la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 14 de julio de 2017

Masonería y satanismo son una misma cosa (III). Y entonces llegó la papisa Hillary.



El pueblo norteamericano, en verdad acertó 
al elegir al grosero Trump como presidente.
  • La misma que quiere acabar con la Iglesia con la creación de la religión global obligatoria.
  • Y a fuerza, oiga, bajo coacción de los gobiernos.
  • ¿Comprenden ahora por qué debemos mimar a Donald Trump?
  • El pueblo norteamericano acertó al elegir al grosero de Donald como presidente.
  • Con Hillary venía el imperio del satanismo puro y duro.

Masonería y satanismo son una misma cosa (III). 
Y entonces llegó la papisa Hillary.

Analizábamos ayer cómo adoran los masones a Baphomet, un cabrón con muy malas intenciones, de la mano de Alberto Bárcena, autor de Iglesia y Masonería, las dos ciudades, un libro para leer y releer. Ahora bien, filosóficamente, ¿qué es la masonería? Pues no es otra cosa que el viejo gnosticismo, la vieja gnosis. En plata, la puñetera soberbia humana.

Hablamos de la herejía opuesta al materialismo, del espiritualismo orgulloso -los puros y los impuros- elitista, amiga de la segregación entre superiores e inferiores, cruel, estúpido… que a punto estuvo de acabar con la Iglesia antigua. Hablamos de la gnosis de los cátaros, aquel antipático partido obsesionado con destruir el ‘joie de vivre’ y la superior alegría del perdón de Dios.

Juan Pablo II advertía contra el renacimiento de la gnosis, es decir, de la masonería, en forma de la ‘new age’: “cuestión aparte es el renacimiento de las antiguas ideas gnósticas, en forma de la llamada ‘new age’, de origen masónico, esa postura que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba tergiversando su palabra”.

El recientemente fallecido Juan Claudio Sanahuja, uno de los grandes expertos en el masónico Nuevo Orden Mundial (NOM) se refería a la “nueva Era” como el de la nueva religión planetaria que preconizaba el mundialismo masónico, religión, no hace falta decirlo, profundamente anticristiana.

Y aquí es donde aparece nuestra Hillary Clinton, profeta del NOM, de la ‘new age’, de la masonería y del satanismo. Porque las cosas nunca pasan porque sí.

Alberto Bárcena recuerda que ambos cónyuges, Bill y Hillary, fueron becados por el famoso masón Cecil Rhodes, fundador de la Tabla Redonda, “una de las asociaciones-pantalla más peligrosas de la masonería”… y no de las más conocidas, añadiría yo.


Y así, al sistema mediático mundial ni se le ocurrió preguntarse por el significado, por otra parte meridianamente claro, de estas palabras de Hillary en campaña (no, en secreto, sino en campaña para las presidenciales): “los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”. Papisa Hillary.

Un ataque directo a la libertad religiosa (bueno, para ser claros, a la iglesia católica) sin precedentes en un líder político. Quiero decir, que Hillary, por la fuerza, aprovechando la capacidad de coacción de los gobiernos, debe “redefinir” los dogmas, es decir, crear una nueva religión.

Sería una religión sin Dios, sincrética, muy espiritualista (es decir, muy cursi), ecologista y solidaria. Mismamente lo que busca el mundialismo masónico y, atención, lo que hace 100 años que se lleva anunciando como signo de la llegada del Anticristo (sí, he dicho Anticristo, no se me revuelvan): una religión definitiva, una ética universal… título del último libro de Juan Claudio Sanahuja. Y ya ha habido intentos: por ejemplo, la Carta de la Tierra, sin ir más lejos, que fuera calificada por otra marioneta de la Masonería, Mijail Gorvachov, como los nuevos diez mandamientos. Verde y con asas.

Por eso venimos repitiendo en Hispanidad que hay que mantener en la Casa Blanca, al precio que sea, al vulgar zafio y grosero de Donald Trump.

Grosero sí, pero no tonto en estas lides. Desde luego, no es un pensador pero su instinto le funciona. Por ejemplo, acertó de pleno cuando el arzobispo de Nueva York invitó a los dos candidatos a la Presidencia al tradicional encuentro preelectoral, Trump comentó: “Mirad a Hillary como aparenta que no odia a los católicos”.

Y en vedad, como buena satánica, los odia.

El pueblo norteamericano, en verdad acertó al elegir al grosero Trump como presidente.