la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 25 de mayo de 2013

Décimocuarta. La de Victoriano. Una gran victoria del antitaurinismo en plena Fiesta del PETA / Por José Ramón Márquez


Tacones altos

Hoy Las Ventas ha vuelto a engalanarse para ser con todo merecimiento la que tan adecuadamente bautizó Florencio Iraberri como «La primera Plaza de Pueblo del Mundo». Con la connivencia de la llamada autoridad, de la empresa y del elenco veterinario, se ha procedido a encumbrar a Gallito de Taurodeltaque no tuvo recursos ni redaños para darle un solo pase a alguno de los seis victorinos del otro día, por lo que le ha hecho a un borrego rabiosete y saltarín. 

José Ramón Márquez

 Lo que hace una letra, una simple letra, la primera del alfabeto, laalf de los fenicios, que significa «el buey», pues la letra representa la cabeza y los dos cuernos de ese animal;  y de ahí la alfa llevada a Beocia por Cadmo;  el alif de los árabes y los persas, representado por un palote; el alef de los hebreos y, a su lado, el aleph místico de Borges, ese punto en el que convergen todos los puntos del Universo; la A del querido ABC.

Una sola letra que lo cambia todo. Que le pregunten a Talavante lo que es pasar de los Victorinos a losVictorianos, la paz interior que da la letra que sirve para representar el primer vagido del ser humano, la primera vocalización de que el hombre es capaz cuando apenas es un recién nacido. Una simple A que traza la diferencia sustancial entre el toro y la tora, entre  el bicho que provoca respeto y el que provoca la risa o la compasión.

Hoy Las Ventas ha vuelto a engalanarse para ser con todo merecimiento la que tan adecuadamente bautizó Florencio Iraberri como «La primera Plaza de Pueblo del Mundo». Con la connivencia de la llamada autoridad, de la empresa y del elenco veterinario, se ha procedido a encumbrar a Gallito de Taurodelta, que no tuvo recursos ni redaños para darle un solo pase a alguno de los seis victorinos del otro día, por lo que le ha hecho a un borrego rabiosete y saltarín. Hoy, con la connivencia de la llamada autoridad, de la empresa y del elenco veterinario se ha dado el mismo galardón que obtuvo César Rincón con el imborrable Bastonito a un tío vestido de espumillón, avalado por el que más manda actualmente en el mundo del toro, que no fue capaz de dar un solo pase que medio se ajustase al canon de la tauromaquia y que ha desparramado por la arena de Las Ventas una colección de pases sin ton ni son dados a un pobre becerrete corretón e imbécil que no tenía ni media leche.

Así son las cosas. Los toreros en sazón, los que tenían que estar comiéndose el mundo, se vienen a Las Ventas como damiselas temerosas a devanar su tauromaquia de ida y vuelta a costa de unos pobres animalejos. Los animalejos los ponía la sociedad Medianillos Ganadera S.L., y a fe que hicieron honor al nombre por lo medianejos que eran. Y cómo sería la cosa de lo atado y  bien atado que tenían el asunto por la parte de los mal llamados toros que hasta el primer sobrero, por primera vez en lo que llevamos de Feria, era de los mismos de la ganadería titular, que ni Simón Casas, ni Toño Matilla, ni los Choperón father & Son querían arriesgarse a que hubiese una sorpresa y fuese a salir del presidio de Florito algo que no fuese exactamente lo que debía salir. Y lo que salió pues fue lo que se podía esperar de Medianillos Ganadera S.L. el tontibobo que se queda medio parado como alelado, como que le ha dado un alipori, o el bobitonto que va de acá para allá sin otro oficio que el de ir y venir, porque en estas ganaderías el toro de lidia, queda reducido sólo a esas dos categorías.

Los matadores que se anunciaron hoy con las fieras de Medianillos fueron Sebastian CastellaManzanares III y Alejandro Talavante. Todo el poder de las grandes casas de management taurino estaba hoy en Las Ventas, o sea que la cosa no era como para andarse con tonterías. Hace más o menos un siglo por ahora les censuraban a los gallos, Rafael y José, el hecho de que su representante fuese el mismo que el de Plaza de Madrid, pues ambos cargos «para toreros de dignidad son incompatibles» ¿Que pensarían aquellos si viesen estos trust que hay en nuestros días en los que un avispado emprendedor tiene detrás una troupe de ganaderías, plazas, toreros, novilleros, plumíferos, audiovisuales y hasta un psiquiatra por si al torerito le da la pájara?

En el primero Castella se nos quedó inédito, pues el animal se lastimó la manita izquierda o tuvo un problema de abductores o qué se yo, el caso es que cojeaba ostensiblemente y fue enviado a la jurisdicción de Pedro Botero en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco. En su segundo pretendió hacer lo mismo que había llevado al triunfo a sus compañeros, pero la sosería del bicho no le permitió llegar al nirvana de las carrerillas, paradigma del neotoreo.

El segundo de la tarde se llevaba setenta y cuatro kilos -peso venteño- con el primero. Seis arrobas y media menos, para entendernos. Ése era el hermanito negro del corderito que lava las prendas finas. En seguida se vio clarísimo que Manzanares III, vestido horriblemente con un espumillón en plan navideño y unos bordados espantosos, se relamía al comprobar la esmerada imbecilidad del bicharraco y en pensar en la tundidera de pases que le iba a meter. Y así fue. El bicho era una máquina de embestir y el torero una máquina de dar pases de acá para allá. De toreo, nada. Todo acompañamiento y mucho sentimiento en los adornos, que fueron vitoreados con unción por las buenas gentes como si en esos fuegos de artificio anidase el secreto del toreo. Faena cien por cien moderna desde el odioso cite por fuera, el deleznable pico de la muleta al ojo contrario, el recorridillo despegadete, el retraso de la pierna que hay que adelantar y vuelta a empezar. Y tras eso el adorneo. Como el memo del torete no se cansaba de embestir y de corretear, aquello ganaba en intensidad. Cuando Manzanares consideró que ya había trotado el bicho lo suficiente se fue a por su espada de Carbono 14, igualó al borrego en la suerte de dentro afuera, en la que decían nuestros abuelos que «el toro se mata solo», suerte que era un antiguo recurso para matar a los toros muy quedados, y ahí le pegó una estocada muy trasera recibiendo. Esto pasó en el 10 y luego el animalejo y la fúnebre compaña procesionaron por el 1, el 2, el 3, el 4, el 5, el 6 y finalmente, al cabo de un rato, el bicho entregó su alma al Creador en el 7.
El tercero era un manso de libro. No quería capotes y no quería caballo. Cuando sintió el acero en la espalda salió de naja y no había quien le convenciese de que se arrimase a los pencos guateados. Manolo for President en su leal saber y entender estimó que, aunque el animal no estaba picado en absoluto, no era cosa de sacar el pañuelo rojo de las banderillas negras, acaso por no ofender a los Medianillos Ganadera S.L., y cambió el tercio con el pañuelico blanco, que es el que a él parece que le gusta. Y allí llegó sin ton ni son Alejandro Talavante, que venía de su particular Rocroi con victorinos, dispuesto, como ahora dicen, a reinventarse. Se fue el hombre a las querencias de la solanera y allí se puso a explicar las razones que el otro día no pudo con los de la A y la corona encima. Principió con el Celeste Imperio y el cobardón del torillo, viendo que ni se le obligaba ni se le forzaba ni se le incomodaba se dedicó perrunamente a perseguir la muleta trota que trota para contento y algazara del público. El bichejo, sin picar, ponía en sus carreras un punto de violencia que echaba al gazpacho de Talavante la sal que no tenía y como el extremeño empalmaba unos pases con otros y el animal corría que se las pelaba la cosa iba a más hasta llegar al paroxismo que terminó con Talavante a hombros por la Puerta Grande. Y menos mal que lo dejamos aquí por escrito, porque mañana ya no recordaremos nada de todo eso.
La clave de la corrida está, sin embargo, en el quinto y en el sexto, porque esos dos Medianillos ya no eran tan extremadamente bobos, y ya había que torear un poquito más, consentir, tragar. No estamos hablando de Manili con el Miura, pero ahí no había un memo corriendo de acá para allá y, como es natural, ni Manzanares ni Talavante estaban para esos ruidos, porque ni practican, ni maldita falta que les hace, la lidia, la vieja lidia, ya que lo suyo es el amaestramiento, el provocar las carreras de unos bichejos que están deseando echarse a correr y el fútil adorno.

Lo suyo es el toreo de excitación de ese lado femenino que dicen que todo el mudo tiene, y a fe que hoy lo consiguieron.


*** Los líderes del Movimiento Antitaurino
 están en la Plaza de Madrid