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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 2 de marzo de 2026

Aquellos sesenta (II)… / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Diego Puerta, Gregorio Sánchez y El Viti (confirma), Las Ventas 1961.
 Foto: La Gaceta

Aquellos sesenta (II)…

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 2 III 2026
A esa década no han querido llamarla “Edad de oro”, aunque razones dio. Quizá fue por no redundar con las históricas anteriores así rotuladas; aquella 1791 - 1801 de Romero, Pepe Hillo y Costillares, o la 1910 a 1920 de Joselito y Belmonte. Tampoco la han enchapado en “plata”, como la muy heroica 1920 - 1936. No, a esta la han fundido en otro metal; Edad de platino.

Bueno, creo que la mayoría de quienes por razones naturales nos perdimos las tres primeras, pero vivimos la última, y la anterior a ella, (la de los cincuenta), y las seis que le han sucedido hasta hoy, podemos convenir, toreramente hablando, que la vitola platinada, pese a no ser eufónica, cuadra. Está bien, al fin y al cabo, también es elemento precioso.

Nadie lo adivinaba cuando la cosa empezó en Cali (cuestión de fechas feriales), el 3 de enero de 1960, con el mano a mano Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. Inicio, que también fue punto final a su “peligrosa” rivalidad del inmediato 59, apologizada por Hemingway.

En plaza llena, no era para menos. Calor y sol, toros de Fuentelapeña (Pinto Barreiros), pequeños y encastados, a los que el rondeño desaforado en la primacía, les cortó cuatro orejas, ante su estelar cuñado, que solo recibió una. Al otro día volvieron a coincidir allí mismo, con armado encierro de Achury Viejo (Conde de la corte), y tercería y sangre de Vásquez II. Pero ya todo estaba escrito, era cosa pasada. Amanecía otra época. La cual no sería para ninguno de los dos.

Pronto, el sábado 30 de abril, lo pregonó en La Maestranza, el joven Diego Puerta. Adelantado de una generación hija de la guerra civil. Y qué criada duramente sobre la arrasada España de la posguerra, venía por su lugar en el ruedo y en la vida, a como fuera. Diego salió esa tarde de la capilla, para enfrentar la corrida de Miura y dijo a sus peones: “Ojo a los quites, que esta tarde salgo muerto o rico”.

El berrendo “Escobero”, de 593 kilos, le dio la oportunidad de sostener con el cuero sus palabras. Tras una fiera, bella, y al fin triunfal batalla, llevaron al bravo sevillano a la enfermería, vivo aún, y luego rico. Filiberto Mira en su libro “Medio siglo de toreo en La Maestranza”, confiesa: Aquella tarde comprendí para siempre QUE EL TOREO ES EL ARTE DE LA EMOCIÓN. Así, tal cual, con mayúsculas en prensa.

Apenas 17 días después, Antonio Ordóñez, máxima cifra del poder amenazado, contesta en Las Ventas. Llovía, y tras confirmarle alternativa a Mondeño, recibe a “Girondino” (alias “Bilalarga”), 521 kilos, segundo de Atanasio Fernández, que va por él y le coge dos veces. La segunda, ya estoqueado. Los dos al piso.

Antonio Díaz Cañabate, cronista del ABC, consignó: “Toma la muleta en la izquierda y esculpe en el bronce imborrable del recuerdo cuatro naturales de prodigio… el clamor ensordecía… se va tras la espada… el toro está muerto… ¡Ahí queda una faena! Una faena indescriptible. Una faena que en la historia del toreo quedará…”

Sí. Cuarenta y un años después, estas dos gestas transicionales, la de “Escobero” y la de “Girondino” fueron incluidas por Pierre Arnuil e Ignacio de Cossío en su libro capitular: “Las grandes faenas del siglo XX”. Con prólogo de Camilo José Cela.

Ese alumbrante año taurino 1960, terminaría, de nuevo en Cañaveralejo, el 30 de diciembre. “Corrida del toro”, y otra vez con fuentelapeñas. Bernardino Landete (rejoneador), Luis Miguel Dominguín, Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, y los jóvenes retadores Pepe Cáceres y Paco Camino, que aventajaron a los veteranos desorejando sus toros.

Con ellos emergerían: Curro Romero, El Viti, El Cordobés, Mondeño, Manolo Martínez, Palomo Linares, Paquirri…, la televisión, la conjunción de las masas, la internacionalización, y el abrir del tiempo a diez años que estremecerían el ruedo, porque fuera de él, también se estremecían la cultura y el mundo...
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