la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 15 de abril de 2012

TÓRTOLA, DOMINGUÍN Y LA MUERTE / Aquilino Sánchez Nodal



Andrés del Campo "Dominiguín"

TÓRTOLA, DOMINGUÍN Y LA MUERTE 

Aquilino Sánchez Nodal
Madrid, 15 de Abril de 2012.-
Eran tiempos de damas con faldas largas y caballeros de etiqueta rigurosa. Madrid resplandecía de arte y toros. Una diva de la danza traía al retortero la flor y nata de la intelectualidad y la aristocracia, convertidos en rendidos admiradores de su belleza, su personalidad y su baile, Tórtola Valencia. Todas las noches, la puerta de su camerino se parecía al mostrador de una churrería en busca de buñuelos y chocolate en madrugada de invierno. Allí se encontraban literatos, músicos, pintores, dramaturgos, malabaristas y buscavidas y algún pro hombre de la política. Chicharro, Zuloaga, Baroja, Romero de Torres, Penagos o Anglada Camarasa charlaban mientras aguardaban la invitación de la estrella que triunfaba noche tras noche en el Teatro Romea. Madrid era candileja perpétua. En el Real actuaban Anselmi y Titta Rufo. El Español, a lleno diario. Todas las funciones con el cartel de, "no hay billetes" en el Princesa, con María Guerrero de primera actriz. En los toros un gitano de Sevilla brillaba en todo lo alto, José Gómez "Joselito" y sonaba a clamor las maneras de un novillero de Triana, Juan Belmonte. Se anunciaba la aurora del dominio sevillano en el toreo. 

Aquel año, 1.913, la temporada taurina comenzó my temprano en Madrid. La empresa programó el primer festejo, una novillada, en el mes de Febrero. La genial artista accedió asistir a la corrida ante la insistencia de un plumilla taurino de su "corte particular". Tórtola estaba feliz, era la primera vez que asistía de espectadora a una corrida de toros. Como era habitual no iría sola, todo el enjambre de admiradores la acompañaban en su localidad de barrera. Poco tiempo permanecerían en la plaza. 

El primer novillo de la tarde, al intentar pararlo el espada de turno, Andrés del Campo "Dominguín" fue empitonado brutalmente causándole la muerte prácticamente en el acto. La cornada le prendió en el bajo vientre desparramando la sangre en la arena. En la cara del torero apareció la mueca de la parca al instante. Ni que decir que toda la comitiva circense salió en estampida para abandonar la plaza. Tórtola, cuando la pena pudo superar al pánico, quiso expresar su condolencia a la familia del infortunado. Aquella noche acudió a casa del torero en el barrio de Lavapies. El desfile era constante de personas del toro, compañeros y familiares ante la Capilla Ardiente. Tórtola no podía contener las lágrimas y lloraba amargamente la muerte del héroe. Al regreso al hotel se encerró en su habitación sin pasar por el Levante, en la calle Arenal, en donde cenaba cada noche. 

La mañana siguiente, atendiendo su llamada pasé por el hotel. 

- Quiero que hablemos del torero que vimos ayer - me dijo después de saludarnos. 

- Se llamaba Andrés. Cuando tenía 13 años, su hermano mayor, que tenía 13 más que él, llamado Domingo. fue también muerto en Barcelona por un toro de Miura, en 1.900, 13 años antes de la muerte de este, de Andrés, al darle el primer capotazo. 

- ¡Lo mismo que este! - inquirió con asombro. 

- Si, lo mismo. Y los dos fallecieron con 26 años de edad con un intervalo de 13 años. 

- ¡Trece años! - murmuró Tórtola impresionada - Trece años --- y precisamente en el año 13 del Siglo. - y se quedó absorta. 

- Si quiere asistir al funeral del torero me ofrezco a acompañarla. Se oficiará el día 13 de Febrero. 

Tórtola Valencia no asistió al funeral de Andrés del Campo "Dominguín" el día 13 de Febrero de 1.913. 

Otro 13 de Febrero, de 1.955, fallecía la popular bailarina. 

Estas circunstancias no son producidas por macabros augurios supersticiosos, simplemente casualidades que podrían haber sido escritas por un literato borracho.