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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 27 de julio de 2017

Morigeración desaforada / Por Jorge Arturo Díaz Reyes.


El odio a lo que se ignora, el falso moralismo de proclamarse los buenos y la hipocresía de fingir lo que no son. Tanto en lo uno como en lo otro. Porque si algo le ha hecho daño a la izquierda real en la historia (más que la derecha) es el oportunismo de quienes toman su retórica para disfrazar apetitos autoritarios. Cómo les asoma la enagua en todo esto. Oyen la palabra tauromaquia y echan mano a la pistola… legislativa.

Morigeración desaforada
Jorge Arturo Díaz Reyes 
Cali, 25 de julio 2017
Desafiando la constitución, políticos antitaurinos alcanzaron una mayoría circunstancial en el parlamento balear y aprovecharon para legislar la corrida sin tercio de varas, tercio de banderillas ni tercio de muerte.

Además de otras restricciones como: un máximo de tres toros por festejo, edad mínima de 18 años para espectadores y lidiadores, prohibición de beber vino y otros licores, así como controles antidoping (de orina) para toros y toreros.

Por la vía de una supuesta “morigeración” se ha decretado la negación del rito; la muerte ceremonial del toro. Por supuesto fueron menos radicales que el ministro colombiano (“liberal”), cuyo proyecto de un plumazo “prohíbe la tauromaquia en todo el territorio nacional”. Pero eufemismo más, eufemismo menos, es lo mismo. La eliminación arbitraria de una expresión cultural, creada y mantenida secularmente por el pueblo. ¡Pum! Desde arriba.

Definitivamente, hablando de cultura, quizás uno sepa de qué habla, pero no de qué hablan los demás. Ni qué se traen entre manos. “Cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola” decía el mariscal Göring, o muchos otros, pues la frase que no tiene paternidad precisa, por socorrida entre gentes de todas las ideologías, forma parte ya del acervo universal.

Que los parlamentarios prohibicionistas tengan en común el animalismo y la vitola (que no la miga) de “izquierdistas” no es extraño. Esa revoltura populista da rentabilidad. Los que pusieron la bomba en la Plaza de Santamaría en febrero pasado también la tienen.

El odio a lo que se ignora, el falso moralismo de proclamarse los buenos y la hipocresía de fingir lo que no son. Tanto en lo uno como en lo otro. Porque si algo le ha hecho daño a la izquierda real en la historia (más que la derecha) es el oportunismo de quienes toman su retórica para disfrazar apetitos autoritarios. Cómo les asoma la enagua en todo esto. Oyen la palabra tauromaquia y echan mano a la pistola… legislativa.

Pero volviendo a la “morigeración”, impuesta por los desaforados. En Colombia, donde ya un perro puso una demanda y la firmó con la pata, vamos peor. Acá parece que no la promoverían los antitaurinos sino algunos taurinos intimidados, quienes ingenuamente creen que cediendo principios pueden aplacar a los animalistas.

Tendrían que haber estado hace cinco meses en la plaza de Bogotá para saber lo razonables que son. Lo que hay que morigerar es el autoritarismo irracional.