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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 21 de abril de 2012

FERIA DE SEVILLA: SUCEDIÓ EL MILAGRO / Por Antolín Castro



A la Puerta del Príncipe se la podría llamar la de 'Los Milagros'


",,,Para mi ‘milagro’ es que esos toros anovillados, sin casta ni emoción alguna, se les pueda considerar aptos para encumbrar y dejar patente el supuesto poderío de un torero..."


SUCEDIÓ EL MILAGRO

Antolín Castro
España

O algo así les pareció a los miles de asistentes a la Plaza de La Maestranza de Sevilla. Un milagro suele llamarse al acontecimiento no previsible y fuera del alcance de las personas normales.

Pues eso pareció, o les pareció, a cuantos presenciaron la corrida de Sevilla, -puede que hubiera alguna excepción entre ellos- en la que Manzanares obtuvo cuatro orejas y salió a hombros por la famosa Puerta del Príncipe.

A todo ese acontecer se le puede llamar milagro, si bien parece que podría dejar de llamarse así de tanto serlo. Milagro se llamaba cuando Curro Romero estallaba la plaza en colores y en aromas y eso solo sucedía de vez en cuando. Se acudía a la plaza esperando ese milagro y sucedía pocas veces, pero cuando sucedía…

Ahora se torna previsible. Basta con anunciar determinado torero, determinadas ganaderías, y todo se puede hacer realidad con la bendita, ya que no saludable, ayuda de un público enfervorizado y dispuesto a que suceda a toda costa, pase lo que pase.

Para mi el ‘milagro’ es que se pueda autorizar un encierro anovillado, con algunos pitones sospechosos, impropio de una plaza a la que se la considera de primerísima categoría.

Para mi ‘milagro’ es que esos toros anovillados, sin casta ni emoción alguna, se les pueda considerar aptos para encumbrar y dejar patente el supuesto poderío de un torero.

Para mi ‘milagro’ es que se contemplen lances de capote y pases de muleta con la pierna retrasada, eso sí con armonía en el juego de los brazos, y eso suponga algo excelso en el toreo. Las piernas, más allá de los brazos, son la columna que sustenta el toreo auténtico.

Para mi es un ‘milagro’ que se permita al torero introducir chicuelinas en los lances de recibo, toreo accesorio, y que éstas se conviertan en lo sustancial del toreo de capote como para arrebatar al público.

Para mi es un ‘milagro’ que ese público venga ya arrebatado de casa y no repare en nada durante el festejo, dejando de lado aspectos como los ya enumerados.

Para mi es un ‘milagro’ que el ‘toreo de salón a un carretón’ sea la antesala de la Puerta del Príncipe, sustanciándole como el elemento principal de la fiesta, cuando ha de ser el toro, su casta, su fuerza, su dificultad, las que han de permitir que el torero las pueda y domeñe para dar valor e importancia a su labor torera. Si después es elegante ese quehacer, será el aditamento, el añadido a lo fundamental.

En definitiva, es un ‘milagro’ que una representación menor por la presencia y potencia del oponente y las formas almibaradas aplicadas a tanta dulzura, adquiera tintes de hazaña o proeza y ese público lo eleve a la máxima categoría.

Un ‘milagro’ es obtener cuatro orejas en una plaza de primera por haber sabido acompañar elegantemente las dulces embestidas o las bondades de dos supuestos enemigos. Queda, entonces, elevada a la categoría de milagro lo que empieza a ser de rutina o cotidiano.

Sin embargo, si es un milagro cierto el tener un matador de toros extraordinario a la hora de ejecutar la suerte. Esas ejecuciones, esos momentos, si adquieren plena emoción al aportarla gallardamente su intérprete. En estos tiempos que corren es su mayor y mejor contribución.

Un milagro es que se pueda sustentar la fiesta con tan poquita emoción y tanta dulzura.

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