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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 18 de mayo de 2013

Lo de Talavante no es una encerrona / Por Ricardo Díaz-Manresa




"...Por mucho que insistan en utilizarlo mal, encerrona nunca significa una corrida de único espada. Encerrona es una cosa malísima que le puede ocurrir a un ser humano y que es desconocida, imprevista, desagradable.
Matar seis toros un torero es corrida de único espada..."
  • “...No seamos contumaces y no digamos encerrona sino cuando, por ejemplo, nos lleven a presenciar una corrida con toros sin presencia, fuerza ni casta. Eso sí que es una encerrona”..."
(Paco Delgado)

Lo de Talavante no es una encerrona

Ricardo Díaz-Manresa
Hoy es el día. Talavante se encierra con seis toros en Madrid. Único espada. La capital hierve. Mucho mérito para Alejandro. La primera del mundo a punto. Talavante se convierte por un día en figura heroica sin hacerle falta. Es en Madrid, en pleno San Isidro. Vaya valor. Y es con victorinos con lo que riza el rizo de la epopeya. Esto es tener un gesto y esto es prestigiar y promocionar el toreo. Una llamada de atención para los demás que están en su casa defendiendo lo del arte y la cultura como papagayos –otros escondidos como quien saben- y no en el ruedo con capote, banderillas, muleta y espada.

Y papagayos hemos tenido, tendremos hoy y mucho más mañana hablando de “Talavante y su encerrona”. Que no, no, no y no. No es encerrona. Ya he repetido mil veces lo que significa esta palabra en el idioma español y, si no lo saben, que se vayan al diccionario de la Real Academia.

Y como papagayos lo repetirán hoy, y los días antes y después de la corrida de único espada de Castella en Beziers y la de –no digamos- Morante allá para septiembre en la de Ronda, vestido de goyesco, después de hacer las paces con el empresario Fran o Rivera Ordóñez o Paquirri (II claro, que así se le ha ido conociendo a lo largo del tiempo). El artista de la Puebla criticó con dureza la Medalla de las Bellas Artes que le habían otorgado y se negó a un minuto de silencio en el aniversario de la muerte de Paquirri, el verdadero (como dice Ansón cuando se refiere a su ABC).

Encerronas no. Ni los acontecimientos de la pasada feria de Sevilla de Manzanares y Diego Ventura. No. Ninguna. Nin-gu-na.

Papagayos que oyen alguna estupidez y lo repiten sin pensar. ¿Dónde va Vicente?, donde va la gente. Y, en lo increíble, al carro de analfabetos de la Logse y de la moda tonta, se han sumado el catedrático Amorós (¿catedrático y no sabe su significado? lo que faltaba), Carlos Herrera –el de los leuros y otras lindezas lingüísticas- y el locutor del bigote. ¡Buscad su significado en el diccionario!.

Llevo años luchando contra la utilización contraria del palabro y, como ven, mi “éxito” es más rotundo cada día. Todos los periódicos –los digitales especializados no digamos- no lo utilizan más y peor porque no pueden. Que encerrona es lo inesperado y muy negativo. La putada en toda regla es lo que se entiende por encerrona. Situación negativa, inesperada e imprevista contra la voluntad del puteado.

Esa gran persona, trabajador infatigable y modelo de informadores que es Paco Delgado ha puesto también los puntos sobre las íes y se suma a la lucha para acabar con el palabro utilizado como sinónimo de corrida de único espada. Menos mal. Espero que a él le hagan más caso del que me han hecho a mí (ninguno). Pero llevo tiempo así y seguiré. Así que Paco desterremos las encerronas y que sufran las verdaderas estos tontos. Mejor no.

A alguno de ellos se les ocurrió esa definición idiota de “antigüas pesetas” sin molestarse por encontrar las nuevas (que no existen). Solamente son pesetas, la anterior moneda legal. Pues lo dice hasta el potito. Plaga de papagayos.

Otro descubrió lo de hermanos y hermanas, cuando hermanos es plural genérico que engloba a todos, y ya ven…Hasta en la sopa. Se lo oí por primera vez a un político socialista de lo más mediocre…Quería democratizar, igualar los dos sexos. Y como tienen que decir uno de los dos antes –imposible decir hermanas y hermanos a la vez- pues siempre queda uno por detrás. Nunca iguales. En fin, las imbecilidades de la moda loca.

Y seguirán –ya lo creo- repitiendo encerronas. El artículo de Paco Delgado, del pasado 19 de abril, con el título “La encerrona de encerrona” terminaba de esta manera magistral: “No seamos contumaces y no digamos encerrona sino cuando, por ejemplo, nos lleven a presenciar una corrida con toros sin presencia, fuerza ni casta. Eso sí que es una encerrona”.

Le pido a Dios, querido Paco, que a ninguno de estos encerroneros de las encerronas, los castigue en su vida con una encerrona de verdad. Qué mal lo iban a pasar.
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