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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 29 de abril de 2012

David Mora y el toreo verdad / Por Gastón Ramírez Cuevas



"... ¡Ahí queda eso! Una de las mejores faenas del serial sevillano ..."

David Mora y el toreo verdad

Por Gastón Ramírez Cuevas

Sevilla,28/04/2012.-Cuando de la corrida no se esperaba ya nada porque los toros de El Pilar y Moisés Fraile estaban fracasando por la debilidad, vino el quinto de la tarde, “Vilanero”, y resultó ser ese garbanzo de a libra en la ganadería actual: un toro relativamente fuerte, bravo y codicioso. Afortunadamente “Vilanero” cayó en manos de David Mora, un torero realmente admirable que sí conoce el significado de la palabra honra, que sí sabe lo que es el pundonor, y que además torea con mucha clase y verdad.

El madrileño quitó por chicuelinas muy ajustadas, rematadas con dos medias y se llevó la primera ovación de la tarde. Inició la faena de muleta doblándose con el astado, con un muletazo de la firma y el de pecho. Los derechazos largos y templados mostraron que el trasteo podía resultar memorable.

Mejores fueron las dos primeras tandas de naturales mandones, elegantes y sobrios, con David Mora en el sitio exacto, corriendo la mano y rematando el muletazo detrás de la cadera. Al inicio de la tercera tanda con la zurda, el cornúpeto le levantó los pies de la arena por no enmendar en el segundo pase. Sin verse la ropa, Mora volvió a la cara del toro y le pegó una tanda de derechazos inmejorables, enormes.
El cornúpeta pidió la muerte y David le preparó con ayudados por bajo y trincherazos. La estocada entera no fue todo lo fulminante que el coleta hubiese deseado y por eso el premio se redujo a una sola oreja. ¡Ahí queda eso! Una de las mejores faenas del serial sevillano

Un triunfo nada sorprendente pues ya en el tercero del festejo, Mora nos había regalado instantes de gran pureza y calidad ante un castañito noble como él solo y terriblemente inválido.
Los otros dos de la terna fueron El Cid y Daniel Luque. Del Cid podemos decir que aburrió a su primer toro a trapazos velocísimos, y ¡ojo!, ese animal tenía dentro treinta embestidas con transmisión. Ya en el cuarto de la tarde Manuel Jesús naufragó en un pantano de tedio, sopor y aburrimiento.

Así pasó por la feria El Cid, inadvertido, a la baja, un poco patético, como todos los que torearon tres tardes, incluyendo o no el Domingo de Resurrección.

Daniel Luque estuvo bien en el segundo de la corrida, exponiendo y toreando con seriedad a un bicho muy incierto y con peligro. Pero lo mató como acostumbra, fatal. Lo trágico para el torero de Gerena vendría en el sexto, un cornúpeto noble hasta la médula, repetidor, y que aguantó mil seiscientos quince muletazos: ¡el toro de la ilusión postmoderna! Claro que hubo buenos momentos, tanto en los adornos como en el toreo fundamental, pero éstos fueron mucho menos de la mitad de toda la faena, es decir, poca cosa.

Luque se enteró muy tarde de que el bicho tenía un gran pitón izquierdo, y ya es decir, porque se dejaba torear de maravilla al derechazo. Le pitaron un aviso antes de tirarse a matar y otro después.
Este muchacho está muy mal con la toledana y con la corta, algo que debe remediar rápidamente. Si Luque ejecutara la suerte suprema con cierta verdad, para conseguir meterle a los toros espadazos en los riñones tendría que tener un brazo de casi dos metros de largo. Está claro que lo que hace es vaciar de lo lindo y estoquear a la media vuelta. Y para descabellar a un toro es preciso que éste descubra, que no esté engatillado, que humille. Además, es menester que el matador se arrime y tire el golpe en corto y perpendicularmente, cosas que no está en la tauromaquia de Daniel.

En resumen, hablando de El Cid y de Luque, podemos decir que puede haber cierta nobleza en el fracaso, pero jamás habrá gloria en la ineptitud. En cambio, David Mora fue un dignísimo ejemplo de integridad y elegancia toreras. ¿Por qué? Porque hizo el toreo clásico, conoce el oficio y es un artista valiente.
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