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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 21 de julio de 2017

2ª de feria en Mont de Marsan. Decepcionantes Cuvillos, fatales espadas y solo una oreja para Ginés Marín / por J.A. del Moral




Decepcionantes Cuvillos, fatales espadas 
y solo una oreja para Ginés Marín

J.A. del Moral · 21/07/2017
La que podría haber sido una tarde redonda, quedó diezmada y en gran parte frustrada. Con lleno y muchas nubes sobre la capital de Las Landas, fallaron cuatro de los seis toros de Núñez del Cuvillo con desigual presentación. Con dos de estos, Enrique Ponce se inventó dos faenas.


La primera, echándole templado son a la desesperante sosería del animal. La segunda, extrayendo el máximo partido de la nada porque una cosa es sacar de un toro lo poco que tiene y otra conseguirlo de lo que no tenía que eso fue lo que llevó a cabo el gran maestro en una demostración más de su inimitable y eterno magisterio. Pero en ambos oponentes falló a espadas y la que para él podría haber sido una tarde grata quedó prendida del vacío y de sendos silencios con aviso incluido.


El ovacionado recibimiento al valenciano tras deshacerse el paseíllo por el inolvidable recuerdo de sus grandes triunfos en esta plaza, no se repitió después. Durante la muy silente faena con el primer toro, la gran Orcresta Montois se esmeró en la interpretación de la “Leyenda del Beso”. Fue una delicia escucharla.


Hasta dos posibles orejas podría haber cortado Alejandro Talavante del quinto toro que cumplió el refrán gracias a una muy larga y gran labor muletera en la que sobresalió quintaesenciado su dorado toreo al natural tras ligar un par de tandas por sedosos redondos.


El muy grato eco del estupendo trasteo salpimentado con el hallazgo de no pocos detalles y adornos, quedó paliado por las varias agresiones que el extremeño necesitó para dar muerte a su mejor oponente. Con el mal por muy blando y protestón segundo que terminó echándose gracias a una estocada corta, tendida y algo atravesada tras levantarlo el puntillero, Alejandro no pasó de discreto en su deslucido quehacer.


Aunque ya había triunfado en dos novilladas, debutó como matador de toros el gran novel, Ginés Marín. La protestada invalidez desatendida por la presidencia del tercer toro apenas permitió vislumbrar sus excelentes maneras. Las halló con gran celebración del cónclave frente al bastante mejor sexto que mejoró en sus manos hasta terminar con arriesgadas y emocionantes manoletinas, mas un estoconazo hasta las cintas, consiguiendo la única oreja de la tarde.

De entre el peonaje, sobresalieron muy destacados en la brega y en algunos pares Mariano de la Viña, Juan José Trujillo y Fini.