, ni pude ir a Jerez como tampoco ver la primera de rejones en Madrid. Obligaciones gozosamente familiares lo impidieron. Pero nada más despertar, acudí a la prensa de alto copete y me di de bruces con quien tanto le adoró incondicionalmente durante años hasta que dejó de hacerlo. 
Esta vez ha llamado “emérito” a Tomás, tanto en titulares como en el texto, jugando con la presencia en las barreras del coso jerezano de Don Juan Carlos que lo vio en barrera junto a su hija, la Infanta Elena. Convengamos que lo de “emérito” dedicado a José Tomás fue un gran hallazgo literario…Lo dice todo. 

Entre líneas, también dejó entrever la ínfima pequeñez del toro del que cortó las dos orejas y el rabo, definiendo tan extrema concesión de los tres despojos como “sobredimensionados”. Luego de matar de estocada atravesada al quinto Cuvillo, también comentó sobre el solitario trofeo obtenido como “otra oreja muy fan y más palmas por bulerías que casi sonaban guiri”.

Total, que la cosa no debió ser para tanto…Yo lo habría dicho más claro según mi costumbre de al pan, pan, y al vino, vino…
Anteanoche también tronaron tomatóxicos los telediarios. Como siempre con el galapagarino cada vez que sale de sus ostracismos. Un privilegio que viene disfrutando casi en exclusiva quien tantos consideran como paradigmático y ejemplar…

Y pregunto otra vez: ¿Si tan ejemplar es el sujeto más sobrevalorado de la historia del toreo, qué sería de la Fiesta y de cada temporada si las demás figuras hicieran lo mismo que Tomás? Pues que nadie hallaría modo ni manera de organizar debidamente las ferias de cada temporada. Díganme qué ocurriría si Ponce, El Juli, Morante, Manzanares, Perera, Talavante y los ahora emergentes nuevos ídolos solamente actuaran en unas poquitas plazas de inferior categoría y mínima exigencia respecto a las reses y al comportamiento del público…

Yo no veré nunca más in situ a José Tomás salvo que actúe en una de las ferias a las que voy. Pero hacer viajes ex profeso, ni uno, oigan. Y no tanto por el torero que vi en los videos de ayer como dio un ramillete de naturales antológicos aunque lo demás no fue para tanto, sino por sus fervorosos e inaguantables adoradores y, sobre todo, por la mafiosa organización que le dirige y le protege.

Hace años fui gravísima víctima de estos últimos – no sé si por orden del jefe supremo – cuando, en el diario donde escribía, alguien que repartía a los medios la publicidad de una multinacional amenazó con retirarla del mío si un servidor continuaba escribiendo con libertad e independencia sobre José Tomás. Escandaloso asunto que me obligó a verle “sin” verlo cada vez que me lo encontré. Y me sentí violado, traicionado, limitado, despreciado, insultado e inutilizado… Qué asco más grande, Dios mío… ¡Váyanse todos los implicados al carajo!

Pero bueno, otra vez el radical contraste ganadero de las corridas que se lidian en Las Ventas como la de ayer de Montealto. Un imponente corridón que, claro, José Tomás no verá ni en pintura. Pero de esto no hay la más mínima noticia en los telediarios. Como tampoco de la completa actuación que cuajó ayer el espada francés Juan Bautista Jalabert. Salvo sus fallos al matar en el cuarto toro, me encantó. Lo mismo que al público que soportó una tarde realmente invernal tras una jornada muy lluviosa que dejó hecho un barrizal el ruedo de Las Ventas. Muchos creímos que se suspendería el festejo. Pero se celebró con más de media hora de retraso, una vez restaurado el ruedo que terminó pareciendo un patatal. Sin embargo, los toreros dieron la venia y se echaron adelante con todas sus consecuencias.


Dio gusto ver a Juan Bautista tan seguro, tan sereno, sin un solo gesto de contrariedad ni de padecer la menor duda mientras lidió y toreó a sus dos enemigos. Ya ha desaparecido aquella frialdad que desmerecía muchas veces las faenas de Juan Bautista salvo en algunas celebradas ocasiones como aquella de la Feria de Otoño de 2007 cuando le cortó dos orejas a un torazo de Puerto de San Lorenzo y de cuya actuación escribí una crónica titulada “Juan Bautista convierte en Versalles el ruedo de Las Ventas”.
A lo largo de sus 17 años de alternativa, Juan Bautista ha cuajado en gran torero y bien que lo demostró ayer. Tanto con el enclasado animal que abrió plaza como con el más complicado cuarto. Muy bien en los recibos con el capote y aun mejor en sus faenas de muleta. Las distintas condiciones de los toros de su lote nos dieron la oportunidad de comprobar la bondad de las cualidades y de las calidades del torero galo que, mira por donde, hasta ha llegado a gustarme más que Sebastián Castella.

La faena al excelente primer toro fue de esas que convencen totalmente por su planteamiento técnico y por su solución artística que en este ya cuajado Juan Bautista fue un dechado de naturalidad torera clásica y por ello eterna. Su facilidad corrió pareja con su eficacia tanto por redondos como al natural, salpicados con remates de pecho y con detalles de enjundia en los adornos hasta que llego el momento de cerrar con la más suprema suerte de matar, una fenomenal estocada en la suerte de recibir. Para mí, esta faena y esa estocada fue merecedora de dos orejas. Quizá en tarde con sol, con calor y con la plaza llena, las hubiera cortado.


Otra podría haber conseguido Juan Bautista de haber matado pronto y bien el más difícil cuarto. Un imponentísimo ejemplar que en su salida apretó mucho para dentro y no paró de ir de un lado a otro antes y después de mostrarse bravucón en el caballo sobre el que lo bordó el piquero Paco María. Con la muleta, Juan Bautista resolvió segurísimo y solvente de todos los problemas que planteó este animal que pareció en sus manos más fácil de lo que fue en su cruda y dura realidad. Fue una pena que con la espada no anduviera tan confiado como lo había estado antes. Pero bueno. Ahí quedó la tarde del espada francés, dignísimo vástago de la gran familia de los Jalabert. Enhorabuena.


No le fue a la zaga aunque sin tanta rotundidad como la de Juan Bautista la actuación de Morenito de Aranda. Otro torero que, poco a poco, va avanzando con notables progresos. Muy resuelto anduvo toda la tarde. Desde su recibo a porta gayola al segundo toro hasta superar totalmente la terrible cogida que sufrió en plena faena de muleta. Un palizón que en principio alarmó por la aparatosidad del percance y por el destrozo total de su taleguilla que se remedió calzándose un vaquero recortado. Pantalón del valor que ayer derrochó Morenito a lo largo de su tarde. Fue una lástima que después de andar tan a gusto y tan incondicionalmente dispuesto y sobrepuesto a la tremenda cogida que, tras la estocada, el toro no cesara de huir, lo que hizo pasar el tiempo hasta matarlo definitivamente. Si el toro hubiera doblado antes, muy posiblemente hubiera sido premiado con una oreja.

También anduvo Morenito dispuesto a todo con el mucho más difícil quinto. Un manso con poder que llegó a la muleta cortísimo de viajes que imposibilitó el lucimiento del burgalés pero no que volviera a demostrar que le sobran redaños.

José Manuel Mas completó el cartel en una reaparición admirable tras muchos años de ostracismo. Apenas se le notó haber estado tanto tiempo sin torear. Aunque su lote fue el peor, solventó la papeleta con gran dignidad salvo a la hora de matar al pésimo sexto y último de la tarde. Pinchó tantas veces con los aceros que tuvo la desgracia de escuchar los tres avisos.

Ya se había hecho la noche y salimos de la plaza como si fuéramos a la Misa del Gallo. Una noche invernal que nos llegó tras ver una corrida francamente interesante.