la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 22 de mayo de 2013

“Pepe Luis Vázquez, un maestro inmortal” / Por Rafael Dupouy Gómez


Pepe Luis Vázquez. (Foto: Chapresto)

La tauromaquia está de luto. Uno de sus máximos exponentes se ha marchado para siempre. ¡Llora San Bernardo! ¡Llora Sevilla entera! ¡Llora España y América! 

Ha muerto una de las más grandes figuras del toreo, pero su gloria en los ruedos siempre será inmortal.

Rafael Dupouy Gómez .- Caracas-Venezuela.-
El pasado domingo, 19 de mayo de 2013, falleció en su Sevilla natal a los 91 años de edad, un genio, un artista indiscutible que marcó historia en el mundo del toreo. Me refiero a Pepe Luis Vázquez Garcés, el decano de los matadores de toros, llamado el “Sócrates del toreo” por su inmensa sabiduría y técnica aplicada en la lidia de sus enemigos, convirtiéndose en un auténtico prodigio sevillano, miembro de una importante dinastía torera. 

Nació el 21 de diciembre de 1921, en el barrio de San Bernardo (Sevilla). Hijo de Concepción Garcés García y del novillero José Vázquez Roldán, capataz del Matadero Municipal, quien logró transmitir sus conocimientos y afición al joven Pepe Luis y sus hermanos, también toreros, sobresaliendo, Manolo Vázquez. Posteriormente, un hijo suyo, con el mismo nombre de su padre Pepe Luis Vázquez, heredaría la pureza de su arte y estilo destacándose como un buen matador de toros.

Los toreros que más le inspiraron para convertirse en matador de toros fueron Juan Belmonte y Manuel Jiménez “Chicuelo”. Se vistió de luces por primera vez en Algeciras, el 18 de julio de 1937, en compañía de Antonio Bienvenida, lidiando becerros de Gallardo. El 5 de junio de 1938, debutó con picadores en Sevilla con “Manolete” y Manolo Calderón, toreando, nuevamente, reses de Gallardo. 

Como novillero, en la Maestranza de Sevilla alcanzó triunfos extraordinarios en 1938. En siete novilladas, cortó nueve orejas, tres rabos y dos patas. Ese mismo año, se dieron a conocer las virtudes de dos grandes toreros que iniciarían una nueva época del toreo: Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” y Pepe Luis Vázquez.

En Madrid debutó el 13 de julio de 1939, lidiando novillos de Domingo Ortega, junto a Mariano García y Félix Almagro, quien recibió esa tarde una gravísima cornada que le causó la muerte, después de ser ingresado en la enfermería.

Con gran expectación y un lleno hasta la bandera, tomó la alternativa en Sevilla, el 15 de agosto de 1940, siendo su padrino Pepe Bienvenida, que le cedió el toro “Sabihondo”, de don Francisco Chica (antes de Braganza), actuando como testigo Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”. Pepe Luis, recibió una fuerte ovación dando una vuelta al ruedo en el toro de su alternativa. En su segundo enemigo, estuvo en torero, valiente y dispuesto. El público lo despidió con una fuerte ovación, dando la vuelta al ruedo, obligando a Pepe Luis a salir al tercio para agradecer la calurosa aclamación.

El 29 de septiembre de 1940, en la Feria de San Miguel, fue su primer gran triunfo en la Maestranza de Sevilla como matador de toros, al cortar dos orejas ante la ganadería de Enriqueta de la Cova. Pepe Luis toreó esa tarde con Luis Fuentes Bejarano y Pepe Bienvenida. Al sexto toro, el “Sócrates de San Bernardo”, le realizó una faena variada y muy completa que culminó con una colosal estocada. 

Confirmó la alternativa en Madrid, el 20 de octubre de 1940, actuando como padrino Marcial Lalanda y como testigo Rafael Ortega “Gallito”. Marcial, le cedió el toro “Carmoneño”, de Bernardo Escudero. La corrida fue suspendida por lluvia en el tercer toro.

Encabezó el escalafón de toreros con más actuaciones los años de 1941 (68 corridas) y en 1942 (83 corridas).

El 18 de octubre de 1942, en la Plaza de Las Ventas de Madrid, cortó dos orejas a su primer toro de la ganadería de Antonio Pérez de San Fernando, en la despedida de Marcial Lalanda, quien cortó tres orejas esa tarde. Ambos toreros salieron por la Puerta Grande a hombros de la multitud. El tercer espada, Juan Mari Pérez-Tabernero, resultó herido y no pudo matar a ninguno de sus enemigos ese día.

El 25 de julio de 1943, toreando en Santander (España), recibió una gravísima cornada en la cara que le propinó un toro de la ganadería de Escobar, mientras se encontraba en la arena, después de perder el equilibrio cuando realizaba un quite. La cornada le afectó, dejándole secuelas en la mejilla, la nariz y la ceja.

La Duquesa de Alba, en sus años mozos, se enamoró de Pepe Luis Vázquez. Doña Cayetana, como apasionada aficionada de la Fiesta Brava, siempre acudió a verle torear. De su profunda admiración por el diestro sevillano nació su primer amor de juventud. Con el paso de los años se hicieron grandes amigos de toda la vida y se guardaron siempre mucho cariño y respeto. 

En las temporadas de 1944 y 1945 actuó en México, alcanzando resonantes triunfos como el acontecido en la tarde del 17 de febrero de 1945, cuando le cortó las orejas y rabo a un toro de “Coaxamalucan”, en la Plaza de El Toreo, alternado esa tarde con Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” y el mexicano Luis Procuna.

El 25 de abril de 1948, en la Maestranza de Sevilla, estuvo fenomenal Pepe Luis Vázquez, cortándole las dos orejas a un toro bien armado en pitones con temible presencia de la ganadería de Villamarta, en la corrida que celebraba el Primer Centenario de la Feria de Abril. Actuó esa memorable tarde con Antonio Bienvenida, quien estuvo muy torero pero no tuvo suerte con la espada y Luis Miguel Dominguín quien cortó dos orejas.

El 27 de mayo de 1948, en la corrida de la Prensa, volvió a cortar dos orejas en la Maestranza de Sevilla ante toros de la ganadería de Tassara. Actuaron esa tarde Manolo Navarro y Manolo González, quien cortó una oreja a cada uno de sus enemigos.

El 19 de septiembre de 1948, en Valladolid, recibió una cornada en el muslo derecho, de suma gravedad.

El 1 de mayo de 1949, fue una tarde apoteósica para el torero de San Bernardo, cortando cuatro orejas en la Maestranza de Sevilla, ante toros de la ganadería de Tassara. Actuaron esa tarde con Pepe Luis, Manuel Álvarez “Andaluz” y Antonio Bienvenida.

Pepe Luis Vázquez, se convirtió en un torero excepcional de la escuela sevillana, digno sucesor de Rafael Gómez “El Gallo”, José Gómez Ortega “Joselito”, Juan Belmonte, Manolo Bienvenida y Manuel Jiménez “Chicuelo”. Fue apoderado por Marcial Lalanda y ayudó en sus inicios a Diego Puerta.

Se distinguió por su arte, conocimiento y técnica, transmitiendo en su toreo un sentimiento de pureza y gracia profunda sevillana. Compartió cartel muchas tardes con Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”. Inolvidables, soberbias y memorables fueron sus verónicas a pies juntos, su famoso y característico “cartucho de pescao”, sus naturales citando de frente con los pies juntos ligados con el pase de pecho y sus “kikirikíes”.

Según Filiberto Mira, en su libro “Cien Años de Toreo en Sevilla 1900-2000”, toreó en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 52 corridas, 13 novilladas y 11 festivales, para un total de 76 actuaciones. Siendo superado en ese número de presentaciones en el siglo XX por Curro Romero y Manuel Jiménez “Chicuelo”.

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, tuvo amistad y admiró mucho al maestro Pepe Luis Vázquez. Cuando lo recordaba y se refería a él siempre me describía su excepcional manera de interpretar el toreo. Le pudo ver varias tardes y su apreciación sobre el famoso diestro sevillano era la de un torero de gran personalidad y sabiduría. Con el capote era magistral y con la muleta era solemne y portentoso, siempre demostrando con su valor sereno un temple, una seguridad y naturalidad, difícil de igualar. 
Dedicatoria del maestro sevillano Pepe Luis Vázquez a Don Florencio Gómez Núñez. Año 1950. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El testimonio de su aprecio y amistad quedó plasmado en la dedicatoria que le hizo a mi abuelo Florencio, durante su visita a Venezuela. Allí expresó: “Al gran aficionado y estimado amigo Don Florencio Gómez, con un sincero y afectuoso recuerdo. Pepe Luis Vázquez.”

En Venezuela, se presentó Pepe Luis Vázquez, alternando con el mexicano Luis Procuna y el español Antonio Caro en el Nuevo Circo de Caracas, el 21 de enero de 1950. Se lidiaron esa tarde toros de la ganadería de Venecia (doña Clara Sierra) y la temporada fue organizada por el empresario Liberino González, quien confeccionó los carteles combinando toreros españoles y mexicanos.

Uno de los más resonantes triunfos del maestro de San Bernardo, fue en la corrida celebrada en la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas de Madrid, el 17 de mayo de 1951, alternando con los diestros Antonio Bienvenida y Miguel Báez “El Litri”, quien confirmaba su alternativa. Los toros pertenecieron a la ganadería de Don Fermín Bohórquez. Por cojear el cuarto toro, tuvieron que retirarlo y trajeron a un toro sobrero astifino de la ganadería de Castillo de Higares, de nombre “Misionero” que le correspondió a Pepe Luis Vázquez, siendo lidiado estupendamente por el torero de San Bernardo quien recordaba, esa faena, como una de sus mejores realizadas en Madrid. Esa tarde fue triunfal, porque los tres toreros que compusieron el cartel salieron a hombros por la Puerta Grande. 

Pepe Luis Vázquez, se retiró en 1953 y reapareció en 1959, toreando en pocas ocasiones, siendo su despedida definitiva, el 20 de septiembre de ese mismo año en Las Ventas de Madrid, donde vistió de luces por última vez en compañía de su hermano Manolo Vázquez y Curro Romero.

En el año 1998, recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes por su destacada trayectoria como figura del toreo.

En el Romancero Taurino “Los Ángeles hacen palmas…” del poeta español Rafael Duyos, termina su libro con un poema dedicado a Pepe Luis Vázquez, ilustrado con plumillas de Antonio Ferrer, exclamando al final: ¡Los ángeles hacen palmas desde los palcos del cielo!

Rafael Dupouy Gómez ante la estatua del maestro Pepe Luis Vázquez ubicada frente a la Maestranza de Sevilla, España. Año 2011. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La tauromaquia está de luto. Uno de sus máximos exponentes se ha marchado para siempre. ¡Llora San Bernardo! ¡Llora Sevilla entera! ¡Llora España y América! 

Ha muerto una de las más grandes figuras del toreo, pero su gloria en los ruedos siempre será inmortal.

Descanse en paz ¡Maestro!