'..Porque sí, fue un día de cantera. La Cantera le dio sentido a la tarde. O sea, este Madrid no termina de tenerlo nunca, pero cuando hay canteranos es como la espumita de las cajas de Amazon, que dan empaque a la caja..'
Hughes
Pura Golosina Deportiva
Más que el campeonato de la regularidad, la Liga parece el de la discontinuidad. Con tanto parón, cuesta reengancharse. Es una novela que no le coge uno el hilo. Una conversación. Tenemos que empezar a hablar para seguir.
El horario no ayudaba ayer. Esa hora terrible de la siesta convierte el partido en una tortura si ritmo no hay, y no hubo mucho.
El Madrid jugaba con Gonzalo donde Mbappé y todos teníamos la certeza de que el equipo jugaría mejor. Tampoco fue mucho mejor, sólo algo mejor. Y casi es preferible porque todo lo mejor que fuera acabaría forzosamente en un cajón al regresar el astro.
4-4-2 en defensa, doble pivote, alguna vez la salida de tres, el retorno de Rodrygo, algo de presión... ciertos elementos de orden.
Entre lo que pude rescatar de mi somnolencia está una mejoría de espacios. Al principio, Vini y Bellingham fueron más ellos. Jugaban más sueltos, más largos... Esto creo que duró poco. Luego Vini volvió a apagarse. En la segunda parte hubo una jugada reveladora. Un contragolpe desemboca en él, pero recula, devuelve atrás, y la jugada se hace posesión larga, y acaba, la sucesión de pases, otra vez en Vinicius, que de nuevo evita el regate.
Bien posicionado el equipo, y trabajador, al producto le faltaba ritmo. Pensé en Trump y su aspirina al día. “No quiero sangre espesa. Quiero sangre fina corriendo por mi corazón”. Al Madrid se le espesa el fútbol y quizás sea inevitable. El que podría darle ritmo, porque algo tiene, es Camavinga, pero personifica al Madrid: es irregular, poco fiable, alterno, genialoide, despistado...
Algo así produce el equipo de Xabi Alonso. Una cosa muy rara. Su presencia nunca es muy real. Muy pocas veces están del todo. Están de un modo algo funcionarial, algo medroso quizás, pero sin emoción, y luego dejan de estar, caen en baches, en latencias, en somnolencias como la que se apoderaba de mí.
Es como esas parejas que ves a veces en los sitios (o uno mismo) que cenan maquinalmente, como si el otro apenas estuviera. O esas personas tristes de las pandillas que nunca hablan mucho. Estar están, comparecen, pero cuando se piensa en ellos apetece agitarlos, abofetearles: vive, vive, ¡exprésate!
No es exactamente Camavinga esa frecuencia, pero sería lo más parecido y ¿harías un viaje largo en un coche llamado Camavinga? ¿En un Ford Camavinga?
El partido no fue malo. El Madrid estuvo serio y nunca hubo intriga. Si al principio Gonzalo dejó espacios a Vini y Bellingham, luego ocupó los que debía. Eso cambia con él. Nuevos espacios conseguidos. Hubo dos goles de área: uno de cabeza, otro de espuela, vistoso, goles en el sitio en el que tiene que estar
Y luego otro, sorprendente, con bello control de pecho, la pelota cayendo como una babilla de bebé hasta el suelo y volea de media vuelta pegada al palo... No todo en Gonzalo es cumplir el expediente. No todo es sí, señor. Alguien con dos copas coge el micrófono en el karaoke de la fiesta de empresa y... ¿de dónde ha salido este chico?
Mbappé aplaudía en el palco, todo diplomacia, pero un señor inmenso a su lado, cerca pero lejos, como suele estar un guardaespaldas, no aplaudía en absoluto y ponía mala cara.
Gonzalo es un acierto de Xabi Alonso, y me gusta recordarlo porque el pim, pam, pum ya huele.
Gonzalo celebró como un canterano de una pieza, con sana ingenuidad, y por el hat trick enseñó tres dedos tontorrones. Tres, he metido tres. Cerca de donde yo estaba, una niña pequeña le preguntaba a su padre “¿por qué el Madrid tiene a un chino?”
Ojalá haber sido el papá para haberle explicado que no era chino, sino tártaro, y haber añadido después, cuando Fran García marcó el sorprendente quinto de remate mordido nunca sabremos si con la tibia o el peroné (Fran los movió los dos, como en la canción), que el Madrid organizó un Torneo Social en las tierras del Volga y allí reclutó a Gonzalo y a Fran García (”fíjate bien, mira su cara”.); aunque luego hubo que españolizarlos para proteger su canteranidad.
Porque sí, fue un día de cantera. La Cantera le dio sentido a la tarde. O sea, este Madrid no termina de tenerlo nunca, pero cuando hay canteranos es como la espumita de las cajas de Amazon, que dan empaque a la caja. El otro gol lo marcó Asencio, de solitaria cabeza en un córner. Quizás el momento de mayor vibración se produjo cuando marcó Gonzalo y luego Asencio hizo un sprint defensivo que arrebató a la grada. La gente se calienta así, viendo correr a Asencio. Esas personas luego salen del estadio y te las ves por la calle tan normales...
Conseguido el 3-0, el Madrid se fue. Se quedó en Babia. El Madrid de Xababia Alonso. Y hubo minutos para el lucimiento bético, el área un campo de tiro y venga zurditos y paradas de Courtois, y sobre todo un saque de brazo que quizás fue lo mejor de la tarde: un pase que dejó al compañero puesto en el área contraria.
¿Por qué no corría ese Madrid del 3-0? Carreras aguantaba a Antony pero llegaba el lateral y nadie iba con él. No corrían y no era culpa de Mbappé.
La tarde empezó con un ¿veis qué bien sin ti? y ahora se escuchaba ¿veis que sin mí igual?
Los cambios vinieron bien. Güler demostró que no va a cejar y Mastantuono, el Franco morocho, dejó escapar un burbujeo que refrenó por miedo.
Del 3-1 con riesgo de pitos se pasó, por una buena maniobra del entrenador, a un tranquilo 5-1, ensombrecido sólo por las molestias de Tchouaméni que significan inmediatamente Ceballos.
O sea, que por unas o por otras, el Madrid acaba cada diez días en Ceballos y Asencio.
Hay dos grandes condicionantes: la composición de la plantilla y las lesiones. Es el peso de un desequilibrio, en parte glorioso, que viene de atrás.
Pero optimismo: fue tarde de cantera, y siempre que aparece reconforta, como un caldito. En tiempo de tribulación, un poquito de cantera hace más bien que mal.

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