
David de Miranda con las orejas de “Serrano”. Foto Camilo Díaz
Con la faena de la temporada, a un toro de vuelta al ruedo, y dos más de gran impacto, cortas tres orejas y sale a hombros. Román silenciado tres veces. Juan de Castilla, cogido, corneado y doblemente fracturado deja la corrida mano a mano…
MANIZALES / 2ª DE FERIA
De Miranda manda
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Manizales, Colombia, I 6 2026
El triguereño David de Miranda, sentó sus reales en Manizales. No más abrirse de capa con el ovacionado “Serrano”, el bello segundo del Capitán Barbero. 462 kilos, Castaño, albardado, astifino, bien puesto y enrazado. Tres chicuelinas, tres delantales y una revolera, empacadas en alegre majeza y eco de proclama incendiaria, le hicieron los honores. Después de los cuales acudió presto y empujó encelado el peto, comiéndose la aplaudida vara de Viloria. Chiricuto le parea dos veces con emoción y acierto.
El brindis al público no fue populachero, fue veraz. Cinco estatuarios y una firma, engalanados por la cercanía, el aguante, la congruencia y la codicia, dieron paso al toreo diestro, posicionado, templado, lento, preciso, redondo, delicado, ligado a media altura y abrochado sin mácula. Ya eran uno, toro, torero y público, al son de la dibujada muleta. El fluir de la faena por los cauces del ritmo y la estética, no mostraba el maderamen de la lidia, pero sí su acabado lujoso, en el cambió de las avilanteces originales por el acompasamiento entregado del santabárbara, yendo a más y más. Tanda tras tanda, en los medios. Con la plaza enfiestada, tanto que su señoría Luis Bernardo Gómez Upeguí cambió el pasodoble por el de las grandes faenas, el “Feria de Manizales”.
Toreo, piel a piel, íntimo, de categoría y conmoción. Bidireccional, medial, in crescendo, sin fin, que produjo hasta un brote de indultitis aguda. Pero el palco y los cuerdos lo pararon. Y David se tiró a fondo, sin reatos ni cartón, depositando el chorro de acero arriba, hasta los gavilanes y rodando al bravo para que las mulillas le llevaran en la vuelta de honor, otorgada junto con las dos orejas. Indudablemente, por todo y por todos, la faena de lo que va de la temporada colombiana, bordada por el torero de la misma, que dio la vuelta triunfal.
Antes de soltar el cuarto se desgajó el aguacero. Pero un señor aguacero. La cortina de agua y el cielo ensombrecido pidieron las luces eléctricas que se reflejaban sobre la encharcada y enlodada arena. Nada de pucheros, retrasos ni estudios fluviales ni de suelos. Nada de zapateos ni escarbes. Que me lo echen, dijo el torero que ya con la puerta grande asegurada quería el resto.
Y salió “Bullidor” con más asperezas que sometimientos. Siete delantales y una revolera, y otra vez la empapada masa muy alebrestada, por el gesto, por el dramatismo, por la compleja embestida, por el aguante. Y entonces, ya la cosa era jugarse el pellejo, no por el triunfo que ya era, sino por la torería, porque cuando toca, toca. Como derrotado por el valor, el animal escapó a las tablas y entonces el hombre fue tras el a encararlo donde quisiera, y allí le ofreció su cuerpo, en los terrenos suyos, con la taleguilla tinta en sangre por delante y por detrás. Dominando su desgano, pa´llá y pa´cá. No dejándole salida, con su barriga como talanquera. Y todos con él. Y la estocada total, deprendida, tardó y provocó el aviso.
Los nuevos mirandistas, muchos, casi todos, esperaron con reverencia hasta el doblar y obtener la oreja de honor. El sexto fue manso, su lidia tesonera pero la espada baja, aunque fulminante hizo que Usía negara la furiosa petición de la que hubiese sido la cuarta peluda de la tarde para el nuevo ídolo.
Juan de Castilla, cogido al hacerle un quite a cuerpo limpio a El Pino, que había caído a merced, tras un par de banderillas. Cornada en la cara posterior del muslo derecho con orificio de salida por delante. Lo atravesó. Y en medio de la paliza, contra el estribo, fractura doble, expuesta de tibia y peroné. Cuando le llevaban en andas por el callejón, su pierna izquierda se angulaba por el tercio medio, mostrando los huesos. La tarde quedó, mano a mano.
Román se hizo cargo de la faena, “Castellano” era mansurrón y dubitativo. Bajo la lluvia, su porfía cautelativa no caló. Los dos pinchazos y la media contraria y atravesada, menos. Con los otros dos, el segundo y el quinto. La distancia entre uno y otro en los embroques la dirección centrifuga de la muleta y el estoque desatinado. Hondo, trasero y atravesado, con dos pinchazos y aviso a uno, y traserísimo primero, luego metisacado, pinchado y descabellado al otro, escribieron la más desafortunada presentación del Valenciano en Colombia.
Carlos “El capitán” Barbero, ganadero de Santa Bárbara, también estaba feliz en el patio del destasadero con las lidias del triunfador de la diluvial tarde.
- FICHA DEL FESTEJO
Martes 6 de enero 2026. Monumental de Manizales. 2ª de feria. Nubes y lluvía. Casi lleno. Mixta. Seis toros de Santa Bárbara, pequeños, con lámina, y casta en diversa medida. Vuelta al ruedo para el 2° “Serrano” N° 111 de 462 kilos, ovacionado de salida, y aplaudido en el arrastre el 4°.
Román, silencio tras aviso, silencio y silencio.
David de Miranda, dos orejas, oreja con petición de otra y palmas tras dura petición.
Juan de Castilla. cogido por el 3°, es llevado a cirugía.
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