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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 1 de mayo de 2018

"EL TONTO NO DESCANSA". Catalá o la fase REM de la pesadilla nacional: atacar la credibilidad de los jueces españoles para que Alemania no extradite a Puigdemont.


El borrón y cuenta nueva ha comenzado. Catalá nunca se hubiera atrevido a poner en discusión la solvencia de un magistrado sin el permiso de la autoridad competente. Lo que ha hecho Catalá es lo mismo que hizo Montoro con sus no menos desafortunadas declaraciones a El Mundo: plantear dudas a los jueces alemanes sobre la rectitud de juicio de sus colegas españoles, dejar a estos a la altura del betún, inclinar a la opinión pública a favor de la exoneración y puesta en libertad de los presos golpistas. Y por supuesto, que Puigdemont no sea entregado a la justicia española y continúe siendo un permanente factor de desestabilización para España, que es lo que conviene a los amos de Catalá y de Rajoy.

Catalá o la fase REM de la pesadilla nacional: atacar la credibilidad de los jueces españoles para que Alemania no extradite a Puigdemont

AR.
España implosiona. La derecha liberal en el Gobierno tira la toalla y renuncia a defender cualquier principio que no le asegure ganar tiempo y seguir cumpliendo con la agenda mundialista. Como ha sido apuntado, el PP se ha lanzado a imitar al exitoso riverismo, que consiste en ir modulando el discurso al calor de lo que dicta el griterío tuitero del respetable. Ni valores ni monsergas. Primero Montoro ofreciendo una coartada de lujo al fugado Puigdemont y ahora Catalá descalabrando la credibilidad (y hasta la salud mental) de los jueces españoles. La democracia española ha consistido en ceder el poder a una élite corrupta y a la izquierda el control ideológico y moral de los españoles. Las reacciones tras la sentencia de la mal llamada “Manada” han sido todo un ejercicio de demagogia y fariseísmo. Ahora le ha tocado el turno al ministro de Justicia con sus imprudentes, ofensivas, injuriosas y frívolas descalificaciones contra el magistrado que se atrevió a discrepar del contenido condenatorio de la sentencia. Inaudito que el ministro encargado de velar por la neutralidad de la justicia se convierta en juez y parte. Tan inaudito como si la ministra de Defensa se dedicara a propagar insidias sobre uno de sus generales.

Al ministro Catalá se le ha calentado la boca para referirse al firmante de una sentencia contra la que braman progres y feministas. El ministro parlanchín es el mismo que ha guardado clamoroso silencio ante casos tan graves como el del violador reincidente que será excarcelado el jueves; el de los dos rumanos detenidos tras asaltar y casi matar a una anciana en Polop de la Marina; el de la turba a punto de linchar en Linares a varios agentes de la policía; el de las bandas paquistaníes que se disputan el control del narcotráfico en las calles de Barcelona; el de la brutal paliza a una anciana, en el portal de su domicilio en Algeciras, por parte de un rumano; o el de las violaciones múltiples en Alicante a cargo de criminales argelinos.

Elocuente el silencio del ministro de Justicia y de la jauría mediática ante hechos delictivos cuyos autores proceden de otros países y de otras culturas. Elocuente y revelador.

Pero que nadie piense que las incendiarias manifestaciones del ministro Catalá fueron consecuencia de un calentón mañanero o de una lamentable imprudencia. No. Sus declaraciones en la COPE respondieron a un guión acordado de antemano. 

El ministro Catalá no apuntaba a la Audiencia de Navarra y sí al Tribunal Superior de Justicia del land alemán de Schleswig-Holstein. Hemos entrado en la fase REM de la pesadilla nacional: dejar sin efecto las responsabilidades penales de los responsables del proceso golpista en Cataluña. El borrón y cuenta nueva ha comenzado. Catalá nunca se hubiera atrevido a poner en discusión la solvencia de un magistrado sin el permiso de la autoridad competente. Lo que ha hecho Catalá es lo mismo que hizo Montoro con sus no menos desafortunadas declaraciones a El Mundo: plantear dudas a los jueces alemanes sobre la rectitud de juicio de sus colegas españoles, dejar a estos a la altura del betún, inclinar a la opinión pública a favor de la exoneración y puesta en libertad de los presos golpistas. Y por supuesto, que Puigdemont no sea entregado a la justicia española y continúe siendo un permanente factor de desestabilización para España, que es lo que conviene a los amos de Catalá y de Rajoy.

España ha dejado de serlo porque ya sólo representa la voluntad de quienes quieren demolerla por implosión, gracias sobre todo a dinamiteros tan serviles como una parte de la derecha liberal, la jauría mediática y la mafia progresista al completo.