Nikita Kruschev
'..Decía Cocteau que para ser oído en el mundo es preciso cantar posado en las ramas de su árbol genealógico, y el árbol genealógico del Real Madrid es la Champions. De ahí la bendición, doble, de la eliminación copera en Albacete, donde Vinicius, que no había pisado nunca allí, fue recibido con el himno que ha hecho suyo la barbarie ibérica..'
Ignacio Ruiz Quintano / Abc
El Real Madrid es un club universal obligado a competir en casa y en el extranjero. Lo de casa es un coto político deportivo, el Coto Negreira, donde el papel adjudicado al Real Madrid es el de comparsa para dar lustre a los paletos. Y lo del extranjero, lo único importante, es un tinglado de clubes enchufados a presupuestos de Estado donde, para alternar, hace falta mucho dinero, y el dinero, aquí, sólo lo generan las estrellas.
Pero los gargajos de la sociedad más gregaria de la historia, que es la nuestra, no creen que las estrellas sean especiales, cuando no son otra cosa: se alimentan de caprichos. Esos gargajos no han visto los “riders” con las exigencias contractuales de las estrellas de cine o de rock, cuando las había: la aspiradora en la habitación para Mick Jagger, y para Steve McQueen, un guion con la misma cantidad de palabras que Paul Newman, como en “El coloso en llamas”.
El Real Madrid es, pues, un club condenado a vivir de estrellas, y cerrará el día que, como en Hollywood, esas estrellas se desvanezcan. Lo entendió en su día Florentino Pérez, que se encontró un club que no podía pagar las nóminas, a pesar de que “con Gago nos ha tocado la Lotería”, como dijera el llamado senador de Massachusetts. Florentino puso en el campo a las mayores estrellas mundiales del fútbol y la chusma pipera acudía al estadio con el españolísimo propósito de liberarse de sus tristes vidas pitando en persona a unos “millonarios”, que es la idea gargajera de la excelencia. Pero nadie corriendo ganó tanto en el mundo como el Real Madrid andando, gracias a lo cual Carvajal acumula en su carrera más Champions que el Barcelona en su historia.
Decía Cocteau que para ser oído en el mundo es preciso cantar posado en las ramas de su árbol genealógico, y el árbol genealógico del Real Madrid es la Champions. De ahí la bendición, doble, de la eliminación copera en Albacete, donde Vinicius, que no había pisado nunca allí, fue recibido con el himno que ha hecho suyo la barbarie ibérica.
La bendición copera de Albacete es doble: por superstición gitana, no queremos un Arbeloa con buenos principios; y por cálculo deportivo, no hay que gastar en la caza de un trofeo menor más energía que el prestigio que fuera a proporcionarnos (principio de Bear Grylls). Esa Copa de España siempre viene a ser la mosca en la sopa, porque te coloca las eliminatorias de mayor desgaste en coincidencia con las de la Copa de Europa. Con lo de pez chico que se come al pez grande, es la competición demagógica por antonomasia, y sería maravilloso que la ganara el Albacete, y que luego peleara por la Supercopa en Arabia, para ver a los tesoreros federativos vendiendo el partido a las televisiones.
El antimadridismo tiene más disfraces que Mortadelo. El último es el de viudas indias de Xabi. Hablan de Xabi como si hubiera sido el pequeño Tim bajo la bota de Florentino, que sería Ebenezer Scrooge. Intriga que la mayor solidaridad con Xabi provenga del mundo culé, donde no se esconde la animadversión hacia Arbeloa. El listo era Xabi y el tonto es Arbeloa. Pero, a día de hoy, el lúser es Xabi, al que siempre vino grande el banquillo del Real Madrid. Su labor con las figuras consistía en ponerlas físicamente como toros, y tácticamente, como toreros, pero él lo hizo al revés: las figuras andaban como toreros y escarbaban como toros. La literatura “jotdawn” habla de falta de respeto de los “niñatos” a la autoridad del maestro, pero bien dice Santayana que la única autoridad que existe es la “autoridad de las cosas”, y las cosas de Xabi fueron un desastre.
–Me voy con respeto, gratitud y el orgullo de haberlo hecho lo mejor posible –se despidió Xabi, que a punto estuvo de hacerlo, de no mediar Mbappé, con un pasillo al Barcelona en Arabia, y ahora el antimadridismo le llora.
¡Ay, el antimadridismo! “No olvidamos el marxismo-leninismo”, dijo Kruschev, y añadió: “Eso sólo ocurrirá cuando los camarones aprendan a silbar”. Nosotros nos olvidaremos del antimadridismo cuando los antimadridistas pidan vender a Fran García.
[Sábado, 17 de Enero]
El sueño de Arbeloa


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