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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 20 de mayo de 2018

Real Madrid 85-80 Fenerbahçe: El cielo es blanco / Por Ramón Álvarez de Mon


CAMPEÓN DE LA EUROLIGA
El Real Madrid, rey de Europa, caza la Décima

Los minutos finales fueron de infarto porque era imposible que no lo fueran. Finalmente fue de Thompkins la canasta decisiva palmeando un tiro libre fallado. La Décima siempre la recordaremos, será imposible olvidar a esta generación que tanto orgullo nos produce.


85-80: El cielo es blanco

Ramón Álvarez de Mon - 20 mayo, 201816
Hay temporadas en las que todo sale mal. Lesiones duraderas de jugadores clave, readaptación de los jugadores que vuelven, sistemas que no se consolidan, recaídas. Todo sale mal. El Madrid tenía el crédito de su afición. Se aceptaba que este año quizá no podría ser porque se sabía que se lucharía hasta el final para ir contra los elementos. Y como no sabían que era imposible, lo consiguieron.

Tras eliminar al PAOK con el favor cancha en contra, las semifinales deparaban un duelo contra el mejor equipo de la fase regular. El Madrid supo hacer un partido enorme para superar al CSKA.

La batalla contra Obradovic se presentaba como la más dura de los últimos años. Tras un inicio algo dubitativo, Doncic supo asumir sus galones. El Madrid practicaba una defensa asfixiante que maniataba al equipo turco. Taylor agobiaba a Sloukas, más tarde lo haría el Causeur que siempre le ofrecía el lado derecho al zurdo griego.

No fue el partido de Llull, pero supo encontrar su momento en el segundo cuarto. En los turcos sólo Melli sostenía el ritmo. Fue un segundo cuarto que acabó con ventaja para el Fener, que supo rentabilizar más el final del mismo.

El tercer cuarto fue el de la aparición de Causeur. Sin el acierto del francés el Madrid no habría podido adquirir una distancia que supo mantener hasta el final a pesar de que Melli seguía sacando ventaja de la defensa de ajustes blanca, que no podía llegar a todas partes, aunque poco le faltaba.

En el último cuarto, el equipo se encomendó a la defensa. Tavares, enorme, no sólo en talla, Caseur amargando a Sloukas, y Doncic con la tranquilidad que resulta impropia en un niño.

Los minutos finales fueron de infarto porque era imposible que no lo fueran. Finalmente fue de Thompkins la canasta decisiva palmeando un tiro libre fallado. La Décima siempre la recordaremos, será imposible olvidar a esta generación que tanto orgullo nos produce.