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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 8 de enero de 2026

Los jóvenes y Franco / por Luis Felipe Utrera-Molina


'..los jóvenes son jóvenes, pero no tontos. No vivieron el régimen de Franco, pero tienen padres y abuelos que les cuentan lo que vivieron, tienen acceso a los datos del INE que dibujan un estado de bienestar en los años 70 del siglo XX que dista mucho del que ellos tienen delante de sus narices..'

Los jóvenes y Franco

Cada vez más jóvenes ponen en cuestión la retahíla de lugares comunes y quieren descubrir por su cuenta la verdad de una época

Luis Felipe Utrera-Molina*
En la vorágine del 50 aniversario del fallecimiento de Francisco Franco, se han publicado diversas encuestas que ponen de manifiesto que, pese al tiempo transcurrido y el himalaya de mentiras vertidas sobre Franco y el régimen del 18 de julio, casi un tercio de los españoles tienen una buena o muy buena opinión de Franco y un 46% de los jóvenes creen que fue un gobernante adecuado para el momento convulso que atravesó España en el segundo tercio del siglo XX. Hace tan sólo unos días, el Deustobarómetro nos decía que un 25% de los jóvenes vascos creen que Franco aportó estabilidad y bienestar económico a su tierra.

Los resultados de estos estudios han dado lugar a sesudos debates en los medios tradicionales, causando estupefacción entre quienes reparten arbitrariamente carnés de demócrata. La desafección de los jóvenes españoles respecto a la imposición de una visión uniforme y sesgada de nuestra reciente historia, constituye un motivo de honda preocupación, fundamentalmente entre quienes, añorando el sistema de alternancia bipartidista que aseguraba su acomodada subsistencia, se han quedado anclados en las coordenadas socio-políticas de hace 20 o 30 años con un código de certezas que nadie osaba discutir.

La conclusión a la que invariablemente llegan unos y otros es que tales resultados son fruto de la supina ignorancia de los jóvenes sobre la realidad de aquella España en blanco y negro y lo mucho que “nos costó” pasar de la dictadura a la democracia (esto último no se lo creen ni ellos). En el colmo de la necedad, Ignacio Camacho llegó a decir en COPE la siguiente frase que se comenta por sí sola: “claro que Franco hizo millones de viviendas, porque antes no existían”. Ese es el nivel.

La realidad, sin embargo, es muy distinta. Los jóvenes de hoy, a diferencia de los de hace 20 o 30 años ya no consumen la mercancía averiada y viejuna de los medios de comunicación tradicionales. Ven televisión a la carta, no ven los telediarios, apenas leen los periódicos -mucho menos las editoriales- y rara vez escuchan la radio convencional.

Los jóvenes de 2025 eligen libérrimamente lo que leen, ven y escuchan. Se informan a través de las redes sociales, en las que hay infinitamente más libertad y en las que, junto a muchas perlas cultivadas, también se encuentran perlas orientales; consumen podcasts de historia y prefieren un hilo de X que una columna de un periódico, aunque ésta tenga menos caracteres. No son mejores ni peores que los de hace 20 años. Son distintos y acaso, porque respiran menos libertad, la buscan a la hora de informarse y no aceptan sin más los mantras y prejuicios que repiten los medios tradicionales.

A los jóvenes de hoy se les presenta un futuro plagado de eufemismos poco prometedores, en el que conceptos como coworking, coliving, cohousing y similares, tratan de endulzar la triste realidad de la brutal pérdida de poder adquisitivo de los salarios respecto del coste de la vivienda, que retrasa de forma irritante cualquier proyecto de formar una familia. Y al tiempo que se pronostica alegremente que las casas del futuro no tendrán cocina, se demoniza esa “España en blanco y negro” en el que los abuelos de esos jóvenes pudieron comprarse un piso en diez años pagando letras con el sueldo del abuelo que tenía cinco o seis hijos y además pudo comprarse un coche cuando ellos tienen que contentarse con el “car sharing” porque el esfuerzo de comprarse un coche nuevo hoy equivale al esfuerzo económico que sus abuelos tenían que hacer para comprarse un piso en Madrid.

Pues bien, los jóvenes son jóvenes, pero no tontos. No vivieron el régimen de Franco, pero tienen padres y abuelos que les cuentan lo que vivieron, tienen acceso a los datos del INE que dibujan un estado de bienestar en los años 70 del siglo XX que dista mucho del que ellos tienen delante de sus narices, con una presión fiscal ridícula del 25% (hoy supera el 46%), un crecimiento económico impresionante, más de cinco millones de viviendas en quince años, un paro del 3% (la tasa de paro juvenil en 2025 supera el 24%) y una deuda pública en el 7,2% (hoy 103%) cuando ese hombre tan perverso que se llamaba Franco murió en un hospital de la Seguridad social que él mismo había creado.

No entienden bien cómo es posible que al final de “tan terrible dictadura”, la población penitenciaria en España no superase los 8.500 y que en el año 2024 supere los 59.000 y que se produjera una transición pacífica hacia un sistema democrático sin que unos pasasen a cuchillo a los otros, pese a lo supuestamente perversos que eran quienes habían gobernado hasta entonces España.

Por si fuera poco, el mayor enemigo de Franco es precisamente un presidente psicópata y corrupto hasta las cejas que miente hasta debajo del agua, que amnistía a los golpistas y modifica el código penal al dictado de los delincuentes, que tiene imputada a media familia y a varios de sus más estrechos colaboradores en la cárcel… y que presume de pasar a la historia por haber cometido una villanía tan miserable como la profanar la tumba de un enemigo muerto al que jamás pudieron vencer en vida.

Con todos estos mimbres, es lógico que cada vez más jóvenes pongan en cuestión toda la retahíla de lugares comunes que socialistas, comunistas, etarras y demás especies progres repiten ad nauseam sobre Franco y quieran descubrir por su cuenta la verdad sobre el personaje y su época.

Y se ponen a investigar y se encuentran con que resulta que Franco es un ejemplo de esa palabra que tanto le gusta a Sánchez: “resiliencia”. Bajito, escuchimizado y con voz atiplada, fue objeto de acoso en su juventud por sus compañeros, y pese a ello llegó a Comandante con 24 años y a General con 33 con cinco ascensos por méritos de guerra y dos medallas militares individuales. Defendió a la República del golpe socialista de 1934 y en 1936 se puso al frente de un levantamiento contra un proceso revolucionario comunista que se llevó por delante la vida de más de 10.000 religiosos y laicos indefensos sólo por el hecho de ser católicos. Y cuando investigan más y ven la foto con Hitler –que preside el burdo intento de “hitlerizar” a Franco– se enteran de que, lejos de rendir pleitesía a Hitler, Franco tuvo la astucia e inteligencia suficientes como para exasperar al amo de Europa y mantener a España fuera de la Segunda Guerra Mundial, mientras sus enemigos no tenían otra meta que alargar la guerra civil para meter a España de lleno en el mayor conflicto de la historia, con tal de librarse de Franco.

Los jóvenes han decidido desafiar el pensamiento único y librar una batalla cultural que muchos de sus mayores no se han atrevido a dar; han vuelto a llenar las plazas de toros, han vuelto a buscar el sentido a la vida en el misterio de la fe, porque el mundo vacío y sostenible que se les ofrece no les llena nada; en definitiva, los jóvenes se rebelan contra una asfixiante burocracia que les dice qué tienen que comer, cómo tienen que hablar y cómo tienen que vestir, una cultura que desprecia la caballerosidad y ensalza la ordinariez y la envidia igualitaria. Un mundo cuyo modelo es la antítesis de la verdad, el bien y la belleza.

La juventud sigue a los hombres, pero no está dispuesta a aliarse con los budas, con los sumos sacerdotes de la democracia que confían en que nada cambie para que ellos puedan viviendo de seguir aplicando recetas de hace 40 años que condenan a la juventud española a chapotear en la desesperanza. La juventud sigue el mandato de sus mayores cuando éste cuenta con un signo moral irreprochable, pero se aparta con fuerza cuando ese mandato aparece manchado por la corrupción, la molicie, la desesperanza y la negación estúpida del sentido común.

Lo de Franco es tan sólo una señal del abismo existente entre los jóvenes de hoy y la generación del 78. Los jóvenes ya no se resignan a ver cómo un partido sustituye a otro para que todo siga igual y están hartos de las recetas cainitas del marxismo reconvertido en fanatismo climático, de género y multicultural. La fuerza de su inconformismo amenaza los pies de barro de un sistema que no ha sabido generar ilusión, sino división, ruina, corrupción y falta de libertad. Quieren que España tenga también su amanecida y están dispuestos a protagonizarla. Y yo deseo ardientemente que sean capaces de conseguir esa patria próspera y fuerte que no hemos sabido –o no hemos podido– dejarles los jóvenes de nuestra generación.

*Luis Felipe Utrera-Molina

Abogado y árbitro de las Cortes de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje y Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid

1 comentario:

  1. Otra mentira más del miserable Pedro Sánchez, la del ataque continuo a Franco desde la sectaria e infame Ley de Memoria Democrática, que le ha salido al revés, el tiro por la culata. Por mucho que se empeñe este felón con su gobierno social comunista aliado con separatistas -toda la escoria anti España- no pueden con la VERDAD de la obra de Francisco Franco que se impone por sí sola desde la España decente -que la hay- y que cala en la gente joven harta de mentiras y que aspira a ser libre en una nación unida y en paz de la que sentirse orgullosos.
    Mis felicitaciones a Felipe Utrera-Molina. /Jorge Iglesias /

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