Sebastián Castella con la oreja del 1°. Foto: Camilo Díaz
Bajo la lluvia, Sebastián Castella que pincha dos grandes faenas, Juan Ortega y David de Miranda se reparten tres orejas de diferente precio. Desrazado encierro…
MANIZALES / 7ª DE FERIA
Castella en el filo
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Manizales, Colombia, I 11 26
Llovió antes, durante y después de la corrida sin parar. El ruedo, un lodazal. Los toreros, pa´ delante sin pensárselo siquiera. Y el entradón, como siempre aquí, estoica y devotamente firme en la fe.
Era el “cartel de la feria” en el que la caída de Roca Rey y Juan de Castilla no desmereció nada, con las lujosas sustituciones de Juan Ortega y David de Miranda. El hierro de la casa, Ernesto Gutiérrez, con tradición de cerrojazos triunfales cotizaba más aún.
La cosa fue que toda la tarde corrió en el filo de la navaja. Entre la derrota y el triunfo. No solo por las condiciones del ruedo, las dificultades del encierro, el viaje de los aceros, sino por la apuesta de los toreros, al todo o nada. El resultado peludo, no habla de todo lo que pasó, que fue mucho, mucho, El Trofeo Catedral de Manizales estuvo a tiro de espada dos veces, y el de mejor toro de la feria, también.
De aspirante al último, quedó “Luchador”, negro, número 255, cuatreño de 488 kilos. Con el que Sebastián Castella abrió la corrida. Cornicorto, mucho, pero noble, bravo y de gran fondo. Lo cantó desde las cuatro verónicas, dos chicuelinas y la larga. Acometió al peto con tal codicia que descabalgó a Reinario Bulla quien cayó a plomo y luego persiguió con saña a Chacón y a Benavidez hasta la barrera. E igual en los dos ayudados por alto el por bajo, la derecha, el cambio de mano, los naturales y el forzado. La brega fue largo aliento por las dos manos, baja y en los medios. Ligazón y trazo. El toro a más y la muleta igual. De tu a tu. Con la plaza coreando. El volapié fue en el platillo. El primer pinchazo en lo alto, y la estocada toda en sitio, derribó el toro de la corrida. La petición que fue más allá de la oreja no satisfecha por el palco dejó descontentos aun en el mismo matador. Cero e iba una. El arrastre ovacionado hizo justicia.
La cosa mayor fue con el cuarto. “Boyardo”, de 464 kilos. Bizco, vuelto y ya dijimos cornicorto. Arreció el aguacero cuando salió. Fue y volvió con claridad a las ocho verónicas y media iniciales, pero no al cite de Agustín Romero, quien tuvo que aventarle caballo y puya encima para cazarlo trasero.
Benavidez y Giraldo también se le fueron encima para banderillearlo. Prometía poco. Sin embargo, el francés lo brindó a la concurrencia, creía más él que todos los demás. Tuvo que aguantarlo mucho en los cuatro cambios por la espalda, uno por el pecho, el cambio de mano, y los naturales pa´ dentro, uno al derecho y otro al revés. No quería pero fue obligado. Entonces, fue que se rajó, a tablas, y allí mismo comenzó una operación de búsqueda y captura, que terminó, increíblemente sometiendo en los medios al remiso, y transformándolo radicalmente, de manso a bravo. Milagros de la buena lidia. Manes de la parte Santa Coloma del encaste.
Bueno, por lo que fuera el toro en la larga faena fue cambiando radicalmente y el toreo por bajó dibujo círculos y círculos en anegado ruedo, en un sentido y el otro, yendo a más y más. Sonó el “Feria de Manizales” de las grandes ocasiones, casi ahogado por el jaleo. Era la faena de la feria 71. Era el trofeo, y era, en las condiciones dramáticas del ruedo. La pelea se prolongó hasta que la descocada petición de indulto creció y Sebastián en la plena madurez de su carrera, cuando tenía la igualada perfecta desistió, se dejó influir. Mala pata. Todo se hizo difícil, hasta que un pinchazo, otro, y otro más, el aviso, evidentemente tardío, cosas de su señoría don Bernardo Gómez Upeguí. Allí fue cuando por fin el estocadón rodó al manso convertido en bravo y la masa quizá sintiéndose culpable, comenzó a corear ¡Torero! ¡Torero! y tras aplaudir el arrastre, obligaron a una vuelta al ruedo más que merecida, pero mucho menos de lo que estuvo a punto de ganar.
Juan Ortega, lento, delicado exquisito, con el soso segundo, elaboró una faena para gourmets. De los que no gustan de los condimentos excesivos. Quienes debieron lamentar que Usía no compartiera su gusto y le diera una oreja señalando al respetable y guardándose la potestativa de él. Como sea la plaza se entregó al trianero sin reato. Con el rajado quinto porfía inútil y una muerte de sainete puntillero con múltiples caídas y levantadas.}
David de Miranda, quien se había estrellado y pinchado la mansurronería del tercero. Salió por el honor con el sexto que se desfondó, logrando tandas generosas, de dificultad y riesgo, por la incertidumbre del toro y la insidia de su pitón izquierdo. Alto mérito firmado con una estocada total delanterita que cortó la última oreja y dejó el toro a manos de la justicia popular.
Ernesto Gutiérrez, no refrendó los blasones finalistas, pero al menos, dos de sus toros dieron juego de categoría. Sobre todo, el primero. Así murió la feria.
- FICHA DEL FESTEJO
Domingo 11 de enero 2026. Monumental de Manizales. 7ª de feria. Lluvia y casi lleno. Seis toros de Ernesto Gutiérrez, cornicortos y bajos de raza.
Sebastián Castella, oreja y vuelta tras aviso.
Juan Ortega, oreja y silencio tras aviso.
David de Miranda, silencio y oreja.

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