
'..Entrar a España de forma ilegal tiene premio. La primera consecuencia será el reagrupamiento familiar, así que la cifra de Funcas se queda corta. En un año más de un millón de extranjeros tendrá papeles. Luego vendrá el derecho a voto en las municipales y después en las generales..'
Iglesia, izquierda y patronal
Javier Torres
España colapsa y hasta la rojigualda que luce en Colón aparece rajada por el temporal. Nos acordamos, mientras los limpiaparabrisas retiran la nieve del coche, de las predicciones que apuntaban a uno de los inviernos más cálidos y secos. Tal es el signo de nuestra época, que hasta las agencias meteorológicas están colonizadas de ideología y chamanismo climático. Del casi segundo gran apagón, ni pío.
La borrasca Kristin azota la península un día después de que el Consejo de Ministros apruebe la penúltima regularización masiva de inmigrantes. No son medio millón como dice Moncloa, sino 830.000 los que –según Funcas– obtendrán papeles. Entrar a España de forma ilegal tiene premio. La primera consecuencia será el reagrupamiento familiar, así que la cifra de Funcas se queda corta. En un año más de un millón de extranjeros tendrá papeles. Luego vendrá el derecho a voto en las municipales y después en las generales. Y así hasta completar nuevas regularizaciones en un país donde la población nacida en el extranjero alcanzará muy pronto los once millones. ¡Once millones!, por eso el gorrito de papel de aluminio hemos de ponérselo a quienes niegan el reemplazo poblacional, que no es una teoría alocada de cuatro chalados en redes, sino una de las patas del sistema. Once millones equivalen a la población de Andalucía, Extremadura y Canarias juntas.
Pero antes de todo eso los españoles –los últimos de la fila– siguen dándose de bruces con unos servicios públicos colapsados y una sanidad donde Larra reaparece con el vuelva usted mañana. La vivienda es imposible y los barrios irreconocibles porque el efecto llamada, que es el fondo de la cuestión, masifica las ciudades y erosiona nuestra identidad. También hay consecuencias económicas. Dispara la demanda en un mercado con el paro juvenil más alto de Europa y, como la mano de obra importada es barata, precariza los salarios de los nacionales.
El sistema necesita seguir chupando la sangre a las masas de inmigrantes para regocijo de la patronal, pero ni la izquierda ni la Iglesia pueden decir estas cosas. Así que para contentar a sus distintas parroquias Alberto Garzón habla de justicia y monseñor Argüello de dignidad humana. Antonio Garamendi –burguesía Neguri, estudios en Deusto, CEOE de cuna–, se aprieta el nudo de la corbata, carraspea y hace como que no está en el mismo barco que socialistas y podemitas (oh, cielos, me parece fatal que el decreto se apruebe sin pasar por el Congreso… como si él preguntase alguna vez a los trabajadores).
Aquí conviene detenerse. No hay una sola patronal en el mundo en contra de la inmigración masiva. Derecha del dinero e izquierda antinacional van de la mano. Por eso las regularizaciones masivas las han aprobado desde el PP hasta Podemos y don PSOE, a carcajada limpia, mantiene un pie en la moqueta y otro en la barricada. Es la santísima trinidad del régimen: patronal, Iglesia vende cruces e izquierda vende obreros. Todos de la mano, que me quedo sin comer.
Ha circulado estos días una cita de Santo Tomás de Aquino sobre la cuestión migratoria: sólo deben acceder a la ciudadanía los de segunda y tercera generación tras abrazar la religión del país de acogida. De lo contrario, los recién llegados «no estando arraigados en el amor al bien público, podrían atentar contra el pueblo». No lo escucharemos en COPE.
La confusión generalizada es el pegamento del régimen que de vez en cuando nos distrae con trampantojos. A veces gritan mucho y hacen como que se enfadan, como Rufián; en otras ocasiones se disfrazan de miliciano, como Uclés, y eso nos recuerda que en la izquierda todo es atrezo desde el 78. ¿Sabía usted que el programa de Cintora cuesta más dinero que el presupuesto anual de la Casa Real? La izquierda es hoy un gigantesco felpudo de las oligarquías que destruye el estado del bienestar y traiciona a los trabajadores autóctonos desde el BOE.
Entretanto, a esta pantomima tampoco podía faltar el PP, que ahora se hace la estrecha con Mercosur y las regularizaciones masivas. Aznar dio papeles a más de medio millón e introdujo la figura del arraigo en la ley de extranjería, desde entonces un coladero. Feijoo lleva cuatro años en Madrid y aún cree que todo es una cortina de humo, menos lo suyo, claro. Es más fácil ver a un portero meter un gol en el último minuto que al PP sin cambiarse de chaqueta.
Con razón cada vez son menos los que miran a Europa buscando un mesías. Von der Leyen anuncia un acuerdo de libre comercio (sic) y movilidad (sic) con la India. Gana la industria farmacéutica europea a cambio de inundar nuestro mercado de baratijas fabricadas con mano de obra esclava. Nos prometen que sólo llegarán «talentos indios» porque siempre llegan los mejores, como vemos en calles y estadísticas policiales.
Me pica todo el cuerpo, quién sabe si no es el sarampión.
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