la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 13 de mayo de 2016

7ª de San Isidro en Madrid. El Capea pega un escandaloso petardo, Morenito de Aranda da su techo con un toro de revolución y Gonzalo Caballero cae gravemente herido / por J. A. del Moral



"...quiero hacerme agradecido eco de las muchas llamadas que recibí ayer en las que me han dicho que la mayor parte de la crítica ha tapado el petardo que pegó Iván Fandiño antier. Allá cada cual. Yo sigo y seguiré yendo a mi aire. Como lo voy a ir ahora a sabiendas de que a unos cuantos no les va a gustar nada lo que sigue a continuación..."


Madrid. Plaza de Las Ventas. Jueves 12 de mayo de 2016. Séptima de feria. Tarde fresca y nublada con dos tercios de entrada.
Seis toros de El Ventorrillo, bien aunque desigualmente presentados y de vario juego, destacando por más difícil el peligroso primero y por mas bravo además de muy noble el también encastado quinto que fue de vacas. El segundo resultó a la par noble e incierto. El tercero fue mucho mejor por el lado derecho que por el izquierdo sacando guasa. El muy huidizo de salida y mansote en el caballo cuarto, rompió a muy manejable en la muleta. Y el sexto quedó inédito porque fue masacrado en tres puyazos tremebundos quedando agotado en el último tercio.

El Capea (nazareno y oro): Sartenazo indecoroso y tres descabellos, pitos. Pinchazo, estocada muy trasera atravesada y siete descabellos, dos avisos y bronca. Al sexto que le correspondió lidiar por la cogida de Gonzalo Caballero, estocada atravesada trasera y otra estocada trasera, gran bronca. 
Morenito de Aranda (marino y oro): Pinchazo y estocada corta tendida, aviso y palmas. Estocada corta algo atravesada que fue suficiente aunque tardando en doblar, oreja.
Gonzalo Caballero (avellana y oro): Pinchazo, otro hondo tendido, estocada y seis descabellos, gran ovación a cuenta de la grave cornada que sufrió en plena faena de muleta negándose a abandonar la lidia aunque dos de sus compañeros intentaron trasladarle sin conseguirlo. 
Fue atendido en la enfermería de una herida por asta de toro en cara interna tercio medio muslo izquierdo con dos trayectorias, una de 20 cm. hacia dentro que contornea el fémur y alcanza cara externa del mismo contusionando paquete vásculo-nervioso y produciendo destrozos en músculos vasto interno, crural y vasto externo; y otra de 15 cm. hacia fuera y ascendente que alcanza el fémur. Fue intervenido quirúrgicamente en la enfermería de la plaza de toros, pasando al hospital San Francisco de Asís con cargo a la Fraternidad. Pronóstico: Grave, que le impide continuar la lidia”. Firmado: Dr. García Padrós.

En la brega destacó José Manuel Zamorano. Y en banderillas Luís Carlos Aranda, Curro Robles y Joselito Rus.

Bajó el nivel de toreros sobre el papel con la excepción de lo que podría hacer Morenito de Aranda que llegó a la feria por segunda vez desde hace muy pocos días. El año pasado consiguió triunfar en este mismo ciclo. Pero en este hasta ayer no aunque no podamos decir que no puso mucho empeño en lograrlo en su primera corrida, pendiente de la mayor o menor suerte que tuvo ayer. La tuvo con el quinto toro y de qué modo. Un toro de los que yo llamo para cantarlo en latín. Un toro de vacas que mereció la vuelta al ruedo. No se la dieron por la injusta torpeza del palco presidencial. Morenito anduvo bien y hasta cortó una oreja – la única del festejo -, pero este toro fue de dos y hasta de rabo en plazas de provincias. No digamos si hubiera caído en manos de quien yo me sé. Lo habría indultado con absoluta seguridad.

Lo mejor que podemos decir de El Capea es que está durando más tiempo del que muchos creímos que iba a aguantar. Su carísimo parentesco por hijo de su señor padre que tantísimas pruebas que dio a lo largo de su vida de un indiscutible magisterio, tanto en la productivísima primera parte de su larga carrera como en la segunda que fue cuando toreó mejor hasta convertirse en un torero redondo y reconocido por todo el mundo, sigue siendo la única razón para que siga El Capea en activo además de tener que soportar un inevitable y costoso término de comparación. Y es que si no fuera por ser hijo del quien es, lo más seguro es que a estas alturas ya estaría en su casa. Que es lo que debería hacer tras su calamitosa actuación de ayer frente a tres toros con los que no dio pie con bola. Tanto con el peligroso animal que abrió plaza como los dos que tuvo que matar después. El último por la cogida de Gonzalo Caballero. Más adelante entraremos en materia porque no hay por donde salvar a Pedro de una quema que debía ser definitiva aunque solo sea por respeto a su padre.

La inclusión en este cartel de Gonzalo Caballero, imagino se debió a la gentileza de la empresa que ya la tuvo con él metiéndole en la pasada Feria de Otoño para sustituir al herido López Simón en fecundo recuerdo de la oreja que había cortado en una de las novilladas de la pasada feria de San Isidro. De lo que hizo ayer no me acordaré de nada si es que hizo algo que llamara la atención desde el punto de vista meramente torero. La mía, no, desde luego. Estaba por ver, pues. Y por mi parte, para examinar. 
En la corrida que nos ocupa en esta crónica anduvo lógicamente verdísimo con el mediocre tercer toro hasta el punto de resultar aparatosamente cogido y herido. Quiso permanecer en el ruedo contra toda razón dada la gravedad de sus heridas y lo pasó muy mal en sus intentos de matar al animal. La gran ovación que escuchó mientras lo llevaron a la enfermería fue por el gesto tuvo permaneciendo en el ruedo, que no por cuanto hizo.

Pero antes de empezar con el grueso de la materia que ocupa esta crónica, quiero hacerme agradecido eco de las muchas llamadas que recibí ayer en las que me han dicho que la mayor parte de la crítica ha tapado el petardo que pegó Iván Fandiño antier. Allá cada cual. Yo sigo y seguiré yendo a mi aire. Como lo voy a ir ahora a sabiendas de que a unos cuantos no les va a gustar nada lo que sigue a continuación.



Por lo que respecta a la calamitosa actuación de El Capea, vayamos por partes. Es verdad que su primer toro tuvo intenciones criminales desde que salió. Razón por la que su picador procedió a castigarle con dos puyazos demoledores que, sin embargo, no lograron aplacar la peligrosa violencia del animal. Pese a ello, el peón Luis Carlos Aranda consiguió poner un buen par de banderillas. 
Lo que no me explico es por qué El Capea brindó al público una faena en la que no pudo aquietarse una sola vez en su también inexplicable intento de muletear formalmente, cuando lo que procedía era machetear con valiente determinación sobre las piernas todo lo que hubiera hecho falta hasta matarlo. Lo hizo al final de intentarlo con las dos manos cayendo en el más espantoso de los ridículos. Hubo un momento en el que hizo un gesto de desprecio no sé si queriendo quitar importancia al barrabás que le estaba trayendo por la calle de la amargura o hacia los espectadores que le estaban recriminando su asustadísimo proceder. La bronca se desató con fuerza tras varias agresiones con el descabello después del horrible sartenazo que pegó con la espada.

Pero lo peor no fue esto. Lo peor es lo rematadamente mal que anduvo con su siguiente enemigo que para la muleta fue infinitamente mejor y, desde luego, más toreable que el primero. Muy huidizo de salida y manso en varas, en el quite que hizo Morenito vimos perfectamente que el toro iba a ser más que manejable en el último tercio. En banderillas lo vimos todos. Joselito Rus también en su buena intervención con los palos. Y, por supuesto, también Pedro debió percibirse de ello porque volvió a brindar al público, imagino que en su intención de desquitarse del viacrucis que había padecido antes. Pero, increíblemente, volvió a padecerlo en una faena de bienintencionado carácter formal sobre la mano derecha que fue el lado mejor del animal sin conseguir serenarse ni templarse lo más mínimo dando banderazo tras banderazo con una vulgaridad aplastante. Lo peor con este toro, sin embargo, llegó a la hora de matar. Pinchazo, estocada muy trasera y sainete con el descabello hasta tener que escuchar dos avisos al mismo borde del tercer recado. Otro desastre, pues.

Y otro más que, para disgusto de todos, presentimos se iba a repetir con el sexto que le correspondió lidiar y matar por la cogida de Gonzalo Caballero. Y así fue pese a la aviesa intención del picador que, a sabiendas de que quien tenía que hacerse cargo de torear con la muleta y de matar el toro era su feje. Y se lo mató en tres puyazos absolutamente criminales que desataron la enojada furia del público. En la faena o lo que fuera aquello, gran parte de los espectadores se tomaron a cachondeo con oles de guasa todos los pases que Pedro intentó dar con la izquierda mientras otros gritaban a coro “!fuera, fuera, fuera, fuera…! hasta que llegó el muy distante macheteo con que dio fin al horrible trasteo. Una estocada defectuosísima no dio muerte al animal e impidió que Pedro volviera a intentarlo con otra agresión que tardó en llegar hasta que un peón logró extraer el estoque desde dentro del callejón. Nunca habíamos visto cosa parecida. Menos mal que el toro dobló finalmente tras el segundo espadazo que no impidió que Pedro tuviera que escuchar otra monumental bronca.


Como seria de escandaloso el ambiente provocado por la impotencia de El Capea, que hasta tapó el único momento feliz de la tarde a cargo de Morenito de Aranda con el magnífico quinto toro. Antes, en su primer turno con el segundo de la corrida, vimos que Morenito venía a por todas para remediar su vacía actuación anterior. Lo saludó con una larga a porta gayola moderna – ahora todos las pegan muy distanciados de la puerta de chiqueros – a la que siguieron un ramillete de lances de menor a mayor factura. El toro los tomó con nobleza. Como también en los excelentes capotazos de Zamorano en la brega del tercio de banderillas tras una suerte de varas de equivocado planteamiento porque, cuando un toro sale tal suelto como este del primer encuentro con el caballo y se va al otro lado de la plaza, es mejor dejar que se pique solo con el caballo que está haciendo puerta evitando así tener que dar más capotazos para devolverlo al de tanda. Y esto sucede muchas veces actualmente.

¿Es que no había nadie que le dijera al matador que esto es lo que más conviene cuando sucede? A Morenito le apodera ahora José Ortega Cano y tendría que ser el de Cartagena quien se lo advirtiera. ¿O no? Bueno, dejémoslo ahí.


A la bien intencionada faena de Morenito le faltó templar y le sobaron muchos, demasiados enganchones. Le faltó mandar en el toro, en definitiva. Porque para mandar hay que templar y sin temple no se manda nada. Que es lo que le ocurrió a Morenito en la mayoría de los redondos que compusieron el grueso del trasteo. Por prolongarlo en demasía escuchó un aviso antes de matar de pinchazo y estocada corta tendida.

La segunda actuación de Morenito fue triunfal. Por fin cortó una oreja. Pero este maravilloso ejemplar llamado “Chocolatero” – mi enhorabuena al ganadero – fue de dos y, como ya he dicho, hasta de rabo y de indulto de haber caído en manos más expertas y sobre todo en manos más capaces de torear con el alma, no solo con el cuerpo. Ello no quita para que elogiemos a Morenito por su empeño y por su entusiasta labor muletera sabiendo lo que tenía enfrente. Dio todo lo que este torero es capaz de dar. No se pueden pedir peras al olmo. Dio su techo artístico que no es precisamente alto. Por poner algún pero, señalemos lo muy acelerado que toreó en no pocos muletazos. Eso sí, las tandas fueron intensas y muy bien ligadas, sobre todo las que dio con la mano derecha aunque no faltaron los naturales largos, como los excelentes de pecho, además de un final por ayudados, trincheras y desdenes hasta matar de estocada corta trasera que, por fortuna, fue suficiente para que doblara el magnífico ejemplar.


Fue una verdadera pena que este triunfo tan celebrado de Morenito quedara un tanto sepultado por el petardazo de El Capea. La gente no salió de la plaza tan contenta como hubiera salido de no haber tenido que sufrir lo indecible con Pedrito Gutiérrez Lorenzo que, repito otra vez, lo mejor que puede hacer es cortarse la coleta definitivamente y no dar más disgustos a su familia y a todos los que tanto apreciamos y admiramos a su padre.