'..estrategia de descuidar a los abonados y apostar únicamente por el público ocasional puede tener consecuencias claras: se reduce la exigencia, se normalizan los toros “afeitados” y se prioriza un espectáculo triunfalista, enfocado en orejas, rabos y puertas grandes, en lugar de en la verdadera esencia del toreo..'
El abonado olvidado:
la clave para recuperar la exigencia en los toros
Que el cuidado con el que José María Garzón trata a los abonados en Sevilla se haya convertido en noticia invita a una reflexión profunda: ¿Cómo hemos llegado a necesitar que se mime a quienes sostienen económicamente nuestras ferias?
Los abonados han sido y siguen siendo los pilares de cualquier temporada, desembolsando buena parte de su propio dinero para asistir a todos los festejos. Sin ellos, muchas plazas no serían viables.
El meollo de la cuestión está ahí: los abonados acuden todos los días porque son aficionados auténticos, porque entienden de toros, y eso es algo que hoy se echa de menos en muchos tendidos. Sin embargo, algunos empresarios parecen no valorar esta base. La estrategia de descuidar a los abonados y apostar únicamente por el público ocasional puede tener consecuencias claras: se reduce la exigencia, se normalizan los toros “afeitados” y se prioriza un espectáculo triunfalista, enfocado en orejas, rabos y puertas grandes, en lugar de en la verdadera esencia del toreo.
Afortunadamente, no todos los empresarios actúan así. Hay ejemplos que demuestran que cuidar a los abonados no solo es justo, sino rentable. Tauroemoción, desde sus inicios, comprendió que mimar a quienes sostienen las plazas genera ambiente taurino durante todo el año y no solo durante los días de feria. Madrid, con Plaza 1, ha sabido aumentar el número de abonados año tras año, aplicando estrategias que, aunque criticadas, muestran resultados positivos: facilita el abono frente a la compra de entradas sueltas y obliga, al menos a la mitad de la temporada, a acudir a los toros. Esa continuidad permite aprender, formar criterio y, en definitiva, consolidar la afición.
Ahora, Garzón aplica este modelo en Sevilla, su plaza talismán, con la intención de recuperar el público que valore el toreo de manera consciente. El público ocasional es necesario y aporta frescura, pero las plazas necesitan abonados comprometidos, capaces de mantener viva la exigencia que distingue a ciertos escenarios taurinos.
Es curioso, pero en un sector como el taurino existen estrategias que parecen priorizar intereses ajenos a la generación de verdadera afición. Apostar solo por un público que palmea sin criterio y celebra el triunfo sin entenderlo puede ser tentador, pero olvidarse de los abonados —los que financian la plaza y sostienen las ferias— es un error que el sector paga caro.
Mimar a los abonados no es un lujo: es una obligación si queremos recuperar la exigencia y la personalidad de nuestras plazas. Solo así podremos devolver al público su criterio y garantizar que el toreo siga siendo algo más que un espectáculo pasajero.

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