
'..En el desierto la Xabineta fue un espectáculo de tres centauros (¡centauros del desierto!), Rudiger, Aureliano y Valverde, que hizo el primer gol con patada de caballo y dio una asistencia con inteligencia de hombre..'
Centauros del desierto
Ignacio Ruiz Quintano / Abc
'Salmonetes ya no nos quedan' blogspot
Si no supiéramos que lo de la Supercopa de España en el desierto fue cosa de Rubiales y Piqué (siendo capitán del Barcelona en activo) para publicitar en Arabia la cultura feminista española (eso decía Rubiales), pensaríamos que la jaima de Louzán en Yeda para el derbi Madrid-Atleti fue una petición de Ruido Bernabéu para alejar el jolgorio de la capital de España.
En el desierto la Xabineta fue un espectáculo de tres centauros (¡centauros del desierto!), Rudiger, Aureliano y Valverde, que hizo el primer gol con patada de caballo y dio una asistencia con inteligencia de hombre. La exhibición de Valverde incluyó una carrera de recuperación de posición al estilo Rudiger que le valió el aplauso de la grada, sensible a los esfuerzos, como la “crème de la crème” pipera en el Bernabéu.
El equipo venía de lucir cantera (goles de Gonzalo, Asencio y Fran García) ante las “madres” del Betis de Pellegrini, el pariente de Dulce María Loynaz, y la pugnaz defensa atlética nos devolvió al punto de partida. Estamos, pues, como en agosto: sin equipo. Los mugrillas de los medios han acudido a las echadoras de cartas en busca de explicación, y todas les han dicho que la culpa de todo la tiene Vinicius, por el que el Chelsea ofrece ciento sesenta palos. Menudo sueño húmedo para la chusma pipera, una final de Champions contra un Chelsea de Vinicius y Mourinho. Un amigo lector me pone el caso de Luis Suárez en el Barcelona: “Gallego, si no te quieren, vente con nosotros al Madrid”, le decía Di Stéfano a Suárez, cuando a Suárez le pitaban los culés porque les habían hecho creer que el gallego era un impostor de Kubala. Helenio Herrera se llevó a Suárez al Inter, donde ganó dos Copas de Europa, una Intercontinental y un Balón de Oro. De aquí la importancia de la provocación del “canchero” Simeone al “maleducado” Vinicius en el desierto: “Te va a echar Florentino, ‘acordáte’ de lo que te digo…”. Simeone es un humorista argentino, discípulo de Enrique Pinti, a quien le reía los chistes, llamémoslos así, que desgranaba en el escenario de los Teatros del Canal en Madrid, al principio de su “entrenaduría” en el Atlético. Simeone puede hacerle eso a Vinicius porque en el banquillo del Madrid no hay un Mourinho ni en el campo un Pepe (Képler Laverán Lima Ferreira), que lo que hay es un Xabi preocupado de que no le manchen las “zapas”, y en el campo, un Valverde que para capitán le falta sangre. Váyase, pues, Vinicius a Londres, deje atrás esta charca española y póngase a vivir, que está en la mejor edad.
(“¿Ha publicado usted un nuevo libro?”, preguntan a Camba. “Sí, ‘La rana viajera’.” “¿Por qué lo llama usted así?” “Porque España es un charquito donde ha vuelto la rana viajera que soy yo”.)
No se puede jugar al fútbol en un país donde el mariachi de la TV te da la de la tuna durante todo el partido. “¡Culpa de Vinicius, que no ha seguido a su lateral!”, gritaron todos los comentaristas al unísono en el gol de Sorloth que se come… Asencio, que debe de tener más estudios que Vinicius, que es lo que ahora se le reprocha al brasileño en los círculos piperos, donde nadie logró completar la EGB. Pero, estudios por estudios, siempre pueden coger los ciento sesenta palos de Vinicius y rescatar con ellos a Pardeza, extremo izquierdo como Vinicius, pero con muchos más estudios, dónde va a parar.
La única pena del derbi fue constatar que Gonzalo no es el Romario que pareció a todos el día del Betis con su “hat trick”. Romario se presentó en España en el 93 con un “hat trick” a la Real Sociedad (tres asistencias de Guardiola, por cierto), más exquisitos que los de Gonzalo, pero igual de variados. Dado que los dioses vuelven loco al que quieren perder, el pipero común vio el cielo abierto: cogemos a Vinicius, lo abandonamos en una gasolinera como si fuera un abuelo y jugamos con Rodrygo, que apunta a capitán pipero, con Mbappé y con Gonzalo. Lo que pasa es que Gonzalo remata, pero no juega, y eso, en el equipo que nos acostumbró a Benzemá, canta un poco. Ante el Barcelona de Flick, la Xabineta puede quedar como si le hubiera pasado por encima el Afrika Korps de Rommel.
[Sábado, 10 de Enero]
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