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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 11 de marzo de 2012

Padilla y los buenos y los malos sentimientos / Ricardo Díaz-Manresa


Juan José Padilla y esposa

"...Menuda noticia en Olivenza, recuperar a un héroe entre la curiosidad sana e insana. Admiración y morbo. Un torero disminuído en lo físico pero con el alma engrandecida. Un ejemplo de lo que son los toreros. Personajes épicos en una sociedad cobardona y hedonista..."

Padilla y los buenos y los malos sentimientos

Ricardo Díaz-Manresa
09- 03- 2012

Auténtico aluvión de informaciones y opiniones tras la revolución Padilla. Muy pocos lo esperaban otra vez en los ruedos y casi a medio curar. Y nadie soñó verlo hacer el paseíllo tan pronto.

Y la hazaña ha suscitado toda clase de comentarios y reacciones. La mayoría, con razón, lo tacha de héroe. ¿Quién en otra profesión es capaz de hacer lo que Juan José Padilla?. No recuerdo otro caso parecido que el de Niki Lauda, elfórmulauno, que volvió después de un accidente terrible, pero –eso sí- con la vista intacta y un muy largo tiempo de recuperación.

No es que haya reaparecido pronto, es que ha seguido el curso natural del toreo. Lo hieren gravemente –rectifico : lo destrozan- en la última gran feria de la temporada y reaparece en las primeras corridas de la siguiente como si no hubiera pasado nada. Lo paró el invierno como a todos los demás. ¡Qué tío!

Los buenos sentimientos y admiraciones hacia Padilla han sido numerosísimos porque lo suyo es de héroe. Mucha gente de buena voluntad lo ha puesto como ejemplo de superación. El torero no se ha perdido y hemos descubierto un hombre profundo en sus creencias, en su aceptación de la desgracia, en su lucha por la vida y por la profesión, en su enorme fe en la familia y en su tremenda carga de responsabilidad (por cierto, tan bien asumida). 

O sea, la opinión pública y publicada, totalmente a su favor, y sus declaraciones, impecables, conmovedoras y ejemplares. Una gama conjunta de bonitos sentimientos, de la gente de buena voluntad que sigue en el mundo, a la que cantaban los ángeles en Belén en la gran noche. Los aficionados una vez más muestran sensibilidad de la buena y su gran humanidad.

Y puede que haya habido malos sentimientos en algunos de lo que se llama información y que sólo son atraídos por las desgracias del toreo. Y también otros, curiosos y espectadores, se habrán volcado por el morbo, por verlo así, con curiosidad malsana. Porque Padilla, y es lógico, concita ahora la gran atención cuando antes era un profesional más. 

Algunos, con morbo, me han preguntado si sigue por dinero. Creo que volvió para demostrar un afán sublime de superación y dejar sentado que los toreros son los auténticos héroes de los últimos siglos y, por supuesto, de esta era moderna, tan acomodaticia, frágil y ligth. ¿Por dinero? No lo creo. ¿Tenía suficiente para vivir?. No lo sé, pero no se olvide que toreaba en las grandes ferias donde siempre se cobra, lo hizo durante muchos años, mató las corridas duras, superó toda clase de cornadas y percances y montoncito a montoncito –mayor o menor- algo tendrá para haber pasado bien una retirada forzosa.

Hasta Olivenza, fue uno más de los que dan la cara, en sentido literal y profesional. Como que el rostro se lo partieron y todavía está en rehabilitación. Ocupaba un puesto muy digno, seguramente el que le correspondía. ¿Cambiará a partir de ahora como torero? Difícilmente porque era un profesional físico y ahora, aunque su preparación en el gimnasio haya ido espectacular y durísima, está claro que arrastra una disminución evidente. Los años se le iban acumulando y hasta el día de Zaragoza se le notaba un pequeño bajón inevitable que incluso, nunca se sabrá, podría haber contribuído al mal final de ese par que llenó de horror al toreo. Su tirón iba disminuyendo al hacerlo también sus facultades.

Y entonces se cumple otra vez el sabio refranero español y no hay mal que por bien no venga. De carteles duros pasa y va a pasar a los blandos. De ganaderías terroríficas, a las dulces. De compañeros que luchan como fieras para hacerse un hueco, a las grandes figuras. De paseíllos difíciles, a los de categoría y expectación. El buen Padilla ni lo había soñado. Ni él ni nadie. 

Gracias a Dios por el cambio y que dure mucho. Quizá las empresas le han querido ayudar al ver lo grande que era superando el trance y se han querido ayudar a sí mismas por esta novedad que les cayó del cielo, cuando no esperaban más que otra temporada a los mismos ya vistos. Y el pueblo, los de buena voluntad, a admirar, y los de mala, a disfrutar del morbo.

En lo que no ha cambiado, y podría haber aprovechado la oportunidad, es en su imagen. Esas patillas y esos trajes de luces. Torero clásico pero extravagante en su vestimenta. Vaya vestido de luces en su vuelta, acompañado por otro de horror de Manzanares, pero Jose Mari ¿también tú? de horror.

Aunque Padilla no mejore su puesta en escena, demos gracias al cielo por haberlo devuelto tan dispuesto y por ser una llamada permanente a la sociedad, con tanto anti al acecho, que demuestra cómo es el toreo y los toreros. En realidad sí ha cambiado. Desde luego, a una persona muchísimo mejor.
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