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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 16 de abril de 2012

EL MADRID TAURINO Y RAMIRO GUARDIOLA / Por Pilar Guardiola Flores




EL MADRID TAURINO Y RAMIRO GUARDIOLA

Pilar Guardiola Flores 
Presidente del “Ateneo Taurino”

Madrid 16 de Abril de 2012.-En primer lugar, quiero agradecerle la publicación, en su revista, del entrañable artículo que sobre mi padre ha escrito nuestro común amigo Don Fernando Claramúnt 

Hay momentos en la vida de las personas en dónde la pérdida de un ser querido transforma en recuerdo todo lo que aparece ante sus ojos.

Mis paseos por el “Madrid de los Toreros”, los recuerdo hoy aferrada a la mano de mi padre que guiaba los inseguros pasos de una niña de cinco o seis años. 

Como en todo ritual, el comienzo lo hacíamos callejeando por ese Madrid taurino que, serpenteante entre las calles Sevilla y Príncipe, comenzaba su descenso en la Carrera de San Jerónimo para finalizar en la Cava Baja, dentro de la taberna “Las Cuevas de Luis Candelas”, en dónde, mi padre, saludaba al matador Don Félix Colomo, al que le unía gran amistad.

Aquel Madrid bullicioso de las taquillas y carteles que se ubicada en los aledaños de la calle Sevilla, servía de prolegómeno a la fiesta que horas más tarde se iniciaba en las Ventas del Espíritu Santo. 

Teníamos parada obligada en el famoso “Cubasol”, cafetería de arte en dónde podías encontrarte con el afamado matador de turno que con respetuoso afecto saludaba a mi padre con un apretón de manos, para posteriormente hacerme un gracioso besamanos.

Eran tiempos en los que la fiesta no significaba “la destrucción infantil de la sensibilidad”, y gracias a ello, podía asistir a las Ventas y contemplar la explosión de arte y colorido que es la fiesta del toro.

Aquellos instantes, aquellas tardes de toros, prendieron en mí la llama de una afición que paseo con orgullo y dignidad allá por dónde me encuentre.

Las tertulias en el Hotel Victoria, las recuerdo insistentemente con la cercanía de todas las cosas que queremos no nos robe el olvido.

Mi padre se inició con Domingo Ortega. Así lo confirman las fotos que como en un altar tengo junto a su capote de paseo. La descripción de su vida como torero queda para mí ,entre el orgullo y las estupendas críticas de las revistas de la época. Sus escasos y acertados comentarios en la Grada del 9 ( grada de arte) los recuerdo ,en los cambios de impresiones que mantenía con sus amigos Domingo Ortega ( el gran maestro), y su hermano Luis, sobre la lidia que acababan de contemplar.

La muerte quiso arrebatármelo, pero el recuerdo de la bondad, del amor profundo hacia su familia y amigos, permanece vivo, en ese rincón del alma que nadie, incluso la muerte, puede atravesar.

Descanse en Paz un torero, un buen padre, y sobre todo una gran persona.
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RAMIRO GUARDIOLA