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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 22 de abril de 2012

Despedida con sabor a simulacro / Por Juan Manuel Pérez Alarcón

José Pedro Prados "El Fundi"

"...La corrida de Garcigrande descastada, sin clase alguna, fea de presentación, y muy desigual, que dice muy poco de la Autoridad en la plaza de Sevilla. Esta corrida por su presentación ni debió lidiarse en Sevilla..."

Despedida con sabor a simulacro

Por Juan Manuel Pérez Alarcón 

Sevilla, 22/0472012.-Después de ver el idilio que la ciudad de Sevilla mantiene con Manzanares costaba acudir a la plaza de Sevilla para ver otro cartel con ambiente, sencillamente porque creer que después de lo de ayer remontar la feria era cuestión de fe. Y la fe con la corrida de Garcigrande se ha perdido. Corrida descastada, sin clase alguna, fea de presentación, y muy desigual, que dice muy poco de la Autoridad en la plaza de Sevilla. Esta corrida por su presentación ni debió lidiarse en Sevilla.

Y fijensé que contradicción, "El Fundi", que toda la vida se ha visto matando corridas duras, y de hechuras imponentes, se despide en Sevilla con una corrida impresentable de presentación. Un verdadero simulacro de corrida de toros lo que se ha visto esta tarde en Sevilla, y en se simulacro se despide un torero. para echarse a llorar.

La afición de Sevilla sacó a saludar antes de que saliera el primer toro a José Pedro Prados "El Fundi", que se despedía de la afición de Sevilla. "El Fundi" pechó con un toro que se dejó lidiar con el capote, pero que lo hacia sin transmisión deseada. Por lo poco que se picó a el toro podemos decir que la suerte de varas no existió. Brindó al público, y las primeras tandas del torero madrileño no terminaron de calar en el público. Además el toro ante la escasez de fuerzas se defendía echando la cara alta lo que dificultaba la disposición del torero. Series sueltas por ámbos pitones, que a base de ligazón y decisión los aplausos se fueron para reconocer la lidia que le practicó "El Fundi".

Con el cuarto de la tarde, otro toro que bajó en presentación, y de hechuras de novillo, lo cuajó de salida con lances de recibo muy templados, muy ajustados y con tres medias de mucho gusto. Luego vinieron las chicuelinas al paso, y una lidia muy ordenada del torero de Fuenlabrada. Por eso se animó Morante de la Puebla para hacer el quite del perdón, con tres verónicas y una media de ensueño. Si el toro sirvió algo en la muleta es porque se picó muy poco, y el diestro madrileño tuvo el mérito de alargar las sosas embestidas del animal, y lo más destacado del trasteo fueron dos series de naturales que tuvieron empaque y profundidad, y con la polémica por la injusta notoriedad de la banda de música del Maestro Tejera que tocó a destiempo y que "El Fundi" mandó a callar cuando más centrado estaba con el toro para evitar los pitidos del público. Tras un pinchazo mató de una gran estocada, que le sirvió para que la gente le pidiese sin fuerza una oreja. Justa recompensa la de dar una vuelta al ruedo para despedirse de la afición de Sevilla. 
Morante de la Puebla tuvo un primer toro soso y sin el fondo para embestir, bajo de hechuras, y que apenas le dejo estirarse con el capote. Dejó alguna pincelada del aroma artista que lleva dentro, pero a este diestro no le atrae la fortuna en los sorteos. Tiró por la calle de enmedio ante el escaso lucimiento del animal.

Con el quinto de la tarde, un toro abanto de salida que no le permitio lucirse con el capote. En varas manseó y se le pegó fuerte. En la muleta llegó el toro sin clase y raza alguna, y dejó detalles en algún muletazo suelto, pero sin tener la continuidad deseada.

Sebastian Castellá sorteó un primero toro, con cara de novillo, y muy justito de presentación. El toro no se ajustaba en los capotes, y le propino una voltereta sin consecuencias al subalterno Javier Ambel, que le apretó en banderillas. Con la muleta el público vibró con el incio de estatuarios muy firmes de Castella. Luego le siguieron las series por la derecha que bajaron de intensidad en la misma proporción que la vulgaridad y frialdad de Castellá, que aumentó cuando el francés se puso algo pesadito delante del soso toro de Garcigrande. 
Con el último de la tarde Castellá dejó para el recuerdo un quite por chicuelinas rematada con una media de bella plasticidad. El toro desarrolló genió en la muleta, y el francés, con esa frialdad que le caracteriza, tiró de ofició y tesón para pegar muletazos a diestro y siniestro sin mayor convencimiento de poder sacar algo provechoso.
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