
Una corrida que no me quiero perder
Por José Carlos Arévalo
La gente va a los toros porque le gusta. Y parece que hay una rebelde y espontánea respuesta del público frente a los oscuros dictadores de la opinión pública. En consecuencia, creo que habrá una excelente entrada, el día 12 de abril, en la plaza cubierta de un pequeño pueblo francés del suroeste de Francia, llamado Gamarde.
Ese día estaré allí empujado por mi afición. Y me explico. Estoy harto de carteles previsibles, repetidos hasta la saciedad en todas las plazas, basados en que el público, desinformado sobre el estado actual de la Fiesta, solo acude en gran número cuando le suenan dos o los tres toreros anunciados. Y claro, cada año interesan más porque suenan más y a mí, menos porque los he visto demasiado.
Antes, la información taurina cumplía una regla elemental del periodismo, informar sobre lo que interesa a la gente y hoy, lamentablemente, dicha norma se ha incumplido. De ahí que se mantengan los toreros que suenan aunque muchos no interesen y no accedan a torear los que no suenan aunque al aficionado le interesen.
Hace años el cartel ofrecido por la plaza de Gamarde, compuesto por tres toreros jóvenes, a los que los medios calificarían como “toreros-novedad”, tendría un gran tirón de taquilla. En la temporada que aún no ha comenzado, el cartel de Gamarde llama la atención porque cumple una vieja regla hoy incumplida por el empresariado taurino, y podría ser que su valiente iniciativa sea premiada por los aficionados y por el público.
Están anunciados David Galván, Víctor Hernández y Daniel Crespo. ¿Les suena la terna? A mi me despierta la afición. Por contundentes razones:
David Galván es un torero que conjuga clasicismo y originalidad. Nunca lleva la faena hecha, jamás se repite. Su toreo actúa inspirado por el diferente comportamiento de todos los toros. Es un antídoto contra lo predecible y lo adocenado. Y, además, es un superclase. Lo afirmo taxativamente y no admito discusión.
A Víctor Hernández lo he visto menos, pero he de señalar que, en mi opinión, el año pasado dio, en Madrid, los mejores naturales de la temporada -y advierto que incluyo a todos los espadas que actuaron en Las Ventas-. Es un torero profundo, que torea con una verdad impresionante. Podría convertirse en el José Tomás de estos tiempos.
Daniel Crespo me sorprendió el año pasado por su actuación en la Copa Chenel. Llegó a la final, pero no la ganó. A mí sí me ganó. Fue el torero más me gustó de cuantos actuaron en dicho ciclo… y uno de los que más me gustan de todo el escalafón. Hace el toreo con verdad y lo dice con superlativa clase. No entiendo por qué no torea más, por qué no lo apoyan en el “Rincón del Sur”. Desde hace años, El Puerto de Santa María no tiene un torero de esta calidad.
Los toros también incentivan mi interés porque nunca los he visto lidiar. Pastan en Guillena (Sevilla) y pertenecen a un hierro que tiene el religioso nombre de Virgen María, proceden de Daniel Ruiz, Jandilla, Victoriano del Rio y Marqués de Domecq, y su dueño es el ganadero francés Jean-Marie Raymond.
El cartel tiene lo que hay que tener: El buen hacer que pone el torero y el intrigante azar que pone el toro.
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