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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 24 de junio de 2017

A los antitaurinos / por Rafael Comino Delgado



Señores antitaurinos, la intensidad del sentimiento torero es tan grande que resulta imposible explicar a quien no lo haya experimentado. Les diría que es igual o mayor que el amor, y les preguntaría, ¿están dispuestos Vds. a dar su vida para defender a los animales? Si contestan háganlo con sinceridad.

A los antitaurinos

Rafael Comino Delgado
Me dirijo a todos Vds., pero con especial atención a todos los que han publicado comentarios incalificables, degradantes para quien los publica, sobre la muerte del maestro Iván Fandiño.

Han escrito cosas muy duras, durísimas; podríamos resumir en que habitualmente nos desean la muerte y nos llaman asesinos y torturadores, tal vez como lo más suave, a todos los taurinos, y sinceramente creo que se equivocan en lo que piensan y en cómo actúan, y ello por lo siguiente:

1)Todos los toreros y todos los taurinos somos humanos, igual que Vds., somos de la misma especie, somos animales racionales, con capacidad de pensar, de discernir y libertad para actuar de una forma u otra, lo que los animales irracionales no tienen, aunque puedan ser sus mascotas y les quieran mucho. Todo ser humano por el hecho de serlo tiene dignidad, por muy perverso que sea, pero los animales irracionales no la tienen, ni nunca la tendrán precisamente por ser irracionales, porque así lo dispuso el Creador, el que creó a los humanos y a los demás.

Por eso cuesta mucho pensar que, amparándose en el anonimato, escriban en las redes las cosas que escriben contra un ser de su misma especie. Los taurinos tenemos padres, hermanos, hijos, seres queridos, que sufren muchísimo cuando leen las cosas que Vds. dicen. Los familiares y amigos del maestro Fandiño sufren cuando se enteran de esas cosas, igual que sufrirían los familiares de un antiturino si nosotros escribiéramos lo mismo de él.

2)Nadie es un asesino por el hecho de ser taurino, pues matar un toro en la plaza es legal, porque la palabra asesino se refiere a matar con premeditación y alevosía a personas, y el toro no es una persona, es un ser vivo con capacidad de sentir, pero no es persona. 

Tal vez a Vds. les gustaría que los toros , los perros, las serpientes, las cucarachas fuesen personas, pero el Creador ha dispuesto que no, en cambio ha dispuesto que los taurinos y antitaurinos si sean personas. ¡Así es el Creador!

Por tanto matar un toro en la plaza, en una corrida no es un asesinato; además ese toro si no muere en la plaza moriría en un matadero, pero su destino es morir. El toro de lidia nace y vive para ser toreado y luego alimentar a los humanos, taurinos y antitaurinos; eso o no existir. Igual que el conejo nace, entre otras cosas, para que los zorros, los lobos, las águilas y otros depredadores se lo coman. Los insectos nacen, entre otras cosas, para que los pájaros se alimenten de ellos, etc.

Miren, el problema está en que la Naturaleza está hecha como ha querido el Creador, y aunque a los antitaurinos no les guste, nada va cambiar , la Naturaleza seguirá siendo como es, aunque particularmente pienso que está muy bien hecha, si bien respeto que puedan pensar lo contrario.

3)Los taurinos no somos torturadores porque torear un toro no es torturarle. Como seguro sabrán, torturar es provocar grave dolor físico o psicológico a alguien (persona humana, pues puede haber personas jurídicas) con el fin de obtener una confesión, o como medio de castigo. Lo que se le hace al toro en la lidia no tiene como fin obtener una confesión. Pero sobre todo al torturado no se le permite defenderse y el toro en la plaza puede defenderse, e incluso matar al torero. El toro es un animal vivo que siente, puede experimentar estrés y dolor, pero en la lidia ese dolor es mínimo dado su sistema neuroendocrino. Descartado que experimente sufrimiento estrictamente hablando , concepto que nos llevaría mucho exponer para que lo entendiesen. Pero seamos realistas, el estrés y el dolor son consustanciales con todos los animales racionales o irracionales. Cada cual tendrá que desempeñar en la vida el papel que le haya adjudicado la sabia Naturaleza. En fin, que lo miremos como lo miremos el toro nunca podrá ser una persona y lidiar no es torturar.

4)Los toreros son seres humanos, personas humanas, que tienen un sentimiento torero tremendamente intenso, el cual les lleva hacia el toro como atraídos por un imán. Tan fuerte e intenso es este sentimiento que supera al instinto de conservación, lleva al torero a ponerse delante del toro, con tal de poder expresar su sentimiento arriesgando su vida. Es un sentimiento por lo menos tan intenso como el que experimenta un pintor, un poeta, cualquier artista, para expresarse pero con la diferencia que el torero arriesga su vida cada vez que torea, y eso lo sabe y lo asume. Señores antitaurinos, la intensidad del sentimiento torero es tan grande que resulta imposible explicar a quien no lo haya experimentado. Les diría que es igual o mayor que el amor, y les preguntaría, ¿están dispuestos Vds. a dar su vida para defender a los animales? Si contestan háganlo con sinceridad.

Y una persona que es capaz de experimentar ese sentimiento seguro que es una persona muy sensible, tiene alma de artista. ¡Por favor, no les llamen asesinos! Si lograrán comprender (inténtelo) que el insulto, en verdad, degrada al que lo emite y no al que lo recibe, no nos insultarían tanto a los que somos taurinos. 

5)Pero es que todos los taurinos, y especialmente los toreros, amamos a los animales, y sobre todos al toro. Se lo puedo asegurar contundentemente porque lo sé, porque lo he vivido.


Sé que muchos de Vds. cuando lean este articulo, si es que lo leen, pensarán de mí y me desearán cosas malísimas, pero aun así he querido escribirlo para demostrarles razonadamente que están equivocados, que reflexionen y no nos condenen tan a la ligera, porque al fin y al cabo somos de la misma especie; solo que nosotros tenemos un sentimiento, el taurino, que Vds. no tienen. Seguro que Vds. tendrán otros que nosotros no tenemos y los respetamos, no les deseamos la muerte.