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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 26 de mayo de 2018

San Isidro'18. XV de Feria. El Camaleón da un agua a Julián en lo suyo, el neotoreo, con guirlaches de Cuvillo / por José Ramón Márquez

Naumaquia
La cosa es que hoy Cuvillo echó una corrida de ésas que decimos que “se le caen las orejas” y el hecho de que los tres actuantes no hayan conseguido un triunfo total e indiscutible les deja en muy mal papel, porque con el ganado de hoy los tres toreadores deberían haber abierto la Puerta Grande de Madrid con doce orejas en sus manos.


¡Vaya corrida para los toreros que ha echado hoy el Cuvillo! Vaya corridón, para el que en el toro busque la “toreabilidad”, esa condición del ganado de lidia que le hace ir e ir y repetir y repetir como yo repetía los cursos del Bachillerato. Uno ya no se entera de la Misa la media, pero esto que ha hecho el del Cuvillo es realmente extraordinario, que para la corrida de los figuras, la de Ferreras, Manzanares y Talavante, haya mandado, para ese cartel de toreros ricos o medio ricos y ahítos de jamón de pata negra, una corrida marcada por las indelebles señas de la blandenguería, el nulo interés por la cosa equina y, en general por el mundo de los picadores y la falta de ideas, y hoy, para el cartel de los “mataos”, mande una corrida que se mueve sin apenas blandenguería, que manifiesta cierto interés por la cosa equina y que se empeña en unas incesante persecución de las telas, que demuestra su entrega total a lo que se le diga, y su poca exigencia para sus matadores y que propone un más que notable colaboracionismo al servicio de las obras de arte que se presupone que los del estoque puedan realizar sobre bases tan sólidas.

Del megamix de sangres que conforman la cosa del Cuvillo hoy les tocó venir a Madrid a Barredor, Cacareo, Comilón, Licenciado, Pajarito y Galiano, números 42, 166, 105, 26, 40 y 29, cuya suma da 408, por si algún cabalista quiere encontrar algún rollo esotérico que explique el resultado ganadero de la tarde. Bueno, para ser exactos habría que cambiar donde pone Comilón y el número 105 por Acoplador y el número 24, que son las señas que se corresponden con el sobrero del Conde de Mayalde que hizo tercero. En ese caso avisamos que la suma da 327, que es otro número perfectamente inútil, como el anterior, pero que puede servir a alguien para hallar cosas ocultas e insondables.

La cosa es que hoy Cuvillo echó una corrida de ésas que decimos que “se le caen las orejas” y el hecho de que los tres actuantes no hayan conseguido un triunfo total e indiscutible les deja en muy mal papel, porque con el ganado de hoy los tres toreadores deberían haber abierto la Puerta Grande de Madrid con doce orejas en sus manos, lo cual habría constituido un momento único e histórico, que es lo que el hombre contemporáneo busca vivir con más ahínco. Hoy un joven mayoral se vino a Madrid con la Betacam a rodar toda la lidia y muerte de los seis cuvillos, como es costumbre en esta vacada, que se ve que el de más edad se lía con lo del Balance de Blancos y el amo Joaquín, que apuesta de manera tan decidida por las nuevas tecnologías, está moviendo el banquillo.

Para hoy estaba prevista la venida a Madrid de Juan Bautista, López Simón y Ureña, pero este último no pudo venir por haber tenido un percance en los campos de la Alcarria, en una ganadería de tercera, donde una vaca más mansa que La Vaca que Ríe le ha ocasionado un serio quebranto en sus vértebras, lo cual habla más de los que están cercas de Ureña que de la vaca o de la propia ganadería, que le mandan al campo en vísperas de su vital compromiso en Madrid de donde lo tienen que repatriar a Guadalajara en una ambulancia con destino a la UVI. Unos genios.

La sustitución de Ureña la pilló Talavante, que no debía estar en absoluto feliz con su resultado isidril, tras no rascar bola en los cuatro toros que llevaba por delante. Para hacer un poco de mofa recomendamos al lector desocupado que lea en los medios de comunicación serios lo bien que estuvo Talavante en sus dos comparecencias precedentes, y que calibre lo rápidamente que se aprestó a tomar la sustitución de Ureña, a ver si a la tercera iba la vencida, para ver el abismo que hay entre las cosas que se escriben por ahí, el realismo mágico e interesado de la prensa seria, y la realidad. La cosa es que al romper el paseo, se inició un espontáneo aplauso dirigido por el inefable Faustino, el exégeta de Conchi Ríos, para Talavante, acaso para subrayar sus fracasos en los cuatro toros precedentes, o vaya usted a saber por qué, que las razones profundas de Faustino sólo él las conoce. Quede constancia de que junto a mí, una pareja de deliciosos y educadísimos italianos secundaron el desinteresado aplauso del ex concejal de Guadalix.

Y salió Juan Bautista y llegó la lluvia. Juan Bautista es un chamán, un Rain Man, un hombre al que se debe ofrendar vino, como a la mujer de la canción:
“Wine for the woman who made the rain come…”

Juan Bautista es un médium de la meteorología, una rogativa, una promesa de líquido, una jaculatoria a Tláloc firmada por Octavio Paz:

“…aguas petrificadas,
El viejo Tláloc duerme, dentro…”

Juan Bautista sólo se manifiesta en lo líquido y lo líquido hace torero a Juan Bautista. Lo líquido le saca a hombros en Madrid en su momento de mayor éxito y le acompaña en los días y las horas de su presencia. Juan Bautista debería siempre, como hoy, vestir de azul, de tantos azules, del color del agua, y ver, con Borges, “que los rostros pasan como el agua”, él que se manifiesta en agua y, a su vez, también es agua. Bueno. Valga todo el rollo precedente para hacer como hacen los críticos de verdad, para ir un rato por las ramas y para no decir que Juan Bautista estuvo de pena, que no dio una a derechas y que con los guirlaches que mandó el Cuvillo salió de la Plaza por sus propios pies, y que cada cual entienda lo que quiera.

Ahora viene Talavante, que es la parte mollar de la reseña, porque lo del Tala tiene tela. Nadie puede negar que Talavante, el Camaleón, tiene unas condiciones innatas que en seguida descubrió en él Samuel Corbacho (qDg), su creador. Siempre se ha señalado desde estas letras su falta de un concepto propio, de la existencia de una tauromaquia de Talavante que un don José de la Tixera pueda dar a la imprenta, porque a él todo le vale y todo es capaz de interpretarlo -desde José Tomás a Pepe Arroyo-, y hoy acaso imbuido de lo de ayer, de Julián para entendernos, vino a hacer lo de Julián bien, en un registro al que Julián jamás llegará. Señalábamos en la reseña de ayer que Julián estuvo bien en su tercero, bien en lo que es Julián, y hoy el reto de Talavante era poner en la perfección lo que en Julián es la imperfección de su anatomía, de su falta de gusto, de sus modos bastos, y Talavante, como un guiño, comenzó de la misma manera que ayer Julián, rodilla en tierra, ayudado y después trinchera y pase del desprecio, pero donde Julián pone una imperceptible rigidez, acaso dictada por la necesidad del triunfo, Tala pone la soltura y el desparpajo de aquél a quien todo da igual, y por eso su toreo nace natural y sin envaramiento. Y luego sigue, en el mismo registro de Julián, con sus mismas armas de no cruzarse, de no obligar al toro, de no cargar la suerte, de esconder la pierna de salida, pero lo hace con soltura, con facilidad y con naturalidad y las gentes, las buenas gentes, se entregan a él con frenesí. Tala no torea, como no torea Julián, pero es capaz de mantener al toro en movimiento con una bella composición de figura, con una indubitable solvencia técnica y con una ligazón y temple que hacen fluir su embustera propuesta como si aquello fuese de verdad. Hay, no obstante, dos o tres momentos de intensidad: un larguísimo natural en que se enrosca al toro con mando y poderío, y recordemos a los viejos cuando decían que en el pase natural la suerte siempre está cargada, otro con la derecha en el que se queda muy bien colocado y traza el muletazo neto y sobrado y la resolución de un parón del toro en el que simplemente le da su tiempo, puro oficio, antes de volver a ofrecerle la muleta para continuar. Tala podría torear bien, perfectamente bien por lo canónico si quisiese, no me cabe duda, pero esto es más cómodo, hay menos cornadas y a las gentes les pirra. ¿Para qué esforzarse en lo otro? En lo suyo, en el neotoreo, hoy Tala ha dado un agua importante a Julián.

Y López Simón, que va camino de alcanzar as El Viti en Puertas Grandes, ya va por cinco y las hemos visto las cinco y no hay ni medio recuerdo de ninguna de ellas, que se dice pronto. Hoy ha sumado otra más a base de 1+1. La primera con revolcones y pisotones, intento interruptus de llevarle a la enfermería por los peones y suerte de matar echándose literalmente a los cuernos del toro con nuevo revolcón, y la segunda por la bondadosa entrega del público de viernes, que si yo fuese apoderado sólo pelearía por poner a mis toreros en corridas de viernes. López Simón está de pena, por más que le cuenten otra cosa y le tapen la realidad con estas orejas de nulo peso e interés, sobre todo porque no tiene nada que decir y, además, se le nota.

Mañana sábado toma la Sagrada Comunión la hija única de mi querido y añorado amigo Maurizio Giordano (qDg), la pequeña Sol, y en vez de ir a Las Ventas iré a Navacerrada a compartir con ella y su familia esa hermosa celebración familiar, por lo que no estaré en la novillada. Pido disculpas a la parroquia por la ausencia.

Banderillas en pista
Ruedas de molino
Rubén Fetén y Curro Amón