la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de enero de 2026

La pantomima de los derechos: de Venezuela a Cataluña o el «Mundo Estupendo»


'..¿Cómo es posible que el actual gobierno de España se rasgue las vestiduras sobre el derecho internacional cuando ha asistido y blanqueado la dictadura de Maduro y sus socios se han llenado los bolsillos con su dinero? ¿Existe un derecho internacional para esas prácticas deleznables?..'

La pantomima de los derechos: de Venezuela
 a Cataluña o el «Mundo Estupendo»

Con la detención de Maduro, la hipocresía sobre los derechos y normas sobre los derechos, ha llegado a un callejón sin salida.  Ya no se debate la naturaleza dictatorial o delincuencial de Nicolás Maduro, sino que se debate si EEUU ha violado las normas del derecho internacional. De repente,  nadie pone en cuestión que el detenido sea un presidente sátrapa y torturador, sino que se hayan violado las normas internacionales sobre la soberanía de un país. Ahora no se cuestiona que el pueblo de Venezuela lleva sufriendo más de una década el pisoteo de sus derechos, sin que las normas internacionales les hayan ayudado. Y ha sido la violación de esas normas las que le han ayudado. En corto y por derecho: las normas, internacionales y/o nacionales sobre derechos, son papel mojado. Corren otros tiempos.

Nos guste o no, se eleve la voz o no, hace tiempo que las normas de derecho (internacional o local) son papel mojado. Hay miles de ejemplos, desde el más doméstico hasta el más global. ¿Existe el derecho de dar toros en Cataluña? Sí. ¿Se pueden dar? No. ¿Se permite que los poderes impidan ejercer ese derecho? Sí. ¿Existe el deber por ley y derecho a aprobar unos presupuestos generales del estado en España o pasar a elecciones generales? Sí. ¿Se ejecuta ese derecho y deber constitucional? No. ¿Existe el derecho de libertad sobre el ejercicio cultural de los toros en España? Sí. ¿Se impide que los poderes político/administrativos no cumplan ese derecho? No.

En casi la mitad de los países reconocidos como tal por la ONU, no se cumplen los derechos internacionales de libertad. Muchos de esos países ni siquiera firmaron en su día la Carta sobre los Derechos Humanos. Las libertades religiosas, de opinión, pensamiento, de ideas, libertad de sexo, igualdad por libertad… no se cumplen en la mitad de los países existentes. La pregunta es ¿para que sirve entonces el derecho internacional si la mitad del planeta no tiene esos derechos?

En casi la mitad de los países reconocidos como tales por la ONU, no se cumplen los derechos internacionales de libertad. La pregunta es ¿para que sirve entonces el derecho internacional si la mitad del planeta no tiene esos derechos?

Dicho de otro modo, ¿qué hace el derecho internacional a través de sus organismos para obligar a que se cumplan los derechos? ¿Qué ha hecho en décadas por Venezuela?  ¿Cómo es posible que el actual gobierno de España se rasgue las vestiduras sobre el derecho internacional cuando ha asistido y blanqueado la dictadura de Maduro y sus socios se han llenado los bolsillos con su dinero? ¿Existe un derecho internacional para esas prácticas deleznables? Sin la hipocresía de por medio, afirmemos que la geopolítica y sus intereses, desde lo más global hasta lo más local, es una especie de ley de selva del poder del más fuerte o una partida donde las cartas de derechos son cartas marcadas en un tapete. La cuestión es si no será más bien cierto que el uso de los llamados derechos internacionales, incluidos los derechos humanos, ha sido tan mercantilista que hemos creado dos mundos.

Uno sería el «Mundo Estupendo». Ese donde las mascotas han adquirido derechos humanos en detrimento (en cantidad y calidad) de los derechos de las personas. En donde el concepto de acogida al que huye de su país ha de ser de cualquier forma. El mundo estupendo del «ismo» que propone el feminismo. El mundo donde el estado de bienestar ha de ser para todos y de todas partes,  aunque cada vez haya menos humanos cotizando con su dinero para sustentar ese gasto. El mundo occidental progresista estupendo donde la felicidad es hoy a costa de todo, incluso de su mañana.

En ese «Mundo Estupendo» se celebran multitud de días internacionales. El día de la mujer, el del trabajo, el del derecho a la vivienda, el del niño, el día del animal, el día de todos los días de todos los estupendos días internacionales. Pero esos días se celebran sólo en esa mitad del mundo, el «Estupendo».  En la otra mitad de los países existentes, en el otro mundo, en el «Mundo No Estupendo», no se celebra ningún día internacional. No se celebra porque se lapida, se mutila, se persigue, se obliga, se impide. El pueblo de Venezuela no celebraba esos días. ¿En que consistía, durante todo este tiempo, el derecho internacional para los venezolanos?

Hemos construido dos mundos paralelos muy útiles para nuestra hipocresía de bolsillo. Mundos paralelos en donde existe la falacia de un derecho internacional que no sirve para nada en medio mundo, hasta muy poco en el «Mundo Estupendo». En la mitad del mundo, un perro tiene mejor vida y más derechos que un ser humano. En Venezuela, los derechos de personas no existen desde hace muchos años y viven peor que un perro domiciliado en Madrid.

No se trata de comparar nada, sino de abandonar la hipocresía sobre derechos y sus cumplimientos. La proporción entre incumplir el derecho a los toros en Cataluña u otros lugares es absolutamente desproporcionada con la realidad de incumplimiento de derechos de todo tipo en el caso de Venezuela.

Hay una guerra interminable en Ucrania. Es decir, entre nosotros. Hay cientos de guerras locales, de masacres locales, que no nos impiden vivir un día a día local sin problemas morales. No detenemos nuestra vida a pesar de las noticias sobre esos lugares de horror. Es más, apenas existen en nuestra vida cotidiana. ¿Es eso el derecho internacional? ¿Podemos vivir entonces en medio de un mundo donde no sirve para nada ese derecho y sus instituciones y organismos? Al parecer, sí.

No se trata de comparar nada, sino de abandonar la hipocresía sobre derechos y sus cumplimientos. La proporción entre incumplir el derecho a los toros en Cataluña u otros lugares es absolutamente desproporcionada con la realidad de incumplimiento de derechos de todo tipo en el caso de Venezuela. Es tan absolutamente desproporcionada como absolutamente descriptiva: el derecho individual, más local o más global, más grande o más chico, más vital o menos, se observa en función de un interés particular y su lectura. Y sin rédito. La cultura de la observación de derechos y la lucha e implicación por los mismos es inexistente. El ser humano posee ya la cultura acomodada, perezosa y hasta delictiva, de reclamar derechos dependiendo de su propio interés. No del interés del ser humano en el mundo. Ni en su país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario