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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 27 de agosto de 2017

La depravación ideológica de los catalibanes alcanza el paroxismo: insultos al Gobierno y al Rey, ni una mención a los asesinos.



La manifestación de Barcelona ha sido un momento triste de la historia de la democracia española. Nunca antes hubo una manifestación después de un atentado terrorista en la que no se denunciara a los asesinos. Esta vez no solo no había ni un cartel contra el Daesh, que da la casualidad de que ha reivindicado el atentado, sino que había multitud de carteles contra el Rey de España y contra el Gobierno de la nación. Que, además, no tiene las competencias de seguridad contra el terrorismo. El colmo.


La depravación ideológica de los catalibanes alcanza el paroxismo: 
insultos al Gobierno y al Rey, ni una mención a los asesinos.

La manifestación de Barcelona ha sido un momento triste de la historia de la democracia española. Nunca antes hubo una manifestación después de un atentado terrorista en la que no se denunciara a los asesinos. Esta vez no solo no había ni un cartel contra el Daesh, que da la casualidad de que ha reivindicado el atentado, sino que había multitud de carteles contra el Rey de España y contra el Gobierno de la nación. Que, además, no tiene las competencias de seguridad contra el terrorismo. El colmo. Hace falta ser verdaderamente idiota para llenar las calles con carteles contra las armas cuando los muertos de Barcelona fueron causados por un vehículo. Y por un arma blanca, pero supongo que los carteles no pretendían denunciar el supuesto tráfico de navajas de Albacete o de cuchillos jamoneros de Toledo.


La imagen del Rey y el Gobierno de la nación marchando rodeados de «esteladas» ha resultado especialmente penosa. Reconozco su buena voluntad al no querer dejar el espacio en manos de los independentistas e ir a Barcelona sabiendo que corrían este riesgo. Pero, lamentablemente, la manifestación de Barcelona sólo ha sido un éxito para los que llevan nueve días intentando capitalizar el atentado para sus intereses bastardos.

“No tinc por”

Nueve días después de los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona), manifestación, bajo el lema “No tinc por” (No tengo miedo). En la cabecera 75 representantes de todos los cuerpos policiales, servicios de emergencias, comerciantes y vecinos que atendieron a los heridos en los primeros momentos del ataque. En una segunda línea, el Rey, el presidente del Gobierno y la práctica totalidad de su Ejecutivo, el presidente catalán, la alcaldesa de Barcelona, los presidentes de todas las comunidades autónomas, líderes de todos los partidos, y una amplísima representación de instituciones, patronales y sindicatos.

El Rey, nada más llegar a la manifestación, ha aplaudido a los Mossos d’Esquadra y al resto de cuerpos de seguridad y de emergencias sanitarias, a los que ha saludado uno por uno entre muestras de afecto, acompañado por el resto de autoridades. Grupos independentistas liderados por la CUP se han acercado a la cabecera, donde han exhibido además de banderas «esteladas», pancartas en contra de la presencia del Rey y del Gobierno, a los que se ha acusado de complicidad con el tráfico de armas. La llegado de las autoridades ha sido recibida con una pitada, en ningún caso generalizada pero sí muy audible.

El Rey, Rajoy, Puigdemont y otras autoridades han caminado por el centro del paseo flanqueados por jóvenes de diferentes religiones, entre ellos una chica ataviada con el pañuelo islámico. Juntos han llegado a plaza Cataluña, donde la actriz Rosa Maria Sardà y la activista Miriam Hatibi han hecho varias lecturas. El acto ha concluido con la interpretación del «Cant dels Ocells», el clásico de Pau Casals.