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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 23 de abril de 2012

MADRID: Alberto Durán destaca otra vez en Las Ventas / Por Juan Miguel Núñez


Foto: José Mª Vivas-Burladero.com

Alberto Durán destaca otra vez en Madrid,
pero de nuevo sin espada
Juan Miguel Núñez
Madrid, 22 abr (EFE).- Una buena novillada de "Monte La Ermita", ganadería que tomaba antigüedad en Madrid, ha encontrado oportuna respuesta solo de parte de uno de los tres actuantes, Alberto Durán, novillero que vuelve a destacar por tercera vez en Las Ventas, sin embargo, de nuevo sin suerte a la hora de matar.

FICHA DEL FESTEJO.-
Novillos de "Monte La Ermita", bien presentados, nobles y con clase, de muy buen juego en distintas versiones. Todos tuvieron la virtud de la duración y de embestir muy humillados. Aplaudidos, segundo, tercero y quinto.

Salvador Barberán: tres pinchazos y estocada (silencio); y estocada desprendida y dos descabellos (silencio tras aviso).
Alberto Durán: estocada defectuosa y doce descabellos (palmas tras dos avisos); y pinchazo, estocada atravesada y tres descabellos (ovación tras aviso).
Rafael Cerro: seis pinchazos y casi entera desprendida (silencio tras
aviso); y tres pinchazos, estocada y descabello (silencio tras aviso).
En cuadrillas, Víctor Nieto saludó tras banderillear al cuarto.
La plaza tuvo un tercio de entrada en tarde agradable.
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FELIZ DEBUT DE "MONTE LA ERMITA"

No debieron llegar los novillos de "Monte La Ermita" con las orejas intactas al desolladero. Porque al menos cinco de los seis que saltaron al ruedo venteño en el debut de esta ganadería de los hermanos Tomás, Pablo y Ángel González García, eran de triunfo claro clamoroso.

Porque el comentario de una buena novillada resulta más elogioso cuando va paralelo al que distingue también el triunfo de los toreros, a las reses de "Monte La Ermita" les faltó precisamente eso, que le hubieran cortado las orejas. Lo cierto es que por parte del ganado no se pueden dar más facilidades. Si acaso desentonó algo el cuarto, por soso, pero sin molestar; noble y suavón el primero; pronto y con importancia el segundo; bravo y con clase el tercero; el quinto manseó de salida pero se vino arriba en la muleta, aunque tras aguantar un trasteo demasiado largo acabó pidiendo las tablas; también el sexto se movió. Y todos sin excepción, embistiendo por abajo.

Resulta sorprendente que en un panorama así, solo dio la talla el joven zamorano Alberto Durán. Tuvo importancia su primera faena, con prólogo de capote a gran altura por el templado y ajustado recibo a la verónica, galleo por chicuelinas, quite por vistosos delantales y "réplica" otra vez a la verónica tras intervenir Cerro de frente y por
detrás. Lo que quiere decir que el astado aguantó también lo suyo en los dos primeros tercios.

El trasteo de muleta, de gran estética por su inmaculada limpieza, fue de absoluto dominio y gran aplomo. La figura muy encajada y con el temple como poderosa arma. Durán bordó el toreo fundamental por ambos pitones, y destacando sobremanera al natural. Ligazón en cantidad y calidad. La plaza fue un hervidero de olés también en una demostración de valor ya en el epílogo y las "alegrías" también antes de montar la espada. Pero la espada. Ay, la espada. Volvió a ser su talón de Aquiles. Y lo que debió ser una o dos orejas, pasó a convertirse en dos avisos.
Circunstancia que se daría también en el siguiente, el quinto, al que toreó con tanto aplomo y personalidad. 

Impresionante apertura de faena a éste, con dos muletazos por abajo de mucho poderío y aroma, para
seguir luego a derechas con mucho ritmo, hilván y profundidad. Pero como no mató, de nuevo un aviso por otras dos orejas que tenía seguras. Durán sabrá cuánto va a tardar en ponerse con su asignatura pendiente.
Y hablando de preparación y aprendizaje, la recomendación de una voz guasona que salió de los altos del tendido "siete", resume la actuación de los otros dos alternantes: "chicos, no dejéis de estudiar". 

Los dos estuvieron fríos e incapaces. A ninguno se les ve que pueda llegar. 

Y encima con una novillada tan clara. EFE

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El novillo de "Monte la Ermita" arrastrando el hocico por el suelo