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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 23 de agosto de 2017

BILBAO. Magisterio, profundidad y valor de ley / Por Paco Mora




Magisterio, profundidad y valor de ley

Paco Mora
Julián López “El Juli” ha sentado cátedra en la cuarta de la Feria de Bilbao con dos toros de Jandilla. El primero imposible y el cuarto muy difícil, que hubiera resultado impracticable para cualquier otro torero del escalafón, pero que ha tenido la suerte de caer en las manos de El Juli, que de no fallar a espadas lo habría mandado al desolladero sin una oreja al menos. El de Velilla de San Antonio ha dado con ese toro una lección magistral de valor, torería y conocimientos que, si no lo fuera ya hace tiempo, hubiera sido suficiente para confirmarlo como el mandón del toreo actual. La lidia de El Juli al Jandilla de referencia ha sido de una altura inconmensurable, y así lo ha entendido el público bilbaíno que lo ha aplaudido a rabiar. El Juli de estos finales de agosto está siendo intratable. Para competir con él hay que dejarse los pelos en la gatera, jugársela con todo y estar dispuesto a ir al hule. Gran tarde del gran caporal en el coso de Vistalegre.

Miguel Ángel Perera está renovando sus laureles. Vuelve a ser la muleta más poderosa del momento, y su toreo ha ganado en profundidad, a partir de una magnífica colocación y conocimiento de los terrenos, de las alturas y las distancias. Distancias que no tiene inconveniente en acortar hasta extremos agobiantes como colofón a sus faenas. La tizona ha tenido la culpa de que no haya tocado pelo en ninguno de sus dos oponentes.

El joven peruano Roca Rey se ha reencontrado a sí mismo con la corrida de Borja Domecq, y después de cortarle una oreja a su primero, en el sexto, el toro más completo de la tarde, ha puesto la plaza boca abajo con una faena vibrante, variada, valiente y ambiciosa. También a este le ha cortado una oreja pese a atronarlo al segundo envite. De seguir así, el pupilo de José Antonio Campuzano y Ramón Valencia va a quitar muchos moños.

La corrida de Jandilla ha tenido sus dificultades -¿quién dice que los toros han de ser la tonta de la pandereta?-, pero pese a ellas, con más acierto con los trebejos toricidas, todos, menos el primero, habrían sido arrastrados mutilados al menos de un apéndice auricular. ¡Y que no se me olvide! Hoy casi se ha llenado la plaza bilbaína. ¿Tendrá ello algo que ver con los toreros y los toros anunciados? Y es que, como en el Evangelio, la mies es mucha pero pocos los elegidos…