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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 18 de abril de 2012

El TRIO GANADOR / Por Bemjamín Bentura Remacha


.....Y al público hay que ofrecerle el espectáculo en toda su amplitud, desde que sale el toro hasta que se lo llevan al desolladero.....


El TRIO GANADOR

Bemjamín Bentura Remacha
Zaragoza, 17/04/2011.-
Recuerdo cuando en mis tiempos jóvenes, casi un niño, el Monasterio de Veruela, en la falda del famoso y vilipendiado Moncayo (por lo del viento cierzo que arrasa de vez en cuando la depresión del Ebro y que él no genera),que lo ocupaban los seminaristas de la Compañía de Jesús que salían a pasear de tres en tres porque los tríos eran menos dados a las confidencias que los dúos. Tríos de ases, podium de las carreras, tres eran tres las hijas de Elena, sota, caballo y rey, “hat trick”, triplete de goles o tres matadores al frente de las tres cuadrillas. Pero el trío que debe de mandar en la fiesta de España es el formado por el toro, el torero y el público. Jamás los poderes fácticos o imaginarios han gobernado el espectáculo y muchas veces papas, reyes o gobernantes lo han prohibido sin llegar nunca a erradicarlo, abolirlo. Ni habrá quién lo “abola”, afirmo.

Es difícil también poner de acuerdo a los componentes de este trío fundamental. Y es imposible que los propios protagonistas perciban su significado. Creo que en el momento actual es el lado de los toreros de este triángulo equilátero el que sirve de base para su equilibrio. Hay una veintena de toreros importantes dentro del más que centenario escalafón: Ponce, Morante, Manzanares, “El Juli”, Castella, Uceda Leal, Curro Díaz, José Tomás (pero no ejerce), “El Fundi”, Perera – hasta aquí según mis preferencias-, “El Cordobés”, “Paquirri”, Cayetano, Padilla, Talavante, Bautista, “El Fandi”, Fandiño, David Mora y Ferrera – estos últimos los del corazón, el sentimiento, la popularidad o las circunstancias - . Por lo que sea, hay veinte toreros que pueden figurar como atractivo de los carteles de las ferias importantes. Y algunos más como los mexicanos que vienen, Luque, Serafín Marín, “El Cid”, Aguilar, Pinar, Bolívar, Aparicio o Leandro. Puede que en este aspecto estemos a la altura de los mejores tiempos. Puede que no se haya logrado la pareja rompedora que dividiera a los aficionados y marcara el plus de la competencia y la realidad virtual de las dos porterías futboleras como en los tiempos de “Lagartijo” y “Frascuelo”, “Joselito” y Belmonte, “El Tino” y “Pacorro” (Alicante), “Herrerín” y Ballesteros (Zaragoza) o las dictaduras de “Guerrita”, “Manolete” y “El Cordobés” (el Benítez), casualmente los tres a la sombra de la Mezquita. Dicen que no hay gran hombre para su mayordomo. Es posible que la televisión haya difuminado la aureola de gran torero que signaba en tiempos más cerrados y oscuros a las figuras del toreo. Se les conocía menos y se les admiraba más.

Tenemos toreros y yo creo que hay buenos toros. Sin embargo, los toreros que mandan no se inclinan por las ganaderías más bravas. Hace años lo sentenció don José Flores: ¿Y quién le ha dicho a usted que a los toreros les gustan los toros bravos? El arte ha difuminado la lucha (lidia) y se busca el toro pastueño. Antes, en mis tiempos jóvenes, los de arriba toreaban los “patas blancas”, “cobaleditas” o “guirlachitos” y también lo de Miura, Pablo Romero, Conde de la Corte, la Viuda, Graciliano o Santa Coloma. Ahora las ganaderías más encastadas, Torrestrella, Cuadri, Alcurrucén o Baltasar Ibán , las lidian los buenos toreros de la segunda fila y él que debería empuñar el bastón de mando señala únicamente los productos de una sola familia de criadores. Total, va a torear media docena de tardes y todas ellas lejos de la media docena de plazas comprometidas. Eso es nuevo. Manuel Rodríguez hizo un solo paseíllo de luces el año 1946, pero lo hizo en Madrid, en la Beneficencia y admitiendo la entrada en el cartel del más gallito de los toreros jóvenes, Luis Miguel.

En Sevilla, según explica el sabio Ignacio Álvarez Vara “Barquerito”, hay predominio de la procedencia Domecq. Le llaman el toro de Sevilla y su amplio disforme redondel no se corresponde con sus menguados corrales. No hay habitáculo digno de toros de recia estampa. Y vienen corridas con alcurnia, las de Palha refrescada con los contreras de don Baltasar, la indiscutible de Cuadri, también la de don Álvaro y la amalgama de los de Atanasio y el Conde de la Corte, los de Dolores Aguirre. ¿Para quién? La de Victorino para el mano a mano de Fandiño y Mora, preparado empresarial similar al de Padilla y su ojo tapado. Es algo que se acentúa en estos tiempos. Fiesta y tragedia. Eso es lo que merece que los medios informativos se acuerden de los toros. A Cultura yo le pediría que rogaran a prensa, radio y televisión que se comprometieran a publicar al menos los festejos mayores celebrados en plazas de primera. Estos días, “Heraldo de Aragón” ha publicado la crónica de la cogida de Ángel Teruel en Arles y la imposición del garbanzo de plata a Padilla. Ni una sola reseña de las corridas que se han celebrado en Sevilla. El abandono del tema taurino por parte de los medios de difusión es uno más de los parámetros que alejan a los aficionados de las plazas.

En el coso de “El Baratillo” se han lidiado toros del Conde de la Maza, habituales en los carteles de la Feria de Abril. Un cronista que no es “el mejor crítico taurino del mundo” que anuncia Intereconomía que publica sus sabias reseñas en el diario “La Gaceta”, les llama los toros “condesos”, lo mismo que decían en mis tiempos de los del Conde de la Corte y que yo repetía que era más apropiado llamarles “cortesanos” porque condes ganaderos había unos cuantos. Ahora existen media docena de ganaderos con condado y una “condessa” y confunde llamarlos a todos “condesos”. O marqueses o ducales, marqués de Albaserrada, duques de Veragua o de Pinohermoso. Pero los títulos no hacen al toro. Hace años, cuando el conde de Mayalde accedió a la alcaldía de Madrid, en los mentideros chisperos se comentaba, ante los muchos mansos de su ganadería que se lidiaban en Madrid como sobreros, que “ya era hora de que un Mayalde tomara una vara”. En cuestión de anécdotas no me resisto a repetir lo que se ha recordado estos días de aquel gran escritor que fue Agustín de Foxá. Residía en Roma, en la embajada española, y el conde Cíano, cuñado de Mussolini, le decía que “el alcohol le iba a matar”. “Y a usted , Marcial Lalanda” – le contestaba Foxá sin pensárselo dos veces. No sé como se salvó del pelotón al amanecer.

En fín, el tercer lado de este triángulo de la Fiesta Española es el público. Y al público hay que ofrecerle el espectáculo en toda su amplitud, desde que sale el toro hasta que se lo llevan al desolladero. Segundo y tercer tercio están bien servidos con más o menos pureza, con más o menos arte. Pero el primero está totalmente mutilado. Imaginación e inteligencia en la oferta popular y también integridad. Menos reglas, normas o imposiciones y más autenticidad en el espectáculo. Desterrar el peto-muralla e imponer la suerte de varas a la antigua garantizando la integridad del caballo. Y que tengan el título de picadores de toros los que sepan montar, tirar el palo, detener el empuje del toro y darle salida por delante del caballo. Y los de a pie, al quite. El momento es difícil y complicado, es cierto. Por eso hay que buscar los alicientes necesarios para que las gentes acudan a las plazas de toros. Bien está el apoyo de los gobernantes y las asociaciones aunque el empujón decisivo lo tienen que dar los otros dos lados de este triángulo mágico: los toros y los toreros. Y el público responderá.
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