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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 19 de junio de 2017

Redada de novillos y un natural de Ángel Sánchez en domingo de luto por Fandiño / por José Ramón Márquez


Luto por Fandiño


Redada de novillos y un natural de Ángel Sánchez
 en domingo de luto por Fandiño

Hoy Las Ventas estaban tristonas y con las banderas a media asta. El alma de la Plaza, ese alma que tiene cada Plaza y que la hace distinta a las demás, se veía afligido a causa del percance de ayer y ni ganas se tenían de protestar a los novillos, ni de censurar las muchas incorrecciones en que incurrieron los novilleros, que lo de Fandiño no se iba de las cabezas. La banda del maestro Zahonero atacó las notas del pasodoble a un compás más lento, compás de luto, y las cuadrillas hicieron el paseo de manera desusadamente lenta. Todos los toreros portaban unos lacitos negros en las mangas en recuerdo del compañero caído. En el 7 sacaron durante el paseo un lienzo blanco en el que habían escrito con un spray negro: “Iván Fandiño siempre en el recuerdo de la afición”, que luego colgaron en la barandilla de la grada y ahí permaneció hasta el final del festejo. También hubo el minuto de silencio, rito perfectamente incomprensible para los indostanis que se sentaban delante de mí, y el homenaje de cada uno de los tres novilleros en el primero de sus respectivos lotes elevando la montera en dirección a la bóveda celeste desde la que se precipitaba el calor hacia la Tierra como plomo fundido, que hablan los que estuvieron del calor que hizo el día que alternaron en Sevilla Ricardo Chibanga y Curro Romero, pero me da que esto de hoy superaba con creces aquella ya remota tarde.

Para el primer domingo de después de la Feria del Isidro 2017, este año una feria espectacularmente Isidra, pelmaza y sin prácticamente interés, por más que inventen por ahí los que comen de esto, programaron la “Novillada de Triunfadores”, que a ver qué entienden los de Plaza1 por “triunfar”, que según el Diccionario es “quedar victorioso” y según Plaza1 es “a ver a quién ponemos”. De esa manera fueron designados como triunfadores, y para la cosa semoviente, que para esta no era necesario ningún triunfo y bastaba con el tradicional forro de los c… del veedor, se eligió de entre la totalidad de la geografía brava de España una corrida de don José Luis Marca que, como es bien sabido, eliminó lo anterior a mediados de los años setenta para hacerse marca blanca de juampedritis.

En cuanto al encierro algo debió pasar que no nos cuentan, porque de los novillos reseñados se aprobaron los justos para que no hubiese derecho a devolución de los boletos y hubo que acudir al remiendo, nadie sabe por qué. Si a Miura la remendaron con juampedritis, a Marca la remendaron con lozanitis, que se tuvo que venir a Madrid una yunta de El Cortijillo a ayudar a formar la canónica media docena. Por cierto, que lo de El Cortijillo parece que no tiene lo que se dice felices a los Hermanos Lozano (HL) y cuentan por Toledo que si alguien con cuartos y gana de gastarlos asoma por Urda, se puede llevar El Cortijillo donde le plazca y librar a sus amos HL de esa carga. Los tres primeros, los de Marca, fueron al caballo, metieron la cara abajo y empujaron dentro de sus fuerzas. Los dos primeros fueron, además de jaboneros, la enciclopedia ilustrada de la embestida. El tercero, de bonito tranco al principio, se cansó y se quedó marmolillo o broncecillo, vamos, que no era capaz de dar un paso adelante después de tanto capoteo y picoteo. El cuarto, de Marca, fue muy manso en los primeros tercios y en la muleta ya no le dio por huir tanto y planteó unas embestidas de gran vibración, siendo el toro más interesante de la corrida por lo cambiante de su actitud y por su final embestidor, Aguaclara I, número 6, de bonita capa castaña. Y ya como colofón con la mitad del público fuera de la Plaza y la canícula de junio como dueña y señora de la tarde, asomaron los dos cortijillos, abantos y mansos en distinta graduación, a decir “¡Aquí estoy yo!”.

A Ángel Jiménez le engañaron entre don Justo Polo y Joselito Calderón dándole una orejilla de papel maché a costa de un revolcón en la novillada del Conde de Mayalde, y eso debe ser lo que le granjeó su puesto en la corrida de hoy. La de Mayalde salió de dulce para el torero y el primero de hoy, salvo por la espantosa capa jabonera sucia, fue el sueño con el que habría fantaseado Jiménez en los días anteriores a la corrida. No aburriremos al paciente lector pormenorizando la secuencia de cites con el pico, toreo despegadísimo, y carreritas, a fin de cuentas es lo de todos los días y también lo de las llamadas figuras, lo peor de todo, y si acaso alguien próximo a él llegase a leer esto que le avise por favor, es la gritería que monta en cada cite, en cada pase, en cada pase que no llega a ser, constantemente: ¡eh!, ¡ah!, ¡Aaaaaa!, ¡uh!, así la faena entera, como un concierto de música dodecafónica, un horror, y la faena más larga que la infancia de un pobre, que hasta sonó el aviso y Jiménez seguía berreando ¡Aaaah!, ¡Uhu!, ¡Ehehe! En su segundo, el castaño, repitió sus Variaciones Goldberg del berrido, sujetó al novillo en el 9 sin que el animal se escapase y aprovechó alguna de las embestidas de Aguaclara I para ligar un par de muletazos -imagine el lector la factura de los mismos-, que inmediatamente fueron jaleados por el público ansioso de ver algo.

Ángel Sánchez sorteó a Aguaclara II, número 28, jabonero claro, que mira que es fea esa capa. Otra máquina de embestir ante la que Sánchez no fue capaz de poner en marcha los resortes que le valieron su presencia en esta tarde, tal y como dicen que estuvo el 2 de abril con los de La Quinta, que no vi. Diremos en lo bueno que Ángel Sánchez tiene aire de torero y que probablemente de ahí saldría un torero, y en lo malo que lo que a su buena planta y forma de estar en la Plaza no va nada es el toreo afuerístico, el cite ventajista y deplorable, la falta de ganas de torear hacia adelante, de asumir el riesgo que hace grande el toreo, frente a la inanidad acomodaticia del toreo de ventaja de cada día. A Ángel Sánchez en su primero se debe el único momento de esplendor de la tarde, taurinamente hablando: un natural, un solitario y excelso natural largo y encajado, con el toro entero pasando hasta donde se le manda, un fulgor brevísimo del toreo bueno, luego empantanado en vulgaridad y ventaja, en ventaja y vulgaridad. El quinto, manso Cortijillo, pedía más oficio y no regalaba nada. Ahí Sánchez estuvo trasteando sin que nada de su labor llegase al tendido ni al duro corazón del aficionado. Si desarrolla su personalidad y se va al buen camino aquí podría haber torero. Apetece volver a verle.

Jesús Enrique Colombo estuvo toda la tarde demostrando enormes ganas de agradar, entrando en quites, colocando el toro al penco con soltura y desparpajo, poniendo banderillas -aunque eso no parece ser su fuerte- y animando al tendido cuando el tendido no se animaba por sí solo. El primero que sorteó, un precioso novillo salpicado, se quedó como hecho de arcilla en el último tercio y Colombo abrevió sin que nadie le censurase su actitud. El novillo no tenía literalmente un pase, aunque allí hubiese estado Damaso González. Su segundo es otro manso al que Colombo recibe con unos toreros doblones y cambio de manos antes de organizar la faena en la que sobre las condiciones bobaliconas del novillo siempre está el ansia del novillero por no dejar pasar la ocasión. A veces embarullado, a veces con trallazos, quedan sobre todo las ganas de agradar y de que no se pase el tren. Los que le rodean deberían insistirle en la crucial diferencia que existe entre torear y dar pases. Le dieron la oreja, pero ya se sabe que las han devaluado de tal manera que una oreja no es absolutamente nada, que se lo digan a Ángel Jiménez o la los cuatro que en el tendido 6, a pleno sol, agitaban la pancarta que decía: “Juan Miguel. Única oreja San Isidro 2017”

Padrenuestro de la nada

Pancartas