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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 14 de febrero de 2023

Segundas partes / por Pla Ventura


"...Es difícil, por lo que veo, que los toreros sepan adivinar el momento de su retirada o, como es el caso, de este hombre que tanta verdad nos regaló pero que, su tiempo ya pasó. Nunca debió regresar porque, lo que haga, como explico, siempre será en detrimento de otros diestros que, por juventud y condiciones lo merecen como lo mereció él en su momento. Si a El Cid no le hubieran dejado paso en su momento ahora no estaríamos hablando de él, por tanto, debe de aplicarse la lección..."

Segundas partes
Pla Ventura
Toros de Lidia/14 febrero, 2023
Ya lo dice el refranero español que, como es notorio, emana de la sabiduría popular y, en uno de aquellos nos recuerda que, nunca segundas partes fueron buenas y, si profundizamos en la raíz del pueblo, su palabra siempre acierta. Este aserto se lo atribuimos a El Cid y lo entenderemos perfectamente.

Lo dije en su momento y, desdichadamente, acerté. El Cid nunca debió volver porque nadie le había llamado y, lo que es peor, pese a ser un gran diestro jamás dejó estela de torero de leyenda, razón de mucho peso que nos indicaba que, su vuelta sería un fracaso rotundo y los hechos consumados han certificado todo lo que dije en su momento.

Manuel Jesús Cid no es Talavante, las pruebas son contundentes. Claro que, la pregunta es obligada, ¿quién le había pedido a este hombre que regresara a los ruedos? Vamos que, si en los últimos cinco años de su carrera se los pasó mendigando lo que no está en los escritos, arrastrando miserias y toreando por lo que le querían dar. Siendo así, ¿qué fuerza tenía este hombre para volver? ¡Ninguna! Lo lógico hubiera sido quedarse en casa disfrutando de todo lo que tan honradamente ha ganado y disfrutar de su familia.

Pese a las tres mil trabas que los toreros encuentran en sus carreras, es el tiempo el que les retira y, el de El Cid ya pasó, pero hace ya bastantes años. Sospecho que alguien le aconsejó mal, al tiempo que él tampoco reflexionó mucho. Fijémonos que, se han dado los carteles de un montón de ferias y, El Cid solo aparece una tarde en Sevilla con los toros de Victorino Martín. Por no atenderle, hasta se le ha obviado en Madrid que, como sabemos, era su plaza talismán, errores con la espada al margen.

Es cierto que, si este gran torero lo que quería era matar el gusanillo por vestirse de torero, para eso están los festivales en los que participó el año pasado pero, de ahí a retornar con vitola de torero importante eso ya es parte de la historia que, como es natural y justo, este diestro ya cumplió su papel en los años que estuvo en activo pero, insisto, nadie le dijo que volviera. Ahora, como vemos por ahí, llegan los lamentos que, en realidad solo certifican la soledad del diestro de Salteras.

Es triste que, lo de El Cid haya sido todo un intento baldío porque, en realidad, tampoco podía ser de otra manera. Y lo digo convencido porque un hombre como él, con la vida arreglada para siempre gracias a su esfuerzo titánico en los ruedos, volver ahora para quitarles oportunidades a otros chicos que empiezan y sueñan con la gloria, me parece un dislate tremendo lo del diestro de Salteras.

Es difícil, por lo que veo, que los toreros sepan adivinar el momento de su retirada o, como es el caso, de este hombre que tanta verdad nos regaló pero que, su tiempo ya pasó. Nunca debió regresar porque, lo que haga, como explico, siempre será en detrimento de otros diestros que, por juventud y condiciones lo merecen como lo mereció él en su momento. Si a El Cid no le hubieran dejado paso en su momento ahora no estaríamos hablando de él, por tanto, debe de aplicarse la lección.

Como digo, El Cid debe de quedarse en casa, disfrutar de los suyos y volver a leer ese libro admirable que le regaló Carlos Crivell, ese gran narrador y hombre de ciencias como es el doctor Crivell que supo inmortalizarle para siempre. Sobran las palabras.

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